La movilidad social se considera un objetivo social esencial, que ocupa un lugar destacado en la agenda de la mayoría de los gobiernos democráticos. Pero subir y bajar por la escala social puede ser muy estresante, y está bien documentado que el estrés prolongado o repetido es perjudicial para la salud. Hasta ahora, sin embargo, nadie había intentado cuantificar el impacto de la movilidad social en la salud. En nuestro último estudio nos propusimos cerrar esta brecha de conocimiento. Pero, antes de llegar a eso, un poco de contexto.
El sociólogo Pitirim Sorokin, nacido en Rusia, fue el primero en escribir sobre el estrés de la movilidad social. Sorokin llevó una vida marcada por la movilidad. Nacido de una madre campesina y un padre obrero, acabó fundando el departamento de sociología de Harvard. Fue profesor allí hasta su muerte en 1968. A lo largo de su ajetreada vida, también fue peón agrícola, artesano, obrero fabril, empleado, maestro, director de coro, revolucionario, preso político, periodista, estudiante, editor de periódico y secretario del primer ministro ruso.
En 1927, Sorokin afirmó que la movilidad hacía que los «sistemas nerviosos se desmoronaran bajo el peso de las grandes tensiones que exige». No disponía de datos sistemáticos que respaldaran esa afirmación, pero suponemos que se basaba en su propia y nada desdeñable experiencia. Hoy en día, los académicos y otras personas que han llegado a lo más alto siguen hablando de sentimientos de «disociación de clase», para usar la expresión de Sorokin.

Un problema tripartito
Uno de los problemas para averiguar si la movilidad social es una experiencia estresante es que se trata de un fenómeno muy complejo. Consta de tres partes: la clase social de tus padres (tu origen), tu clase social actual (el destino) y la trayectoria del movimiento entre ambas.
Ya se sabe que quienes pertenecen a las clases más altas suelen llevar vidas menos estresantes que quienes están en los estratos más bajos. En nuestro estudio, publicado en el Journal of Epidemiology and Community Health, queríamos averiguar si la movilidad social tiene un efecto adicional al de la clase de origen y la clase de destino.
Una segunda parte del rompecabezas era cómo medir las consecuencias de la movilidad social. Muchos estudios anteriores utilizaron medidas subjetivas o de bienestar autodeclarado. Una crítica habitual a estos enfoques es que las personas pueden ajustar sus expectativas a su nueva posición de clase, lo que se conoce como «preferencias adaptativas». Para superar este problema, utilizamos datos más objetivos de un estudio a largo plazo con miles de personas británicas, cuya salud fue evaluada por personal de enfermería y a quienes se les tomó una muestra de sangre.
A partir de esta información, calculamos su «carga alostática», una medida del desgaste del organismo causado por el estrés crónico. Esta medida resumida incluye indicadores como la presión arterial, el perímetro de la cintura, el colesterol y los marcadores inflamatorios. Una carga alostática elevada aumenta el riesgo de sufrir diversos problemas de salud, desde diabetes tipo 2 hasta enfermedades cardíacas.

Los resultados de nuestro análisis mostraron que tanto la clase de origen como la de destino son importantes. De hecho, parece que cada una ejerce aproximadamente el mismo nivel de influencia. Esto significa que tu clase social durante la infancia tiene efectos duraderos y que no puedes escapar de las consecuencias para la salud de tus orígenes sociales, ni siquiera después de subir por la escala social hasta lo más alto.
Para quienes empiezan desde abajo y llegan a lo más alto, su carga alostática será de nivel medio, pero muy superior a la de las personas que partieron de una clase más alta y permanecieron en ella. Los peores resultados se observan entre quienes pertenecen a la clase trabajadora tanto por origen como por destino, mientras que quienes descienden en la escala social desde orígenes más altos estarán hasta cierto punto protegidos por estos.
También descubrimos que la movilidad social por sí sola no afecta a la salud. No existe un efecto sistemático de la movilidad sobre la carga alostática en un sentido u otro. Tu clase social actual importa, y también importa la clase social que tenías durante la infancia, pero la movilidad en sí no causa el desgaste perjudicial para la salud.
La igualdad de oportunidades es un ideal en el que muchas personas creen, y los gobiernos prometen facilitar la movilidad social de sus ciudadanos. Pero la movilidad social no consiste únicamente en subir por la escala económica; para algunas personas también significa bajar. Nuestro estudio mostró que estar en lo más alto es mejor para la salud que estar en lo más bajo, pero ni descender ni ascender provoca estrés prolongado o repetido.
