El dominio de las grandes tecnológicas sobre el uso de internet y su control de los datos personales han dado lugar a llamamientos a descentralizar la red.
La tercera iteración de internet, Web3, se definirá por la tecnología de código abierto y utilizará la tecnología blockchain para funcionar sin necesidad de confianza ni permisos.
Web3 aún está en sus inicios y todavía quedan grandes interrogantes por abordar.
A medida que internet ha evolucionado, su influencia en nosotros ha sido profunda y ha dado forma a todo: desde lo que leemos, los productos que compramos y el entretenimiento que vemos hasta la manera en que nos comunicamos. Parece saberlo todo sobre nosotros: nuestros gustos y aversiones, nuestros amigos, nuestros hábitos de compra y nuestros vídeos favoritos de gatos.
Este conocimiento tan íntimo podría considerarse bueno o malo. Pueden dirigirte anuncios de productos que no sabías que querías y recomendarte artículos de noticias que no sabías que querías leer. Esta personalización puede ser práctica, pero también invasiva.
Hay muchas inquietudes sobre quién tiene acceso a esta información personal y quién la controla. Las grandes tecnológicas han recibido cada vez más críticas por el uso y el posible abuso de los datos personales, además de por su gran influencia sobre internet, basada en su dominio del mercado. En 2019, el 43 % del tráfico total de la red pasaba por Google (Alphabet), Amazon, Meta (antes Facebook), Netflix, Microsoft y Apple.
Este dominio es más acusado en sus principales categorías: Google controla casi el 87 % del mercado mundial de búsquedas y Meta alcanza los 3.600 millones de usuarios únicos en sus cuatro plataformas principales (Facebook, Whatsapp, Messenger e Instagram).
Recuperar el poder de las grandes tecnológicas
Web3 es una nueva iteración de internet que aprovecha la tecnología blockchain para «descentralizar» la gestión, reduciendo así el control de las grandes corporaciones, como Google o Meta, y haciendo que sea más democrática. Se define por el software de código abierto, funciona sin necesidad de confianza —no requiere el respaldo de un intermediario de confianza— y no requiere permisos (no tiene un órgano de gobierno).
Web3 recibe su nombre por ser la tercera iteración de internet. La primera iteración consistía en páginas web estáticas de solo lectura (puede verse como ejemplo la página de inicio de la BBC de agosto de 2000). La Web 2.0 añadió la posibilidad de interactuar y producir contenido, lo que hizo posibles actividades como las redes sociales y la banca y las compras en línea.
El concepto de Web3 existe desde hace más de media década; Gavin Wood, cofundador de Ethereum, acuñó originalmente el término en 2014. Sin embargo, ganó impulso en 2021 con la proliferación de tecnologías blockchain, la expansión de los mercados de NFT, las inversiones de capital riesgo y los continuos llamamientos a limitar el poder de las grandes tecnológicas.
El auge de Web3 en la práctica
La internet actual, Web 2.0, depende de sistemas y servidores que pertenecen en gran medida a grandes corporaciones, lo que genera inquietudes sobre la vulnerabilidad y el control de los sistemas. Cuando las plataformas asociadas a Meta sufrieron una interrupción mundial a principios de octubre —agravada por la centralización de sus servidores—, hubo llamamientos a adoptar Web3 y su arquitectura descentralizada.
Quienes promueven la adopción de Web3 también defienden que la actividad en internet se rija por la mayoría, en lugar de por los incentivos y sesgos de unos pocos. Al fin y al cabo, ¿por qué deberían las grandes corporaciones controlar nuestros datos?
En un mundo Web3, las actividades y los datos se alojarían en una red de computadoras que utiliza blockchain, en vez de en servidores corporativos. Al menos al principio, internet probablemente tendría el mismo aspecto y funcionamiento, pero tus actividades en internet estarían representadas por tu monedero de criptomonedas y los sitios web estarían alojados mediante aplicaciones descentralizadas (dapps), aplicaciones digitales que funcionan en una red blockchain.
La definición de Web3 puede variar según la fuente; sin embargo, es probable que el sistema incorpore algunas características comunes:
Inicio de sesión único y anónimo
El inicio de sesión único y anónimo permitirá usar un nombre de usuario y un método de autenticación en todos los sitios web y cuentas, en lugar de iniciar sesión por separado en cada sitio. Este acceso no exigiría que cedieras el control de tus datos personales sensibles.
Esta característica se diferencia del inicio de sesión único actual de Facebook o Google, que permite acceder a tus datos personales hasta que revoques ese acceso. Sin embargo, todas las transacciones en la blockchain son públicas, por lo que, técnicamente, todo el mundo puede ver los activos y los datos asignados a un monedero concreto. Esta transparencia también explica por qué los monederos son anónimos: se identifican solo por una dirección, no por un nombre, salvo que la persona decida asociar sus datos personales a su(s) monedero(s).
Propiedad individual y tokenización
Las actividades que contribuyen a Web3 se recompensan con un token (ya sea un NFT o un token fungible, por ejemplo, una criptomoneda) para incentivar la participación y distribuir la propiedad.
Por ejemplo, al publicar un nuevo mensaje en redes sociales, se «acuñaría» (generaría) un NFT que lo representara y se almacenaría como activo en un monedero de criptomonedas. Este token representa la propiedad del mensaje, que luego puede intercambiarse con otras personas a través de sus monederos. Si la publicación se hace popular, los beneficios irían a parar al propietario del token, en lugar de a la plataforma donde está alojada.
Autogobierno
Junto con la distribución de la propiedad se distribuye el poder de tomar decisiones. Sin una autoridad central, las blockchains dependen de toda la red para verificar una actividad mediante consenso. Sin embargo, pueden establecerse sistemas específicos, como los que utilizan las organizaciones autónomas descentralizadas para democratizar la toma de decisiones en función de la calidad o el volumen de la inversión de una persona en un sitio o una dapp.
Por ejemplo, en función de su participación en la propiedad de una plataforma, los usuarios pueden votar las reglas que rigen un sitio (por ejemplo, qué se considera desinformación). Después, estas reglas se ejecutan mediante contratos inteligentes.
Web3 en sus inicios
Aunque existen varias dapps de Web3, todavía no hay una infraestructura amplia de Web3 como la de la internet actual. Se necesitan importantes esfuerzos de desarrollo, consolidación y accesibilidad a gran escala antes de que se haga realidad la visión de Web3, si es que llega a hacerse realidad.
Hay muchos factores que considerar para una adopción generalizada, por lo que es posible que Web3 no esté a la altura de las expectativas que ha generado. Siguen abiertas preguntas como estas: ¿puede Web3 crecer de forma sostenible? ¿Ofrecerá realmente soberanía en línea? ¿Podemos educar a la mayoría y cambiar su cultura para que comprenda Web3?
No hay respuestas de una sola palabra a estas preguntas, pero esperamos explorar en futuros artículos el potencial y los desafíos que plantean.


