Para que la economía afronte el envejecimiento de la población, debemos identificar nuevas soluciones: así es como

Two men playing chess, Suceava, Romania.
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El envejecimiento de la población, impulsado por la disminución de la fecundidad, el aumento de la longevidad y el avance de cohortes numerosas hacia edades avanzadas, es la tendencia demográfica mundial dominante del siglo XXI. Este artículo presenta un nuevo libro electrónico de Vox que examina los innumerables desafíos e incertidumbres económicas que plantean las poblaciones envejecidas. En conjunto, las contribuciones sugieren que, aunque los desafíos son formidables, no son insuperables. Hay buenas razones para rechazar la idea de que «la demografía es destino».

El envejecimiento de la población es la tendencia demográfica mundial dominante del siglo XXI. Nunca antes un número tan elevado de personas había alcanzado las edades avanzadas (convencionalmente definidas como 65 años o más). Al mundo le llevó más del 99 % de la historia de la humanidad, hasta aproximadamente el año 1800, alcanzar una población total de 1000 millones de personas, y ahora se prevé que en solo los próximos 35 años se sumen 1000 millones de personas mayores. Este considerable aumento se producirá sobre los 700 millones de personas mayores que viven actualmente en el planeta. El efecto neto de estos cambios es que, para 2050, las personas mayores superarán en número a los adolescentes y jóvenes adultos y representarán más del doble del número de niños menores de cinco años (Naciones Unidas, 2019). Cabe destacar que el tamaño del grupo de 85 años o más —los llamados muy mayores, cuyas necesidades y capacidades tienden a diferir significativamente de las de quienes son simplemente mayores— está creciendo especialmente rápido y se prevé que supere los 500 millones en los próximos 80 años.

Un nuevo libro electrónico de Vox examina los innumerables desafíos e incertidumbres económicas que plantean las poblaciones envejecidas (Bloom, 2019). Los capítulos de la primera parte del libro electrónico abordan las implicaciones, o el «qué implica», del envejecimiento de la población. Los capítulos de la segunda parte ofrecen algunas posibles soluciones de políticas públicas y privadas (el «qué hacer ahora»). En este artículo presento un avance del libro electrónico y también ofrezco algunos antecedentes sobre los factores impulsores y la magnitud del envejecimiento de la población (el «qué es»).

Qué es

El envejecimiento de la población responde a tres fuerzas principales: la disminución de la fecundidad, el aumento de la longevidad y el avance de cohortes numerosas hacia edades avanzadas. Estas tres fuerzas actúan con distinta intensidad en distintos grupos de países y en diferentes plazos. Sin embargo, es el avance relativamente seguro de las cohortes numerosas hacia las edades avanzadas el que contribuirá de forma más significativa al envejecimiento futuro de la población. Por esta razón, los demógrafos tienen más confianza en sus proyecciones del envejecimiento de la población que en muchas otras variables que proyectan habitualmente, como las tasas de fecundidad y de crecimiento de la población.

Aunque todos los países del mundo experimentarán el envejecimiento de la población, habrá una heterogeneidad considerable entre países en cuanto a la velocidad de este fenómeno. Por ejemplo, Japón es actualmente el líder mundial, con un 28 % de su población de 65 años o más, es decir, el triple del promedio mundial y más de 20 veces la proporción de los Emiratos Árabes Unidos, que ocupan el último lugar de la lista de países.

Qué implica

La omnipresencia y la fuerza del envejecimiento de la población han llevado a los economistas a expresar preocupaciones. En términos generales, estas preocupaciones se refieren a la perspectiva de (1) escasez de mano de obra, ya que los jubilados llegan a superar en número a los nuevos integrantes de la fuerza laboral; (2) colapsos de los mercados de activos y una caída de la tasa de ahorro, a medida que las personas mayores liquidan sus activos y desahorran para sostenerse; (3) desaceleraciones del crecimiento económico debido a la escasez de mano de obra y de capital; y (4) tensión fiscal, debida, por ejemplo, al aumento de los costes sanitarios, dado que las enfermedades propias de la edad avanzada —entre ellas el cáncer, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las cardiopatías, la diabetes, la enfermedad de Alzheimer y otras demencias— son muy costosas de tratar, no solo desde el punto de vista médico, sino también en cuanto a las necesidades de cuidados formales e informales.

