El Yara Birkeland no es un buque de carga corriente. Si todo sale bien, la embarcación, que se está construyendo para una empresa noruega de fertilizantes agrícolas, se convertirá en el primer buque de carga totalmente autónomo del mundo cuando entre en servicio en 2020.
La legislación internacional vigente sobre transporte marítimo establece que los buques oceánicos deben contar con una tripulación adecuada, por lo que los buques totalmente autónomos y no tripulados no están permitidos en aguas internacionales. Por ello, el Yara Birkeland tendrá que operar siempre cerca de la costa noruega y realizar viajes cortos y regulares entre tres puertos del sur del país.
Pero el sector marítimo está cambiando y, a principios de este año, la Organización Marítima Internacional (OMI) de la ONU inició conversaciones que podrían permitir a los buques no tripulados navegar por los océanos. Esto plantea la posibilidad de que buques «fantasma» sin tripulación surquen los océanos, con el potencial de abaratar el transporte marítimo y reducir los accidentes.
Por ejemplo, varias navieras japonesas estarían invirtiendo, según se informa, cientos de millones de dólares en esta tecnología. Y la empresa británica Rolls-Royce presentó a principios de este año el primer buque comercial no tripulado y controlado a distancia del mundo.
Sin embargo, retirar de los buques a tripulaciones experimentadas significa que cualquier accidente que ocurra podría tener consecuencias mucho más graves. Además, aún quedan muchas barreras prácticas, normativas y tecnológicas por superar para convertir la flota mundial de buques de carga en una flota totalmente autónoma, y eso podría hacer que pasara mucho tiempo antes de que invertir en esta tecnología fuera realmente rentable.
El Comité de Seguridad Marítima de la OMI se reunió por 98.ª vez en junio de 2017 e inició conversaciones que podrían llevar a modificar las normas establecidas por el Convenio internacional para la seguridad de la vida humana en el mar. Pero todo indica que probablemente será un proceso largo y complejo. Apenas se han empezado a considerar las cuestiones relacionadas con la seguridad y la economía de los buques no tripulados. Queda mucho trabajo por hacer antes de encontrar soluciones o alcanzar acuerdos.
¿Menos accidentes?
Uno de los principales problemas es la seguridad de depender exclusivamente de ordenadores para operar buques a lo largo de vastas distancias oceánicas. Algunos creen que los buques autónomos tendrían menos accidentes porque la mayoría de los accidentes marítimos son colisiones o encallamientos causados por personas. En su informe anual de 2016, la Agencia Europea de Seguridad Marítima concluyó que el 62 % de los 880 accidentes ocurridos en todo el mundo entre 2011 y 2015 se debieron a «errores humanos».
Si aceptamos que los buques autónomos podrían navegar sin cometer los mismos errores que una tripulación humana, las estadísticas parecen respaldar esa idea. Pero la realidad es mucho más compleja.
Un estudio de marzo de 2017analizó 100 accidentes ocurridos entre 1999 y 2015. Los investigadores trataron de determinar si habría sido más o menos probable que ocurrieran esos accidentes si el buque no hubiera tenido tripulación. Concluyeron que la probabilidad de encallamientos o colisiones podría haber disminuido considerablemente si esos buques hubieran sido no tripulados.
Pero también señalaron que, cuando ocurren accidentes, sus consecuencias pueden ser más graves si no hay una tripulación que intervenga. En particular, los accidentes con incendios pueden ser más serios si no hay tripulantes que actúen como bomberos. Esto significa que no está nada claro que el riesgo general de accidentes disminuyera considerablemente si los buques fueran no tripulados, aunque sí hay argumentos para sostener que habría menos accidentes.
Los operadores de buques de carga también solo adoptarán buques no tripulados si ofrecen ventajas económicas. Si se pueden aumentar los márgenes de beneficio, la rentabilidad de la inversión en la compra y operación de un buque podría resultar atractiva. Una vez más, el panorama completo es complejo. Un estudio recienteque examinó las posibles ventajas económicas de los buques no tripulados concluyó que, en efecto, se pueden lograr ahorros, principalmente en salarios de la tripulación, alojamiento y servicios básicos.
Costes inesperados
Pero también surgirán nuevos costes, pues hará falta una nueva plantilla para cubrir puestos en centros de operaciones en tierra que faciliten la conciliación familiar. El coste de los nuevos sensores y sistemas de control necesarios también contrarrestará cualquier ahorro potencial. El estudio concluyó que, si se tiene en cuenta una posible mejora de la eficiencia del combustible, un buque granelero no tripulado quizá pueda reducir el coste del transporte de mercancías apenas un 3,4 %.
También hay un problema práctico. La mayoría de los buques funcionan con fuelóleo pesado, tan espeso y contaminante que debe calentarse y purificarse a bordo antes de su uso. El estudio concluyó que automatizar este proceso sería poco práctico. De ser así, los buques no tripulados tendrían que funcionar con un combustible más refinado, como el gasóleo de calidad marina. Esto cambiaría sustancialmente el argumento económico y elevaría hasta un 14,8 % el coste de transportar mercancías.
A medida que el Yara Birkeland emprenda su camino para convertirse en el primer buque totalmente autónomo, habrá mucho interés en ver cómo le va. Parece inevitable que los buques no tripulados alcancen la mayoría de edad. Pero aún quedan muchos problemas por resolver antes de que se conviertan en una opción habitual para las navieras.


