Arabia Saudita y liderazgo femenino no son precisamente términos que encajen con naturalidad. Al fin y al cabo, mi país, pese a las recientes reformas, todavía es conocido sobre todo por estar rezagado respecto de otros países en materia de empoderamiento de las mujeres.
Y, sin embargo, yo y otras como yo existimos, trabajamos, hacemos incidencia y escribimos sobre el empoderamiento de las mujeres en pleno corazón de esta tierra patriarcal; demostramos que el empoderamiento y el liderazgo femeninos pueden encontrarse y cultivarse en cualquier lugar.
Sin embargo, los retos del liderazgo femenino no se limitan a Arabia Saudita. Uno de los mayores problemas que enfrenta el mundo es que, pese al aumento del número de mujeres con talento y formación, casi no las encontramos en puestos de alta dirección en ningún sector.
Entonces, ¿por qué estamos estancados?
Lo más importante es que necesitamos cuotas. A primera vista, quienes defienden la corrección política en la sociedad, por lo general hombres, se oponen a ellas por considerarlas una medida innecesaria. Pero las cuotas funcionan porque ayudan a establecer rápidamente una nueva norma. Un ejemplo exitoso ocurrió en Francia en 2011: después de que las empresas respondieran con indiferencia a las peticiones educadas para aumentar la participación de las mujeres en sus consejos de administración, el Gobierno impuso una cuota del 40 %.
Y voilà, así de sencillo, el problema quedó prácticamente resuelto.
La conciliación de la vida laboral y personal es otro reto importante y delicado que muchas mujeres enfrentan y con el que lidian.
Hace aproximadamente un año, una impactante imagen de una diputada italiana se volvió viral en internet. Votaba durante una sesión oficial mientras llevaba en brazos a su bebé de tres meses. La elogiaron y la criticaron por este gesto. Dejando de lado las opiniones personales, el episodio indicó que las mujeres necesitaban soluciones que se adaptaran a sus vidas. En este caso, permitieron a la diputada llevar a su bebé; ¿cuántas empresas habrían hecho lo mismo? ¿Y la tuya?
Este problema afecta de una u otra manera a toda la sociedad. Además, los países occidentales se enfrentan a una caída de las tasas de fecundidad, así como a la salida de mujeres del mercado laboral, consecuencia directa de no encontrar una solución viable. Resolverlo contribuiría en gran medida a retener el talento femenino.
Por último, mientras crecen, las mujeres jóvenes reciben mensajes contradictorios de la sociedad. Los medios se obsesionan con los peinados de una candidata política, incluso mientras celebran su candidatura. O se restringen los derechos reproductivos de las mujeres, mientras las universidades promueven iniciativas para aumentar el número de científicas en ejercicio. Como resultado, los valores asociados con el liderazgo femenino se confunden y las referentes femeninas parecen demasiado imperfectas para admirarlas.
Por supuesto, algún día el liderazgo femenino será tan generalizado que ya no merecerá comentarios. Con el tiempo, la sociedad también llegará a un punto en que la ropa de una mujer será solo eso, y no un juicio sobre sus capacidades.
Hasta entonces, tenemos mucho trabajo por delante.
Muna AbuSulayman, es una Joven Líder Global de Arabia Saudita que trabaja tanto en los medios de comunicación como en el sector filantrópico; fue elegida una de las árabes, mujeres árabes y musulmanes más influyentes del mundo en 2009.
En la imagen: Licia Ronzulli (arriba, centro), eurodiputada italiana, participa con su hija en una sesión de votación en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, el 15 de febrero de 2012. REUTERS/Vincent Kessler
