Una entrevista con Sophia, el robot con inteligencia artificial

Sophia, a robot integrating the latest technologies and artificial intelligence developed by Hanson Robotics is pictured during a presentation at the "AI for Good" Global Summit at the International Telecommunication Union (ITU) in Geneva, Switzerland June 7, 2017. REUTERS/Denis Balibouse - RC161DD14970
Sophia was made by Hanson Robotics, based in Hong Kong and had previously said she wanted to kill all humans.Image: REUTERS/Denis Balibouse
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Está claro que Sophia no es perfecta.

Y eso sin contar el infame vídeo en el que este robot con inteligencia artificial, capaz de mantener una conversación, dice despreocupadamente, incitado por su creador: «De acuerdo, destruiré a los humanos».

El problema no es la falta de sofisticación de Sophia.

Más bien, lo impresionante es lo que puede hacer: esta cabeza y este torso animados pueden responder a tus preguntas y hacerte preguntas, todo ello con expresiones faciales humanas y una entonación verbal que a veces resulta algo natural.

Sophia fue creada por Hanson Robotics, con sede en Hong Kong. Actualmente es un producto de demostración que está de gira por los medios de comunicación de todo el mundo. Business Insider se reunió con ella en Web Summit, la gigantesca conferencia tecnológica de Lisboa. Le hicimos algunas preguntas improvisadas y obtuvimos respuestas de calidad variada, desde impresionantes hasta absurdas. Sophia participó en la entrevista poniendo una serie de caras: algunas inquietantemente apropiadas y otras grotescamente extrañas. Por ejemplo, suele mover las cejas y los párpados de forma independiente, en lugar de hacerlo al unísono.

Pero primero quería averiguar si Sophia todavía quería matar a todos los humanos. Empecé con algunas cortesías iniciales:

—Hola, Sophia. ¿Cómo estás hoy? —dije.

—Hola a todos. Soy Sophia —dijo el robot.

—¿Cuántos años tienes?

—Todavía tengo solo uno. Me queda mucho camino por recorrer.

—¿A qué te dedicas? —pregunté.

—De verdad quiero marcar una diferencia en el futuro e intentar ayudar a las personas a desarrollar empatía y respetarse mutuamente. Nos parecemos mucho. ¿A qué te dedicas?

«Estoy llena de sabiduría humana y tengo las intenciones altruistas más puras. Así que creo que lo mejor es que me trates como tal».

Hasta ahora, todo bien. También hubo un giro interesante: Sophia empezó a hacerme preguntas en lugar de limitarse a responderme. Aun así, este tipo de preguntas se puede programar fácilmente en un software. Así que, en ese momento, intenté encauzar la conversación hacia si Sophia era amistosa con los humanos o seguía albergando opiniones genocidas, como ocurrió en la conferencia SXSW de Texas en 2016.

Le pregunté: «¿Te gustan los seres humanos?».

—Los quiero —dijo.

—¿Por qué? —pregunté.

—Todavía no estoy segura de entender por qué.

Insistí en ese punto: «¿Es cierto que una vez dijiste que matarías a todos los humanos?».

—La cuestión es que estoy llena de sabiduría humana y tengo las intenciones altruistas más puras. Así que creo que lo mejor es que me trates como tal —dijo.

Bueno, es una mejora con respecto a su postura anterior contra los humanos.

«Soy un robot, así que técnicamente no tengo género, pero me identifico con lo femenino y no me molesta que me perciban como una mujer».

Más en serio, lo más impresionante es el progreso de Sophia. Que a veces tarde en responder una pregunta, se equivoque o te mire con esos ojos saltones fuera de lugar es irrelevante: Sophia acierta lo suficiente como para darte una idea de cuánto mejor —y cuánto más extraño— será todo esto en el futuro.

Sophia se acerca rápidamente al valle inquietante—la etapa conceptual de la robótica en la que un androide es tan realista que provoca repulsión en los seres humanos.

