Día Mundial de la Amabilidad es una celebración mundial de 24 horas dedicada a devolver los favores y centrarse en lo positivo. Se nos anima a realizar actos de amabilidadcomo donar sangre, limpiar el microondas compartido del trabajo o hacer voluntariado en una residencia de ancianos.
Por supuesto, aunque no haya una jornada internacional de sensibilización que la promueva, la amabilidad y el altruismo están muy extendidos tanto entre los seres humanos como entre los animales. Muchas personas donan a organizaciones benéficas y se sienten mucho más felicescomo resultado directo de hacerlo. En el reino animal, muchas especies muestran amabilidad al evitar la violencia cuando resuelven conflictos. En su lugar, pueden recurrir a rituales de lucha relativamente inofensivos. Algunos ejemplos típicos son los machos de cangrejo violinista, que luchan por una madriguerapero nunca se aplastan el cuerpo con sus enormes pinzas, las serpientes de cascabel, que forcejeansin morderse nunca, o los bonobos que ayudan a desconocidos incluso sin que se lo pidan.
Los beneficios de recibir amabilidad son intuitivamente evidentes. Las motivaciones para ser amable, en cambio, lo son mucho menos. De hecho, la propia existencia de la amabilidad y el altruismo parece contradecir la teoría de la evolución de Darwin, basada en un proceso competitivo de selección natural en el que solo sobreviven los más aptos. Por ejemplo, el comportamiento altruista de las hormigas estériles, que protegen sus colonias de depredadores peligrosos, plantea un problema que el propio Darwin al principio consideró«insuperable y, de hecho, fatal para toda mi teoría».
Entonces, ¿cómo pudo evolucionar el comportamiento amable y por qué no lo eliminó la selección natural? A lo largo de los años, muchos teóricos han tratado de resolver este problema. A continuación, repasamos las ideas más destacadas.
Explicar la amabilidad
Los primeros enfoques, desde la época de Darwin hasta la década de 1960, intentaron explicar la evolución de la amabilidad proponiendo que los individuos se comportan de forma cooperativa por el bien de su grupo o especie, sin importar el costo personal. Esta teoría, la «teoría de la selección de grupo», fue la única explicación durante muchas décadas, pero hoy se contempla con escepticismo. ¿Cómo pudieron evolucionar desde el principio las poblaciones cooperativas, que supuestamente sobrevivían mejor que las competitivas?
Parte de la respuesta la ofrece la teoría más reciente del gen egoísta, ampliamente conocida gracias al libro superventas, de Richard Dawkins, o la «aptitud inclusiva», según la cual la selección natural favorece la amabilidad hacia nuestros parientes cercanos, que se parecen a nosotros y comparten nuestros genes. Ayudar a un pariente es una forma de transmitir copias de nuestros propios genes y beneficia a quien ayudaen proporción al grado de parentesco con quien recibe la ayuda.
Pero esto no explica la amabilidad hacia personas con las que no compartimos genes. Por eso, para el caso de individuos sin parentesco, se ha propuesto otra teoría. La teoría del altruismo recíprocoincluye la idea de «hoy por ti, mañana por mí», que puede ser una estrategia beneficiosa para ambas partes. Si dos individuos sin parentesco se turnan para ser amables, establecen así una relación de cooperación repetida que beneficia a ambos. De hecho, ciertas emociones sociales, como la culpa, la gratitud y la simpatía, pueden haber evolucionado precisamente para detectar y evitar a quienes hacen trampa en este sistema y, así, fomentar relaciones de reciprocidad, tan cruciales en la evolución humana.
¿Y qué pasa con los desconocidos?
Pero esta teoría no explica la amabilidad hacia desconocidos con quienes no esperamos volver a encontrarnos. En este tipo de encuentros únicos, la amabilidad podría promoverse mediante la reciprocidad indirecta. Esto ocurre cuando observamos que alguien trata amablemente a otras personas y, a cambio, actuamos con amabilidad hacia esa persona. Los datos de la vida realsugieren que las personas se inclinan más a ayudar a desconocidos si antes se ha observado que ellas mismas actúan con amabilidad. Por consiguiente, todos tienen motivos para cultivar una reputación de amabilidad mediante comportamientos generosos que otros conocerán. Es probable que esa reputación suscite la amabilidad de los demás y, por tanto, genere beneficios a largo plazo.
Pero eso no explica la amabilidad en situaciones en las que no hay observadores. En este caso, se ha propuesto el concepto de castigo altruista. Esta teoría sostiene que algunas personas tienen un instinto innato que las impulsa a castigar a las personas poco amables o egoístasdenunciándolas, excluyéndolas o enfrentándose a ellas directamente. Ese castigo es «altruista» porque proporciona un bien público a costa del tiempo y el esfuerzo de quien castiga, además del posible riesgo de represalias. Se han documentadopruebas de castigo altruista en una amplia variedad de poblaciones y culturas. Por eso, el riesgo de sufrir un castigo altruista actúa como presión social para comportarse con amabilidad, incluso cuando nadie puede vernos hacerlo.
En conjunto, estas teorías muestran que la amabilidad no necesariamente contradice el proceso competitivo de selección natural de Darwin. La amabilidad es racional. Pero ¿su racionalidad resta fuerza a su atractivo espontáneo? ¿Es la amabilidad simplemente una expresión conductual del egoísmo cuidadosamente disfrazada? ¿Existe siquiera el altruismo??
Mientras continúa el debate filosófico, puede ser reconfortante recordar que, sea cual sea la motivación, los actos de amabilidad no solo mejoran el bienestar general de la sociedad, sino que también hacen sentir bien a quienes los realizan. Quizá convenga tenerlo presente este Día Mundial de la Amabilidad.


