¿Podría la inteligencia artificial adquirir conciencia pronto?

A robot gestures during a demonstration of its skill during the seventh Soccer World Championship for Robots in Padua, northern Italy, July 9, 2003. Robocup is an international research and education initiative aimed at fostering artificial intelligence and robotics research.
The current rise of AI means that we need to consider what will happen when a machine becomes aware.Image: REUTERS/Max Rossi
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Olvídese de los modestos avances incrementales actuales en inteligencia artificial, como la creciente capacidad de los coches para conducirse solos. A la espera entre bastidores podría haber un avance revolucionario: una máquina consciente de sí misma y de su entorno, capaz de recibir y procesar enormes cantidades de datos en tiempo real. Podría enviarse a misiones peligrosas, al espacio o al combate. Además de llevar a las personas de un sitio a otro, quizá pudiera cocinar, limpiar, lavar la ropa e incluso hacer compañía a los seres humanos cuando no hubiera otras personas cerca.

Un conjunto de máquinas particularmente avanzado podría sustituir a los seres humanos en absolutamente todos los trabajos. Eso libraría a la humanidad de las tareas rutinarias y tediosas, pero también sacudiría muchos de los cimientos de la sociedad. Una vida sin trabajo y dedicada solo al ocio podría convertirse en una distopía.

Image: The Conversation

Las máquinas conscientes también plantearían inquietantes problemas jurídicos y éticos. ¿Sería una máquina consciente una «persona» ante la ley y sería responsable si sus acciones hirieran a alguien o algo saliera mal? Para imaginar un escenario más aterrador, ¿podrían estas máquinas rebelarse contra los seres humanos y querer eliminarnos por completo? Si así fuera, representarían la culminación de la evolución.

Como profesor de ingeniería eléctrica e informática que trabaja en aprendizaje automático y teoría cuántica, puedo decir que los investigadores están divididos sobre si alguna vez existirán máquinas con este grado de conciencia. También se debate si las máquinas podrían o deberían considerarse «conscientes» en el mismo sentido en que consideramos conscientes a los seres humanos e incluso a algunos animales. Algunas preguntas tienen que ver con la tecnología; otras, con lo que es realmente la conciencia.

¿Basta con tener conciencia?

La mayoría de los informáticos cree que la conciencia es una característica que surgirá a medida que avance la tecnología. Algunos consideran que la conciencia implica recibir información nueva, almacenar y recuperar información antigua y procesarlo todo cognitivamente para convertirlo en percepciones y acciones. Si es así, algún día las máquinas serán, efectivamente, la máxima expresión de la conciencia. Podrán recopilar más información que un ser humano, almacenar más que muchas bibliotecas, acceder a enormes bases de datos en milisegundos y procesarlo todo para tomar decisiones más complejas y, aun así, más lógicas, de lo que cualquier persona podría jamás.

Por otro lado, hay físicos y filósofos que sostienen que el comportamiento humano tiene algo más que una máquina no puede computar. La creatividad, por ejemplo, y la sensación de libertad que tienen las personas no parecen provenir de la lógica ni de los cálculos.

Sin embargo, estas no son las únicas ideas sobre qué es la conciencia ni sobre si las máquinas podrían llegar a alcanzarla.

Perspectivas cuánticas

Otra perspectiva sobre la conciencia proviene de la teoría cuántica, la teoría más profunda de la física. Según la interpretación ortodoxa de Copenhague, la conciencia y el mundo físico son aspectos complementarios de una misma realidad. Cuando una persona observa algún aspecto del mundo físico o experimenta con él, su interacción consciente provoca un cambio perceptible. Como esta interpretación da por sentada la conciencia y no intenta derivarla de la física, puede denominarse la perspectiva de la «C mayúscula» sobre la conciencia: esta existe por sí misma, aunque necesita cerebros para hacerse realidad. Esta perspectiva era popular entre los pioneros de la teoría cuántica, como Niels Bohr, Werner Heisenberg y Erwin Schrödinger.

La interacción entre la conciencia y la materia da lugar a paradojas que siguen sin resolverse tras 80 años de debate. Un ejemplo conocido es la paradoja del gato de Schrödinger, en la que se coloca a un gato en una situación en la que tiene la misma probabilidad de sobrevivir que de morir, y el propio acto de observar es lo que determina el resultado.

La perspectiva opuesta sostiene que la conciencia surge de la biología, del mismo modo que la propia biología surge de la química, que a su vez surge de la física. Llamamos «C minúscula» a este concepto menos amplio de conciencia. Coincide con la perspectiva de los neurocientíficos de que los procesos mentales son idénticos a los estados y procesos del cerebro. También coincide con una interpretación más reciente de la teoría cuántica, motivada por el intento de eliminar sus paradojas: la interpretación de los muchos mundos, en la que los observadores forman parte de las matemáticas de la física.

Los filósofos de la ciencia creen que estas perspectivas modernas de la física cuántica sobre la conciencia tienen paralelismos en la filosofía antigua. La C mayúscula se parece a la teoría de la mente del Vedanta, según la cual la conciencia es la base fundamental de la realidad, a la par del universo físico.

En cambio, la C minúscula se parece bastante al budismo. Aunque Buda optó por no abordar la cuestión de la naturaleza de la conciencia, sus seguidores afirmaron que la mente y la conciencia surgen del vacío o de la nada.

La C mayúscula y los descubrimientos científicos

Los científicos también investigan si la conciencia es siempre un proceso computacional. Algunos estudiosos han sostenido que el momento creativo no llega al final de un cálculo deliberado. Por ejemplo, se dice que los sueños o las visiones inspiraron a Elias Howe en el diseño de la máquina de coser moderna en 1845 y a August Kekulé en el descubrimiento de la estructura del benceno en 1862.

Una prueba contundente a favor de que la conciencia de C mayúscula existe por sí sola es la vida del matemático indio autodidacta Srinivasa Ramanujan, que murió en 1920 a los 32 años. Su cuaderno, perdido y olvidado durante unos 50 años y publicado solo en 1988, contiene varios miles de fórmulas, sin demostraciones, de distintas áreas de las matemáticas que se adelantaron mucho a su época. Además, los métodos con los que halló las fórmulas siguen siendo un misterio. Él mismo afirmaba que se las había revelado una diosa mientras dormía.

El concepto de conciencia de C mayúscula plantea preguntas sobre su relación con la materia y sobre cómo la materia y la mente se influyen mutuamente. La conciencia por sí sola no puede producir cambios físicos en el mundo, pero quizá pueda modificar las probabilidades en la evolución de los procesos cuánticos. El acto de observar puede congelar e incluso influir en el movimiento de los átomos, como demostraron en 2015 físicos de Cornell. Esto bien podría explicar cómo interactúan la materia y la mente.

La mente y los sistemas autoorganizados

Es posible que el fenómeno de la conciencia requiera un sistema autoorganizado, como la estructura física del cerebro. De ser así, las máquinas actuales no estarán a la altura.

Los estudiosos no saben si se pueden diseñar máquinas adaptativas y autoorganizadas tan sofisticadas como el cerebro humano; carecemos de una teoría matemática de la computación para sistemas de ese tipo. Quizá sea cierto que solo las máquinas biológicas pueden ser suficientemente creativas y flexibles. Pero eso sugiere que las personas deberían —o pronto empezarán a— trabajar en la ingeniería de nuevas estructuras biológicas que sean conscientes o puedan llegar a serlo.

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