La lógica que subyace a algunas de las preocupaciones de los economistas respecto al envejecimiento de la población es que existen fuertes patrones del ciclo vital en la producción y el consumo, y que las personas mayores simplemente no producen tanto como consumen. Los efectos de estos patrones del ciclo vital son, verosímilmente, grandes. Por ejemplo, en términos económicos, el valor de la producción perdida debido a la morbilidad y la mortalidad por enfermedades no transmisibles (ENT), junto con el efecto de desviar una parte del ahorro para cubrir los costes del tratamiento, equivale a un impuesto aproximado del 3-10 % sobre el PIB, según un modelo macroeconómico calibrado para países seleccionados hasta 2050. Es el mismo orden de magnitud que el efecto del Brexit sobre el tamaño de la economía del Reino Unido, estimado por el Tesoro de Su Majestad en un 4-9 %.

Centrándonos más en las preocupaciones sobre la fuerza laboral, los economistas han constatado que la prestación de cuidados informales a las personas mayores reduce el empleo formal entre los adultos en edad de trabajar, lo que repercute negativamente en el crecimiento del PIB en Estados Unidos. En cuanto al aumento de los costes sanitarios, podrían ser necesarios importantes ajustes fiscales si los costes siguen aumentando más rápidamente que el PIB per cápita. Estados Unidos, por ejemplo, podría enfrentarse a una difícil elección entre aumentar los tipos impositivos o reducir o eliminar Medicare y Medicaid. Las pruebas emergentes también sugieren que las poblaciones se vuelven más aversas al riesgo a medida que envejecen, lo que puede traducirse en un menor apetito por la actividad emprendedora.

A nivel agregado, es probable que el envejecimiento de la población afecte al ahorro, la inversión, los tipos de interés reales y los flujos internacionales de capital. De hecho, el envejecimiento de la población podría impulsar flujos de capital desde los países que envejecen más rápidamente hacia los que lo hacen más lentamente, con consecuencias para la salud financiera de los países y regiones y para la distribución mundial del poder económico. Algunos economistas sostienen que los problemas fiscales a largo plazo relacionados con el envejecimiento serán más graves en Estados Unidos que en Europa Occidental, China, Japón y Corea del Sur. Esto sugiere que el envejecimiento puede desempeñar un papel nada trivial en el cambio de la distribución del desempeño económico entre países.

Si bien sin duda existen numerosos riesgos económicos asociados al envejecimiento de la población, debemos evitar el error de exagerar sus desafíos subestimando las contribuciones productivas que las personas mayores aportan a la sociedad. Por ejemplo, incluso cuando las personas mayores no trabajan a cambio de un salario, a menudo realizan actividades no comerciales que generan valor, como cuidar a los nietos, realizar trabajo voluntario o hacer tareas en el hogar.

Quizás la mayor fuente de incertidumbre en este ámbito tiene que ver con si el envejecimiento de la población simplemente implica añadir años a la vida o también añadir vida a los años. Es decir, ¿la mayor longevidad se traducirá en más años de sufrimiento y penalidades, al pasar más años sin poder realizar de forma autónoma las actividades cotidianas básicas, como comer, bañarse, vestirse, asearse o ir al baño? En este escenario sombrío, el Estado tendría que hacer frente a obligaciones mayores y más persistentes en materia de atención sanitaria y pensiones, sin ingresos fiscales que las compensen.

