Esta entrada apareció originalmente en The World Bank Let’s Talk Development Blog.
¿Se imagina tener que faltar al trabajo cada mes para viajar al centro de la ciudad solo para pagar su factura de electricidad o la cuota escolar de su hijo? ¿No se preocuparía si sus ingresos dependieran de las remesas y no pudiera pagar el alquiler porque estaban retenidas en una red de agentes? ¿Y no le frustraría no tener voz en la forma en que se gasta o invierte su salario?
Tener una cuenta bancaria podría ayudar en todas estas situaciones. Lo más probable es que la mayoría de nosotros tengamos configurados pagos automáticos, de modo que no necesitamos preocuparnos por el pago mensual de las facturas ni por las transferencias de dinero. Pero las comodidades que damos por sentadas están fuera del alcance de los 1.100 millones de mujeres del mundo que no tienen una cuenta. Según el Banco Mundial, la Global Findex database, los hombres de los países en desarrollo tienen 9 puntos porcentuales más probabilidades que las mujeres de tener una cuenta. La brecha es mayor en el sur de Asia, donde solo el 37 por ciento de las mujeres tiene una cuenta, frente al 55 por ciento de los hombres.
Un nuevo informe elaborado para la presidencia turca del G20 por el Grupo de Investigación para el Desarrollo del Banco Mundial, Better than Cash Alliance, Bill & Melinda Gates Foundation y Women’s World Banking muestra cómo los servicios financieros digitales pueden ayudar a las mujeres a tomar el control de su vida económica. El informe también analiza las formas en que los gobiernos, las empresas y los donantes pueden ayudar a garantizar que estos servicios sean accesibles para todos, especialmente para las mujeres.
Las mujeres enfrentan varios obstáculos para tener una cuenta. Algunas piensan que abrirla y mantenerla es demasiado caro, mientras que otras carecen de la documentación necesaria o viven demasiado lejos de la sucursal bancaria más cercana. Pero eso no significa que no necesiten una cuenta. Incluso en ausencia de servicios bancarios formales, las mujeres tienden a ahorrar por medios informales, como un grupo de ahorro comunitario o un agente local. El problema es que estos métodos informales suelen ser inseguros o tener una tasa de interés negativa elevada. Algunas mujeres no tienen más remedio que guardar sus ahorros en efectivo en casa, donde pueden ser hurtados fácilmente por maridos codiciosos u otros familiares.
Los servicios financieros digitales pueden ayudar a las mujeres a afrontar estos desafíos. Ante todo, pueden evitar los costosos viajes a sucursales bancarias lejanas y realizar operaciones desde la comodidad de sus hogares. En el medio rural de Malaui y Nigeria, las mujeres han empezado a usar teléfonos móviles a través de una red de agentes para hacer depósitos y retiros. Consideran que es más barato, más cómodo y más eficiente que usar efectivo. La mayor privacidad y el control que ofrecen los pagos digitales ayudaron a las agricultoras de Níger a fortalecer su autonomía financiera y su poder de negociación en el hogar. Con sus ingresos, pudieron invertir mejor en su negocio, aumentar sus beneficios y conseguir empleo.
Los nuevos servicios financieros también están ayudando a los agricultores a sobrellevar cosechas irregulares que antes habrían supuesto un desastre. En Kenia, un programa de microseguros realiza pagos automáticos a los agricultores cuando hay sequía o lluvias excesivas. Las mujeres que usan M-Pesa, el servicio emblemático de dinero móvil de Kenia, pueden ahora pedir fondos prestados a familiares o amigos mediante un simple mensaje de texto. Algunos proveedores de dinero móvil registran las transacciones móviles para crear un historial crediticio inicial de sus clientes, lo que puede hacerlos aptos para préstamos de mayor cuantía.
