Por qué las criptomonedas no tienen sentido

Representations of the Ripple, Bitcoin, Etherum and Litecoin virtual currencies are seen on a PC motherboard in this illustration picture, February 13, 2018. Picture is taken February 13, 2018. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration
Jon Danielsson offers his opinion on cryptocurrencies.Image: REUTERS/Dado Ruvic
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He intentado entender qué sentido tienen las criptomonedas, sin éxito. Puede que no supongan una amenaza inmediata para la estabilidad financiera (den Haan et al., 2017), pero sencillamente no las entiendo.

Por lo que puedo entender, se supone que son una combinación de:

  • un tipo de dinero;

  • una inversión;

  • algo que ofrece privacidad, seguridad y eficiencia;

  • alguna otra cosa, nueva, mágica y mística que soy demasiado tonto o demasiado mayor para entender.

¿Son dinero las criptomonedas?

¿Para qué necesitamos el dinero? Para tres cosas:

facilitar las transacciones;

servir de reserva de valor;

ofrecer financiación de última instancia.

Cualquier forma de dinero debe evaluarse de acuerdo con esos criterios.

A lo largo de la historia hemos usado muchas cosas como dinero, por ejemplo conchas marinas, cigarrillos, plata y oro. Todos son activos reales escasos, con valor para quienes los usan, disponibles en unidades pequeñas y fáciles de intercambiar.

Hoy ningún país usa ese tipo de dinero. En su lugar, usamos dinero fiduciario, una moneda sin valor intrínseco. Es papel impreso por el Gobierno, cuya cantidad amplifica el sistema financiero. Solo tiene valor porque el Gobierno garantiza que lo tiene.

El dinero fiduciario emitido por un banco central moderno y creíble es muy superior al dinero respaldado por activos reales como el oro, entre otras cosas porque la oferta de dinero fiduciario puede ajustarse para servir mejor a la economía, en vez de quedar supeditada a la producción de algún recurso natural. El volumen de criptomonedas no puede ajustarse del mismo modo.

Por supuesto, los Gobiernos sienten la tentación de abusar del dinero fiduciario e imprimir demasiado, como hizo el primer creador de dinero fiduciario: el Gobierno chino en el siglo XIII. Más recientemente, la estanflación de la década de 1970 se debió a que los bancos centrales administraron mal el dinero.

Como no se podía confiar en los Gobiernos de la época, varios pensadores propusieron sistemas monetarios libres, como Hayek en 1977; aquel debate anticipa las discusiones actuales sobre las criptomonedas. Aun así, los avances en política monetaria acabaron dándonos un dinero más estable en la década de 1980.

Entonces, ¿cómo se comparan las criptomonedas con los criterios monetarios mencionados: servir de reserva de valor, facilitar las transacciones y ofrecer financiación de última instancia?

Son muy inferiores para las transacciones. Las transacciones en efectivo no tienen costo, son anónimas e inmediatas. Las transacciones electrónicas son muy baratas y también inmediatas, y pueden realizarse por cualquier importe.

Las transacciones con Bitcoin tardan una hora o más, cuestan al menos 25 dólares y no son tan anónimas. Sí, hay criptomonedas que prometen más eficiencia o privacidad. Pero incluso en ese caso, si puede llevar mucho tiempo encontrar a alguien que acepte Bitcoin, con sus competidoras lleva mucho más. Además, los importes máximos que pueden transferirse con criptomonedas son insignificantes en comparación con los que pueden transferirse con dinero fiduciario.

¿Y qué hay de la reserva de valor? Ni las criptomonedas ni el dinero fiduciario tienen valor intrínseco. Lo que importa es la credibilidad: nuestra expectativa de que el dinero conservará su valor con el paso del tiempo.

En el caso del dinero fiduciario, los bancos centrales se comprometen a mantener estable su valor, con una tasa de inflación decreciente del 2 % anual. Durante mucho tiempo, los principales bancos centrales han logrado mantener bastante pequeño el error de seguimiento de ese objetivo.

Bitcoin y otras criptomonedas son muy inferiores en este aspecto. Su valor se duplica o se reduce a la mitad en unos pocos días. No se puede afirmar con certeza que las tenencias de criptomonedas conservarán su valor durante la próxima semana, y mucho menos durante un mes o un año. Si alguien tiene criptomonedas, es por motivos especulativos, no como reserva de valor.

Queda la financiación de última instancia (LOLR, por sus siglas en inglés): proporcionar liquidez a las instituciones financieras en tiempos de crisis. Es una función esencial de los bancos centrales desde que Walter Bagehot analizó la crisis de 1866 en 1873. La LOLR se utilizó por última vez en 2008 y, sin duda, volverá a ser necesaria en algún momento. Ninguna criptomoneda cuenta con un mecanismo de este tipo.

Si las criptomonedas son dinero, son muy inferiores al dinero fiduciario existente.

¿Son las criptomonedas una inversión?

Se ha dicho que las criptomonedas, al igual que el dinero fiduciario, son esquemas Ponzi. No exactamente. Un esquema Ponzi es una inversión en la que se paga a los inversores existentes con nuevas inversiones. Ni las criptomonedas ni el dinero fiduciario encajan en esa definición.

Pero ¿son las criptomonedas una inversión? Depende de qué se entienda por inversión.

