Cuando pensamos en las dificultades de colonizar otro planeta, probablemente lo último que nos preocupa es el sexo. Sin embargo, es una cuestión fundamental para que nuestra especie sobreviva más allá de la Tierra. Aunque ningún astronauta ha reconocido haber mantenido relaciones sexuales en el espacio, sí se han llevado a cabo numerosos experimentos de reproducción.
Esto se debe a que diversas especies animales —desde moscas de la fruta hasta peces—, así como sus óvulos, espermatozoides y embriones, han sido enviados al espacio para que podamos estudiar cómo se reproducen. Si bien estos estudios indican que las primeras etapas de la reproducción en el espacio son posibles, otras investigaciones sugieren que la menor gravedad puede ralentizar el desarrollo del embrión.
Muchos de estos estudios se han basado en la fecundación in vitro con espermatozoides y óvulos en órbita. También se han enviado embriones y animales que ya estaban preñados al espacio. Sin embargo, todavía no hemos visto el proceso completo de un animal que queda preñado en el espacio, atraviesa un embarazo normal y tiene crías sanas allí, así que aún queda mucho camino por recorrer.
A las agencias espaciales, los astronautas y los científicos les interesan especialmente los efectos de la radiación en la reproducción. El espacio está lleno de partículas de alta energía que pueden dañar nuestro ADN. En la Tierra, gracias a la atmósfera, nuestra exposición a este tipo de radiación es unas 100 veces menor que en la Estación Espacial Internacional (EEI). Ahora, un nuevo estudio, publicado en PNAS, ha investigado los efectos de la radiación espacial en la reproducción masculina al enviar espermatozoides de ratón a la EEI.
El primer reto para los investigadores fue decidir cuál era la mejor manera de enviar los espermatozoides hasta allí. Optaron por liofilizarlos, como el café instantáneo. Así, los espermatozoides pesaban prácticamente nada y podían conservarse a temperatura ambiente, condiciones ideales para viajar en un cohete o a un planeta lejano. Los espermatozoides de ratón permanecieron entonces 288 días en la EEI antes de regresar a la Tierra, donde se compararon con espermatozoides frescos de los mismos ratones.
Primero, los científicos analizaron cómo afectaba el viaje espacial a la integridad del ADN de los espermatozoides. Sabemos que un alto nivel de fragmentación del ADN espermático está asociado a la infertilidad masculina. Como era de esperar, los científicos descubrieron que los espermatozoides expuestos al espacio tenían más ADN fragmentado que los que se habían quedado en la Tierra. Sin embargo, al utilizarlos para fecundar un óvulo de ratón, dieron lugar a una cantidad similar de embriones sanos, y esas crías podían desarrollarse hasta convertirse en ratones adultos normales y fértiles. Como última prueba, los investigadores compararon los patrones de expresión génica en el cerebro de los ratones adultos. No observaron diferencias generales y concluyeron que los espermatozoides expuestos al espacio eran igual de capaces de generar descendencia.
El efecto mínimo sobre la fertilidad observado en estos estudios, realizados en condiciones muy controladas, parece coincidir con las observaciones sobre la fertilidad de los astronautas que regresan del espacio. Sin embargo, este es el primer estudio que examina directamente cómo daña el viaje espacial a los espermatozoides.
Así que parece que los viajes espaciales de corta duración no afectan a la calidad de los espermatozoides. De algún modo, parecía que los espermatozoides dañados por el viaje espacial se «reparaban» al fecundar el óvulo de ratones jóvenes y sanos. Esto sugiere que los óvulos pueden compensar la menor calidad de los espermatozoides, reparar el ADN dañado y asegurar el desarrollo del embrión. Sin embargo, sería interesante comprobar si los óvulos que han viajado al espacio también repararían igual de bien los espermatozoides de baja calidad.

De hecho, si la humanidad va a colonizar otro planeta, se necesitarán tanto hombres como mujeres. Otro factor que hay que tener en cuenta es la edad. Con la edad aumenta el daño en el ADN de nuestras células. Por desgracia, a medida que envejecen los óvulos, disminuye su capacidad para reparar el ADN dañado, ya sea el suyo propio o el de los espermatozoides. Por lo tanto, hacen falta más estudios sobre cómo afecta el viaje espacial a la reproducción masculina y femenina, y sobre si la edad es un factor importante para el éxito reproductivo.
Daño por radiación
Durante los viajes espaciales, es esencial proteger el cuerpo de la radiación cósmica nociva. Si el ADN dañado no se repara correctamente, puede aumentar nuestras probabilidades de desarrollar cáncer. Por eso usamos protector solar en la Tierra, para bloquear los dañinos rayos ultravioleta que podrían aumentar el riesgo de cáncer de piel. Del mismo modo, la exposición a materiales muy radiactivos provoca enfermedad por radiación y un aumento de las tasas de cáncer.
Por ello, parece sensato reducir al máximo nuestra exposición a la radiación, así como la de nuestros espermatozoides y óvulos. Todo el mundo coincide en que exponerse a niveles muy altos de radiación es perjudicial, pero hay menos consenso sobre la exposición a dosis menores, como las que se reciben en la EEI. Un pequeño número de científicos cree que la exposición a dosis bajas de radiación podría incluso ayudar a nuestro cuerpo a reparar el ADN dañado.
De hecho, estudios con ratones han demostrado que la exposición a dosis bajas de radiación los protege de exposiciones posteriores a dosis más altas. Del mismo modo, la exposición de ratones preñados a los niveles de radiación que experimentan las personas que viven cerca del reactor de Chernóbil no dañó a sus crías antes de nacer. De hecho, cuando llegaron a adultas, eran más resistentes a los efectos dañinos de niveles altos de radiación.
Aunque los estudios han demostrado que los aspectos fundamentales de la reproducción son posibles en el espacio, aún quedan muchos pasos por dar. Entre ellos están la fecundación, la implantación del embrión, el desarrollo fetal y, por supuesto, el parto. En estudios en los que se enviaron ratas preñadas al espacio para dar a luz, se observó que tenían el doble de contracciones que las ratas en la Tierra.
Aunque el sexo en el espacio no ha sido una prioridad para la NASA, la supervivencia de la humanidad bien podría depender de que entendamos mejor cómo reproducirnos en gravedad cero.


