La crisis mundial de refugiados desencadenada por la guerra en Siria y otros conflictos plantea un gran desafío para los gobiernos de todo el mundo. Sin embargo, tras bambalinas está agravando otro fenómeno mundial menos visible, pero igualmente preocupante: el drástico aumento del matrimonio infantil.
Cuando las familias se encuentran en una situación desesperada a causa de la guerra o de un desastre natural —sin hogar ni ingresos, preocupadas por su seguridad y ante un futuro incierto—, muchas optan por casar a sus hijas, a menudo con hombres mayores. Los padres pueden creer que esta es la única manera de proteger y mantener a estas niñas. Sin embargo, las consecuencias pueden ser devastadoras. Las niñas casadas suelen sufrir violencia doméstica y se enfrentan a una presión abrumadora para tener hijos cuando ellas mismas todavía son niñas. A la mayoría también se le niega la educación, pese a que está demostrado que es una vía para salir de la pobreza.
En interés de sus hijas
Con un 13 % de niñas casadas antes de los 18 años, la Siria de antes de la guerra no era uno de los países más afectados por el matrimonio infantil. Sin embargo, en los campamentos de refugiados sirios de Jordania y el Líbano, las tasas parecen haberse duplicado. En Bangladesh, la amenaza constante de inundaciones y erosión tiene un efecto similar. Las tasas de matrimonio infantil aumentan en las zonas donde las viviendas corren el riesgo de ser arrasadas. Los padres justifican esta práctica diciendo que, si su casa queda destruida, será más difícil encontrar un marido adecuado para sus hijas, así que es mejor casarlas cuanto antes. En Nepal, también hay indicios de que las familias, sumidas en la pobreza tras el terremoto ocurrido a principios de este año, casan cada vez más a sus hijas pequeñas. En la mayoría de estos casos, los padres creen que actúan en interés de sus hijas. En realidad, ocurre justo lo contrario.
Unos 720 millones de mujeres en todo el mundo fueron casadas cuando eran niñas, lo que truncó abruptamente su futuro y sus aspiraciones. Si no actuamos ahora, esa cifra se disparará hasta los 1.200 millones en 2050.
Por supuesto, no todos los matrimonios infantiles son consecuencia de crisis humanitarias o desastres naturales. El matrimonio infantil se da en países, continentes, culturas y religiones de todo el mundo. Muchas niñas son casadas simplemente por una tradición que se remonta a varias generaciones. En muchos casos, también influyen la seguridad de la niña, el honor de la familia y las dificultades económicas.
En última instancia, el matrimonio infantil se debe a la falta de igualdad entre hombres y mujeres. Ocurre porque se considera a las niñas ciudadanas de segunda clase o mercancías que se pueden comprar y vender. Con demasiada frecuencia, se ve a las niñas como una carga, con poco estatus y escasas perspectivas; no se les permite opinar sobre decisiones importantes que afectan a sus vidas, como cuándo casarse o con quién.
Acabar con el matrimonio infantil no solo ayudaría a cerrar la brecha de género, sino que también contribuiría a combatir la pobreza mundial y a mejorar el bienestar de las comunidades, ya que está estrechamente relacionado con la reducción de la mortalidad materna e infantil y con un mayor acceso a la educación.
Un paso en la dirección correcta
Durante demasiado tiempo, el matrimonio infantil fue un tabú y los 15 millones de niñas que se casan cada año permanecieron invisibles. El mes pasado, en Nueva York, los líderes mundiales se comprometieron por primera vez a fijar el objetivo de acabar con el matrimonio infantil para 2030 como parte de los Objetivos Mundiales de Desarrollo Sostenible. Esto supone un reconocimiento significativo del problema y un paso en la dirección correcta. Ahora debemos convertir las ambiciosas promesas en acciones.
Los países donde el matrimonio infantil está muy extendido deben elaborar, aplicar y financiar políticas que realmente lo erradiquen en una generación. Es necesario promover el diálogo y la sensibilización en las comunidades donde el matrimonio infantil es la norma social. Hay que empoderar a las niñas y enseñarles que tienen derechos y opciones reales. Los padres y los líderes locales deben comprender las consecuencias negativas de esta práctica perjudicial para las niñas y para toda su comunidad. Deben crearse alternativas viables y aceptables. Por ejemplo, todas las adolescentes deberían tener acceso a la educación de forma segura, incluidas las que han huido de la guerra y la violencia. Está ampliamente demostrado que las niñas que van a la escuela se casan más tarde. Además, deben establecerse ayudas e incentivos económicos para apoyar a las niñas y familias que renuncian al matrimonio infantil.
Acabar con el matrimonio infantil es un objetivo ambicioso, y el cambio no llegará rápidamente. Pero es posible lograrlo en una generación. Sabemos qué medidas funcionan. Ahora hay que ampliar estas soluciones para llegar a todas las niñas en riesgo. También sabemos que las niñas que se casan después de los 18 años procurarán que sus hijas no se conviertan en niñas casadas. Y, lo que es más importante, sabemos que un mundo sin matrimonio infantil es un mundo en el que todos —niños y niñas, hombres y mujeres— tendremos mejor salud, más educación, mayor prosperidad y más igualdad.
La Cumbre sobre la Agenda Global 2015 se celebra en Abu Dabi del 25 al 27 de octubre
Autora: Mabel van Oranje es la iniciadora y presidenta de Girls Not Brides: la Asociación Mundial para Acabar con el Matrimonio Infantil. También es una Joven Líder Global del WEF de 2005.
Imagen: Una niña refugiada siria está sentada en un autobús en un campamento temporal de registro, el 21 de octubre de 2015. REUTERS/Yannis Behrakis

