En marzo de 2007, España introdujo una política nacional que concedía a la mayoría de los nuevos padres dos semanas de permiso de paternidad totalmente remunerado. La política tuvo una popularidad excepcional: el 55 % de los hombres que cumplían los requisitos durante el primer año optaron por disfrutar del permiso remunerado. La duración del permiso contemplada en el programa se duplicó en 2017 y se amplió a cinco semanas en 2018, y se esperaban nuevos aumentos entre ese momento y 2021.
Los economistas que estudiaron los efectos de la política original de 2007 analizaron qué les ocurrió a las familias que tuvieron hijos justo antes y justo después de que comenzara el programa, y encontraron diferencias en los resultados. Aunque los hombres de la primera cohorte que cumplían los requisitos para el permiso de paternidad tenían las mismas probabilidades de seguir trabajando que los hombres que no los cumplían, siguieron más implicados en el cuidado de los hijos después de volver al trabajo, y sus parejas también tuvieron más probabilidades de seguir trabajando. En ese sentido, parece que el programa logró lo que los responsables de la política esperaban.
Sin embargo, inesperadamente, los investigadores también descubrieron que las familias que cumplían los requisitos para el permiso de paternidad tenían menos probabilidades de tener hijos en el futuro. En un estudio publicado en el Journal of Public Economics (de acceso restringido), las economistas Lídia Farré, de la Universidad de Barcelona, y Libertad González, de la Universidad Pompeu Fabra, estiman que, dos años después, los padres que habían cumplido los requisitos del programa recién introducido tenían entre un 7 % y un 15 % menos de probabilidades de tener otro hijo que aquellos que se quedaron justo fuera del límite de elegibilidad. Aunque la diferencia se redujo con el paso del tiempo, incluso seis años después los padres que habían cumplido los requisitos del permiso seguían teniendo menos probabilidades de volver a tener un hijo.
Los investigadores proponen una explicación intrigante.
Tras implantarse el permiso de paternidad, las encuestas a hombres españoles de entre 21 y 40 años mostraron que deseaban tener menos hijos que antes. Farré y González creen que pasar más tiempo con sus hijos —o la perspectiva de tener que hacerlo— pudo haber hecho que los hombres fueran más conscientes del esfuerzo y los costes asociados a la crianza de los hijos y, como señalan los investigadores, «desplazado sus preferencias de la cantidad de hijos a su calidad».
Al mismo tiempo, las mujeres empezaron a mostrar preferencias por familias ligeramente más numerosas; quizá sea una señal de que tener más hijos parecía más deseable con un reparto del trabajo en el hogar algo más equitativo.
Como señalan los autores, es imposible extraer conclusiones generales de esta observación de un único dato en un solo país. Correlación no significa causalidad, y es posible que otros factores influyeran más que el permiso de paternidad en las preferencias familiares de los hombres. (Por ejemplo, la crisis financiera mundial golpeó con toda su fuerza a España aproximadamente un año después de que se introdujera la política de permisos.)
«Hay un par de razones por las que me costaría creer que estos mismos efectos se darían en otros lugares», afirmó David Evans, economista del Center for Global Development. «En España, casi ningún hombre disfrutaba del permiso de paternidad antes de la política, y esa proporción pasó a ser de más de la mitad tras la reforma. Al mismo tiempo, los hombres en España querían tener más hijos que las mujeres. Eso no ocurría en varios otros países europeos».


