El panorama tradicional de inversión, con sus acciones, bonos y fondos de inversión ofrecidos por las grandes empresas de servicios financieros, no encaja de forma natural con los millennials. Esta generación creció en la época de la crisis financiera y exige mucho más que buscar el máximo beneficio. Los millennials anhelan una misión de mayor alcance y un impacto mayor en el trabajo que realizan y en las empresas a las que apoyan.
Son la primera generación que ha tenido la tecnología digital al alcance de la mano. Tienen competencias digitales. El auge de la economía colaborativa hace que la propiedad se vea a menudo como una carga, más que como una aspiración. Esta nueva generación de inversores quiere participar, no ser propietaria. Para atraer a estos inversores, el sector de los servicios financieros debe transformar su enfoque y ofrecer productos de acceso fácil y económico; reducir o eliminar la necesidad de intermediarios; y dar a los inversores la oportunidad de formar parte de algo.
Por lo general, se considera millennials a las personas nacidas entre 1981 y 1996. En todo el mundo hay 1.800 millones, aproximadamente una cuarta parte de la población mundial. Y, según World Lab Data, el poder adquisitivo de esta generación será mayor que el de cualquier generación anterior.
Aunque la economía se ha recuperado desde la crisis financiera de la década pasada, muchos valores de los millennials surgidos de la recesión se han mantenido. Un estudio de PWC reveló que el 43 % de los millennials está de acuerdo en que «hoy en día, ser propietario se siente como una carga».
En esta época, la generación millennial no solo representa una enorme proporción de los empleados de la economía colaborativa, sino que también es la principal consumidora de los servicios de empresas como Airbnb y Uber. El éxito de estas empresas radica en su capacidad para aliviar la carga de la propiedad, así como en ofrecer una experiencia de usuario fluida, algo fundamental para su crecimiento.
Abriendo camino a la tokenización
Teniendo en cuenta todas estas tendencias, creemos que la tokenización será especialmente adecuada para los inversores millennials. Definimos la tokenización como el proceso de convertir activos existentes o flujos de caja futuros en valores digitales negociables mediante la tecnología blockchain.
Esta tecnología posibilitadora nos permite hacer cosas que antes no eran posibles. Democratiza el acceso a las oportunidades de inversión y permite personalizar y adaptar los productos financieros a las nuevas demandas de una sociedad impulsada por las comunidades.
Imaginemos que hubiera una forma de invertir en una empresa cuyo servicio o producto utilizas con regularidad, como una empresa de transporte compartido. En lugar de pagar dividendos sobre el capital a discreción de la dirección de la empresa y depender de intermediarios como corredores y bancos, la empresa podría pagar automáticamente a los inversores mediante un contrato inteligente. A continuación, la empresa podría emitir un token que pague un porcentaje de todas las ventas en una zona geográfica específica (como tu barrio) o en una línea de negocio. Esto crearía un ciclo de incentivos para que las comunidades utilicen los servicios o productos de esas empresas y animaría a otros consumidores a hacer lo mismo.
Obstáculos para su adopción
Sin embargo, aún quedan algunos retos por superar antes de que la tokenización se adopte de forma generalizada. Vimos sus inicios hace tres años, con el auge de las ofertas iniciales de monedas (ICO, por sus siglas en inglés). A pesar de algunos proyectos serios y exitosos, los emisores han hecho un uso indebido de las ICO. La mayoría carecía de una justificación comercial sólida, de transparencia y de la información adecuada, lo que provocó pérdidas para los inversores.
El reto ahora consiste en pasar de un mundo de desconfianza creado por la burbuja de las ICO a otro con perspectivas de crecimiento a largo plazo y que atienda las necesidades y los deseos de los inversores. Creemos que esto requiere un marco regulatorio más integral.
Sin embargo, empezamos a ver un cambio positivo, ya que los organismos reguladores de todo el mundo están respondiendo a los retos mencionados y publicando progresivamente directrices para las inversiones en tokens y, en general, en valores digitales.
Los organismos reguladores parecen coincidir en que las inversiones en tokens pueden estar sujetas a las normativas vigentes sobre valores y mercados financieros. También están de acuerdo en que las leyes de protección al consumidor y contra el blanqueo de capitales deben aplicarse a los activos digitales.
Así parece ocurrir con la SEC en Estados Unidos, la FINMA en Suiza, la ESMA en la Unión Europea y el Grupo de Trabajo sobre Criptoactivos del Reino Unido, integrado por el Banco de Inglaterra, la FCA y el Tesoro.
La respuesta de los organismos reguladores está aportando claridad a los participantes del mercado y abriendo camino a la participación. La nueva oleada de tokens digitales ofrecerá a los inversores mayor transparencia, información sobre riesgos y protecciones acordes con la legislación sobre valores.
También existen retos relacionados con la evolución del panorama tecnológico y la infraestructura del mercado, como la escalabilidad y la compatibilidad entre los protocolos blockchain existentes, así como la necesidad de marcos adecuados de custodia y ciberseguridad para esta nueva clase de activos.
A pesar de estos retos, creemos que la tokenización transformará el panorama de la inversión y ofrecerá a todos los inversores, no solo a los millennials, una nueva forma de relacionarse con las comunidades y las empresas con las que comparten afinidades. Solo hará falta algo de tiempo para resolver los problemas mencionados.
Lee el informe de PwC de 2015 «The Sharing Economy Report» aquí.