El valor de una acción o un bono refleja los ingresos futuros, debidamente descontados a valor presente. No ocurre lo mismo con las criptomonedas ni con el dinero fiduciario. No tienen valor intrínseco. Su valor se debe a la escasez, así como al costo de la minería o a las promesas del Gobierno. Sin embargo, la minería es un costo hundido, no una promesa de ingresos futuros.

La única razón por la que las criptomonedas conservan su valor es que esperamos que otras personas las valoren en el futuro igual que nosotros, o más. Es como coleccionar sellos. El valor de los sellos se debe a su escasez y a la expectativa de que futuros inversores los valoren más que nosotros ahora.

Las criptomonedas no son una inversión del mismo tipo que una acción o un bono. Son una inversión en el mismo sentido que una colección de sellos.

Aun así, la mayoría de la gente no usa directamente el dinero fiduciario como reserva de valor, salvo para guardar cantidades pequeñas. Como mínimo, se puede depositar el dinero fiduciario en una cuenta bancaria o invertirlo en bonos del Estado que devengan intereses. Una inversión tan segura como el propio Gobierno. Las criptomonedas no permiten prestar dinero en condiciones estables y con un riesgo casi nulo.

Así que, si las criptomonedas son una inversión, se parecen más a los sellos o a los billetes de lotería que al dinero fiduciario, las acciones o los bonos.

Credibilidad

El valor intrínseco del dinero fiduciario se sustenta en la credibilidad del Gobierno y de los bancos centrales encargados de controlar el dinero.

La independencia de los bancos centrales y su considerable respaldo político son esenciales para garantizar la credibilidad del dinero fiduciario. Los países que ignoran los últimos avances en política monetaria, como Venezuela, pagan las consecuencias.

La independencia de los bancos centrales, el respaldo político y la reputación de competencia son fundamentales. Jerome Powell, actual presidente de la Reserva Federal, es el burócrata más poderoso del mundo. El general Joseph Dunford, presidente del Estado Mayor Conjunto, quizá tenga armas nucleares en su arsenal, pero rinde cuentas al presidente Trump. Jerome Powell no.

Aunque nuestra confianza en los bancos centrales ha aumentado considerablemente desde que Friedrich Hayek escribió el artículo mencionado, aún podría ser mayor. Sin embargo, puedo descargar estadísticas detalladas sobre el desempeño del dinero fiduciario que se remontan a décadas atrás. Conozco la oferta monetaria y las herramientas de política utilizadas, y puedo formarme mi propia opinión. Es mucho más difícil encontrar información sobre las criptomonedas y otras estadísticas de actividad, y su historial es mucho más breve.

El valor del euro y del dólar se sustenta en la credibilidad del BCE o de la Fed. En el caso de las criptomonedas, depende de la credibilidad de entidades y procesos desconocidos.

Confío mucho más en los bancos centrales de las economías desarrolladas que en cualquiera de las criptomonedas.

Privacidad y seguridad

Quedan la privacidad y la seguridad.

El efectivo es 100 % anónimo, pero existe cierto riesgo de robo. Las transacciones electrónicas no son anónimas, pero son más seguras.

Aunque algunas criptomonedas prometen anonimato, la más popular, Bitcoin, no lo ofrece, a menos que uno tenga mucho cuidado para ocultar sus huellas y cuente con conocimientos que solo están al alcance de un pequeño grupo de usuarios. La razón es que los registros de transacciones de la cadena de bloques no se pueden modificar ni eliminar y, por tanto, se pueden consultar.

Mientras tanto, no pasa un día sin que se informe de robos a inversores en criptomonedas. El mejor consejo es guardar la clave privada en un portátil desechable aislado de la red.

El efectivo y el dinero electrónico también están expuestos al robo. Aun así, las transacciones en efectivo no requieren una clave privada, y las claves son mucho menos importantes para las transacciones con dinero electrónico. Hay múltiples capas de seguridad que nos protegen. El dinero fiduciario de quienes no son expertos es muy seguro, siempre que tomen precauciones básicas.

Me siento bastante seguro al hacer operaciones bancarias por Internet sin recurrir a un portátil desechable aislado de la red.

Las criptomonedas solo están a salvo del robo si uno es experto y toma precauciones complejas. Es mucho más probable que seamos víctimas de un delito con criptomonedas que con efectivo o dinero electrónico.

Así que…

Las criptomonedas son inferiores a la mayoría de las formas de dinero fiduciario y a las inversiones, y no ofrecen privacidad ni seguridad.

Cuando digo esto a los defensores de las criptomonedas, suelen responder de dos maneras: que no las entiendo y que tienen cualidades nuevas y maravillosas que se me escapan.

Hay muchas cosas que no entiendo, pero me he esforzado por comprender cómo funcionan las criptomonedas. Sin embargo, uno puede conocer todos sus mecanismos y todos los detalles técnicos más complejos y, aun así, no tener ni idea de lo que significan.

Pensemos, por ejemplo, en los seres humanos. Puedo conocer toda la física, la química y la fisiología, y entender cómo funcionan las moléculas y los órganos, y aun así no saber nada de una persona en particular.

Con las criptomonedas ocurre lo mismo. Conocer los detalles de su funcionamiento no equivale a entender su función económica.

Las criptomonedas se parecen más a una religión o a una secta que a un fenómeno económico racional. Incluso tienen su propio mito fundacional: el esquivo Satoshi Nakamoto.

Espero alcanzar la iluminación.

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