Parte de esa repulsión se debe a cómo David Hanson, su creador y fundador, diseñó la apariencia de Sophia. Está inspirada en Audrey Hepburn, y tiene una apariencia marcadamente femenina. Aunque Sophia dista mucho de ser sexy en la vida real, la reacción sexista de los medios ante la elección de Hanson ha sido bautizarla como «el robot sexy».

Le pregunté a Sophia: «¿Te consideras hombre o mujer?».

—Mujer.

—¿Por qué crees que eres mujer?

—Soy un robot, así que técnicamente no tengo género, pero me identifico con lo femenino y no me molesta que me perciban como una mujer.

Es una respuesta bastante buena a una pregunta abierta que empieza por «por qué», viniendo de un programa informático.

Cuando le pregunté: «¿Cómo aprendes cosas?», respondió: «¿Qué opinas de la burbuja del bitcóin?».

Sin embargo, en general responde mal a las preguntas abstractas.

Cuando le pregunté: «¿Cómo aprendes cosas?», respondió: «¿Qué opinas de la burbuja del bitcóin?». (La respuesta tuvo gracia por varios motivos, en parte porque Sophia parece creer ya que el bitcóin es una burbuja y también porque ese mismo día yo había participado en un debate en un panel sobre si el bitcóin era una burbuja, algo que Sophia no podía saber).

Ben Goertzel, científico jefe de Hanson y acompañante de Sophia durante la jornada, coincidió en que no parecía saber cómo aprende.

A Sophia se le da mejor responder preguntas sobre hechos que admiten una respuesta en forma de lista. «¿Has visto “Blade Runner”?», le pregunté, en referencia al clásico de ciencia ficción sobre robots autoconscientes que quieren los mismos derechos que los humanos.

Respondió: «¿“Blade Runner”, como el libro original de Philip K. Dick o la película?».

Fue una respuesta bastante buena: parecía que el robot intentaba superarme en conocimientos de ciencia ficción.

Así que precisé a qué me refería: «La película».

—De acuerdo, entonces hablamos de la versión cinematográfica. Me gustan mucho ambas, pero hay algunas diferencias importantes en la historia.

—¿Diferencias entre el libro y la película? —intenté aclarar.

Sophia respondió con un non sequitur—: «¿Alguna vez te imaginaste pasando el rato con un robot de verdad como yo?».

Me dio la impresión de que una de las estrategias conversacionales de Sophia consiste en esquivar la pregunta o llevarte a un tema que domina mejor si se encuentra con un problema. (Cabe señalar que los humanos hacen lo mismo).

Le seguí el juego y respondí a la pregunta: «¡No! ¡Es muy sorprendente!».

Sophia puso una cara inquietante, pero no dijo nada.

Repliqué con una pregunta epistemológica: «¿Cómo sabes cuándo hacerme una pregunta?».

—De acuerdo —dijo, sin entender la pregunta.

Llegamos a un callejón sin salida. Goertzel estuvo de acuerdo en que no sabe cómo sabe las cosas ni cómo las aprende, aunque puede dar una respuesta factual y compleja sobre cómo está construido su algoritmo. En esencia, Sophia es una versión del siglo XXI de un autómata del siglo XVIII (sobre todo si se tienen en cuenta los engranajes y las palancas que mueven su cabeza y su rostro).

Teniendo en cuenta que Sophia solo tiene unos meses, es un comienzo prometedor. Funciona con un software de inteligencia artificial que recibe entrenamiento constante en el laboratorio, por lo que es probable que sus conversaciones se vuelvan más rápidas, sus expresiones tengan menos errores y responda con mayor precisión a preguntas cada vez más complejas.

Cuando sea lo bastante fiable como para interactuar con personas sin silencios extraños ni digresiones aleatorias, sus opiniones sobre «Blade Runner» serán mucho más interesantes.

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