La depresión podría ser una adaptación evolutiva. Así es como

Share trader Thomas Holler reacts on share price development on the trading floor of the Frankfurt stock exchange, October 8, 2008. European shares plunged more than 7 percent to five-year lows in morning trade on Wednesday, with the deepening financial crisis sending jitters into the market that sector rescue packages failed to calm. REUTERS/Kai Pfaffenbach (GERMANY) - RTX9BSN
Depression is a condition which is far from uncommon.Image: REUTERS/Kai Pfaffenbach
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En un momento dado, alrededor del del 5 % de los estadounidenses declaran presentar síntomas de depresión moderada o grave. El trastorno depresivo mayor es tan frecuente que se estima que uno de cada seis estadounidenses lo padecerá en algún momento de su vida.

La prevalencia de la depresión también plantea problemas económicos: es una de las causas más comunes de discapacidad, tiene efectos en el lugar de trabajo y es responsable de numerosos costos relacionados con el suicidio. Se estimó que la carga económica de la depresión en EE. UU. ascendía a 210.500 millones de dólares en 2010.

Entonces, ¿por qué afecta a tantas personas una afección tan debilitante?

La explicación tradicional sostiene que la depresión es una alteración del funcionamiento normal del cerebro: desequilibrios químicos que pueden corregirse mediante una combinación de medicamentos y cambios de conducta.

Pero también existe una teoría según la cual la depresión, en vez de ser únicamente un trastorno, podría ser una estrategia conductual específica que hemos desarrollado mediante la evolución: una adaptación biológica que cumple una función. Como explica Matthew Hutson en un artículo de Nautilus sobre las posibles raíces evolutivas de la depresión y la conducta suicida, esa función podría ser hacernos detener para comprender y abordar un problema importante.

Hutson señala que el psicólogo evolutivo Paul Andrews y el psiquiatra J. Anderson Thomson fueron los primeros en desarrollar esta idea, denominada «hipótesis de la rumiación analítica», en un artículo publicado en Psychological Review en 2009.

La idea básica es que lo que consideramos un trastorno es, en realidad, una manera en que nuestro cerebro analiza y examina detenidamente un problema con la esperanza de encontrar cómo afrontarlo. Los investigadores plantean que un problema difícil o complejo podría desencadenar en algunas personas una reacción «depresiva» que las sumerge en una especie de modo analítico.

En la depresión, escribe Hutson, «aumenta la rumiación, la obsesión con el origen del propio dolor», junto con un incremento de la actividad analítica del cerebro y del sueño REM, que contribuye al procesamiento de la memoria. Un síntoma importante de la depresión es la anhedonia, la incapacidad de sentir placer con las actividades habituales. Según este enfoque, esos factores podrían estar alterando esta fase de «procesamiento».

Esta hipótesis explicaría por qué la mayoría de los episodios depresivos se producen después de un acontecimiento vital importante, como una muerte o el fin de una relación.

En su artículo de 2009, Andrews y Thomson incluso plantean que esta idea podría explicar por qué la depresión y la ansiedad suelen presentarse juntas.

«Planteamos la hipótesis de que la depresión y la ansiedad suelen presentarse juntas porque algunos problemas requieren tanto análisis (promovido por el estado de ánimo depresivo) como vigilancia (promovida por la ansiedad)», escribieron. El análisis permite comprender el factor desencadenante; la vigilancia es una forma de intentar evitar que vuelva a ocurrir.

Implicaciones para el tratamiento

Por fascinantes que sean las explicaciones evolutivas, es difícil demostrar que sean correctas, sobre todo si aún no cuentan con el respaldo de otras investigaciones.

La idea de que la depresión podría ser una adaptación biológica y no un trastorno mental no es el consenso de la comunidad de salud mental. Y aunque la hipótesis sea correcta, probablemente sea incompleta y no explique todos los aspectos de la depresión.

Los problemas complejos suelen tener varias causas. Alrededor del 20 % de los casos de depresión no va precedido de un acontecimiento vital importante; puede haber alguna causa anterior, pero no lo sabemos con certeza. También sabemos que la genética puede influir en cierta medida en la predisposición de una persona a la depresión. Como señalan Andrews y Thomson, hay distintos tipos de depresión, algunos de los cuales podrían tener causas diferentes. También afirman que existen explicaciones evolutivas alternativas que podrían coexistir con su hipótesis.

Pero si se pudiera validar más la hipótesis de la rumiación analítica, tendría importantes consecuencias para la forma de tratar este tipo de enfermedad mental en el futuro.

En ese caso, el enfoque para tratar la depresión podría orientarse más a abordar la causa subyacente que a tratar únicamente los síntomas. Un antropólogo le dijo a Hutson que, si la teoría es correcta, tratar la depresión con antidepresivos podría ser como tratar un hueso roto con analgésicos, en vez de usar tanto analgésicos como un yeso para ayudar a que sane. Según esa lógica, la terapia sería una parte importante del tratamiento, ya que puede ayudar a las personas a comprender mejor y afrontar aquello que podría haber causado sus episodios depresivos.

Los antidepresivos tradicionales han sido muy eficaces, e incluso han cambiado la vida de algunas personas. Pero esos enfoques no funcionan a largo plazo para todo el mundo, por lo que los investigadores están estudiandotodo tipo de terapias diferentes.

Aunque se descubriera que la depresión es una especie de «herramienta» o adaptación evolutiva, eso no necesariamente ayudaría a las personas a resolver el problema que la causó. Pero las nuevas teorías pueden ayudarnos a pensar en formas nuevas o mejores de tratamiento, algo que siempre es bienvenido.

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