No obstante, existen varios desafíos que impiden que las mujeres adopten estos servicios. Unos 1.700 millones de mujeres en países de ingreso bajo y mediano no poseen teléfono móvil. Esto puede deberse a que los teléfonos son demasiado caros o a que las mujeres temen ser acosadas con llamadas y mensajes no deseados. Las normas sociales que desalientan el uso del teléfono por parte de las mujeres también podrían ser un factor. Las mujeres que sí tienen acceso a un teléfono móvil no siempre lo usan para realizar transacciones financieras digitales. Entre las razones se encuentran la falta de confianza en los agentes y operadores; la mala calidad y cobertura de la red; y los bajos niveles de alfabetización técnica y financiera o de confianza en sí mismas.

Fuente: Gallup World Poll, 2014.
Las mujeres de los países en desarrollo también tienen menos probabilidades que los hombres de contar con acceso a Internet en su hogar. En el sur de Asia, por ejemplo, las mujeres tienen la mitad de probabilidades que los hombres de estar en línea. En consecuencia, mientras que el 54 por ciento de los adultos de los países de la OCDE de ingreso alto declara usar Internet para realizar pagos en línea, solo el 10 por ciento de los adultos de economías en desarrollo lo hace.
Además de los problemas de acceso, las mujeres están excluidas del sistema financiero debido a leyes sexistas. Sin embargo, incluso las mujeres que están dispuestas y en condiciones de utilizar servicios financieros suelen tener dificultades para hacerlo, ya que hay escasez de herramientas financieras que realmente respondan a sus necesidades específicas. Los regímenes débiles de protección al consumidor reducen la confianza de las mujeres en las instituciones financieras, ya que, de manera natural, son más reacias al riesgo que los hombres. Algunos programas de digitalización a gran escala dirigidos a mujeres, como el Benazir Income Support Program de Pakistán, han tropezado porque los usuarios no sabían cómo usar las tarjetas de cajero automático ni los códigos PIN.
Los gobiernos tienen el mayor poder y la mayor responsabilidad para ampliar el acceso de las mujeres a los servicios financieros. Pueden empezar por crear o digitalizar bases de datos de identificación nacional y asignar un número de identificación digital único a cada ciudadano y residente. Para evitar las molestias de usar códigos PIN, los gobiernos pueden utilizar datos biométricos para verificar la identidad del usuario. También pueden apoyar al sector financiero y de telecomunicaciones mediante políticas que fomenten la adopción de servicios financieros digitales. Al mismo tiempo, deben construir regímenes sólidos de protección al consumidor para proteger a los usuarios del fraude y el abuso. En lugar de efectivo, los gobiernos deberían usar la tecnología digital para pagar salarios y distribuir prestaciones sociales. Algunos gobiernos, como el de México, ya lo están haciendo y, como resultado, están ahorrando miles de millones de dólares. Por último, los gobiernos deberían derogar las leyes que discriminan a las mujeres y restringen su acceso a los servicios financieros.
Los bancos y los operadores de redes móviles pueden compartir sus respectivas redes de clientes y hacer que los servicios financieros sean más baratos y más accesibles para todos. Los proveedores de servicios financieros pueden crear nuevas formas de registrar el historial crediticio y diseñar productos que se adapten a las necesidades de las mujeres. Por su parte, las empresas pueden pagar a sus empleados de forma digital e invertir en infraestructura que respalde estas innovaciones. Todas estas iniciativas pueden beneficiarse del apoyo técnico y financiero de los donantes internacionales.
Los servicios financieros digitales son una forma comprobada de empoderar a las mujeres. Esperamos que todas las partes interesadas lean nuestro informe y aprovechen bien sus conclusiones.
La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autor: Leora Klapper es economista principal del Grupo de Investigación para el Desarrollo del Banco Mundial. Ruth Goodwin-Groen es director gerente de Better Than Cash Alliance.
Imagen: Un empleado registra a un cliente para una transferencia de dinero móvil. REUTERS/Thomas Mukoya