Alternativamente, ¿vivimos más tiempo con mentes y cuerpos que también se vuelven más robustos y resistentes al deterioro? En esta circunstancia, las personas mayores pueden ser productivas y funcionar de forma independiente durante más tiempo a medida que aumenta la esperanza de vida. Así, el aumento de la longevidad representaría una auténtica mejora del bienestar humano y un posible beneficio para los gobiernos en términos de ingresos fiscales en relación con el gasto social. Desde los puntos de vista social, económico, fiscal, político y humanitario, es de enorme trascendencia que el aumento de la longevidad vaya acompañado de una compresión o de una expansión de los años de morbilidad. Por desgracia, los debates sobre la compresión o expansión de la morbilidad siguen sin resolverse, y los análisis existentes distan mucho de apuntar a un consenso.

Qué hacer ahora

La buena noticia es que existen numerosas opciones para afrontar los desafíos asociados al envejecimiento de la población. Entre ellas figuran las adaptaciones institucionales y las reformas de las políticas relativas a la salud y los cuidados de larga duración y su financiación, la innovación en nuevas tecnologías y diseños, el aumento de la inversión en capital humano a lo largo de todo el ciclo vital y los cambios en las prácticas empresariales y de recursos humanos.

Entre las soluciones a las consecuencias macroeconómicas del envejecimiento de la población figura repensar la forma en que prestamos y financiamos la atención sanitaria. En la India, por ejemplo, las recientes iniciativas del sector público para ampliar la cobertura hospitalaria a las personas pobres podrían reforzarse con medidas adicionales para hacer frente de manera eficaz a la creciente carga sanitaria asociada al envejecimiento de la población. Entre ellas se incluyen el compromiso de aumentar de forma significativa la financiación pública de la salud respecto al pasado, una mejor focalización hacia los hogares con personas mayores y esfuerzos para subsanar la grave escasez de personal médico que existe actualmente en la atención primaria. Como otro ejemplo, el seguro de salud en Estados Unidos podría mejorarse aumentando la eficiencia con la que los afiliados se benefician de los ahorros de costes logrados mediante formas menos costosas de cobertura de Medicare.

El seguro social y la reforma de las pensiones también son muy pertinentes. Fomentar carreras laborales más largas mediante el aumento de la edad de jubilación generaría más recursos privados para la jubilación e más ingresos por impuestos sobre la renta para el apoyo gubernamental. También podría incrementarse la dependencia de las pensiones no contributivas sujetas a comprobación de recursos. Por supuesto, estas reformas de las políticas no están exentas de controversia. Las políticas que ayudan a las cohortes que acceden actualmente al mercado laboral a planificar su jubilación, como la inscripción automática en planes de pensiones, también desempeñan un papel.

Determinar las mejores políticas para afrontar los desafíos del envejecimiento de la población requerirá inversión en recopilación de datos e investigación. Por ejemplo, lograr una mejor comprensión del valor económico de las inversiones en mayor longevidad y en un envejecimiento saludable tendría un considerable valor social.

Aunque los desafíos asociados al envejecimiento de la población son, en efecto, formidables, no son insuperables. En otras palabras, hay buenas razones para rechazar la idea de que «la demografía es destino». De hecho, la historia demuestra, y el sentido común y el razonamiento lógico confirman, que el cambio demográfico tiene una tendencia natural y persistente a impulsar cambios de comportamiento, innovaciones tecnológicas e institucionales y reformas de políticas que acentúan los factores demográficos favorables o compensan los negativos.

Esto es lo que ocurrió cuando la población mundial se duplicó, pasando de 3000 a 6000 millones de personas entre 1960 y 2000. Se hicieron muchas predicciones catastróficas, que atrajeron gran atención, pero la realidad es que la renta per cápita mundial más que se duplicó durante ese periodo, la esperanza de vida aumentó en más de 15 años y las tasas de matriculación en la educación primaria se acercaron a la universalidad en muchos países.

El envejecimiento de la población plantea, sin duda, innumerables desafíos, pero también existen innumerables posibles soluciones. La tarea que nos espera es determinar cuáles son las mejores para adoptar, tanto individual como colectivamente, y movilizar la voluntad política y social y la fortaleza financiera necesarias para actuar de manera proactiva al navegar por aguas demográficas inexploradas.

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