Pedir a las personas que piensen en las sensaciones y emociones de entidades inanimadas o no humanas permite vislumbrar cómo conciben la vida mental.
Las respuestas muestran que los estadounidenses dividen la vida mental en tres partes —cuerpo, corazón y mente—, un hallazgo que cuestiona investigaciones anteriores sobre el tema y podría tener importantes implicaciones para comprender las interacciones sociales y los juicios morales de las personas.
Considerar que un robot tiene una «mente» —o incluso un «corazón»— puede permitir que las personas humanicen a los robots.
Según Kara Weisman, estudiante de doctorado en Psicología en la Universidad de Stanford y autora principal del estudio, a la mayoría de las personas les cuesta responder preguntas filosóficas profundas sobre la vida mental, como «¿Qué es la conciencia?» o «¿Qué significa estar vivo?».
En lugar de abordar preguntas filosóficas generales, Weisman, junto con los psicólogos de Stanford y coautores del estudio Carol Dweck y Ellen Markman, investigó cómo las personas comunes comprenden las sensaciones, emociones, pensamientos y otras capacidades mentales que conforman la vida mental.
El grupo planteó preguntas sencillas a 1.400 adultos de Estados Unidos sobre las capacidades mentales de distintos seres. Por ejemplo, en el primer estudio, la mitad de los participantes vio una imagen de un robot y la otra mitad, una de un escarabajo. Después respondieron preguntas como «¿Puede un escarabajo experimentar alegría?» y «¿Puede un robot experimentar culpa?». En total, plantearon a cada participante 40 preguntas similares y luego analizaron cómo se relacionaban entre sí todas las respuestas.
«Nuestro interés principal estaba realmente en los patrones de las respuestas de las personas a estas preguntas», afirma Weisman. «Así, cuando alguien pensaba que un robot podía pensar o recordar cosas, ¿qué más creía que era capaz de hacer? Al observar los patrones en las respuestas de las personas, podíamos inferir la estructura conceptual subyacente».
Esos patrones dieron lugar a tres grandes grupos de capacidades mentales: cuerpo (sensaciones fisiológicas, como el hambre y el dolor), corazón (capacidades socioemocionales, como la culpa y el orgullo) y mente (capacidades perceptivas y cognitivas, como la memoria y la visión). Estos grupos destacaban tanto cuando los participantes juzgaban a los seres por separado como cuando los comparaban directamente, o cuando los investigadores ampliaban el conjunto de personajes para incluir entidades como un feto, un chimpancé o una grapadora.
¿Dos componentes o tres?
Un estudio de 2007 realizado por psicólogos de Harvard se ha considerado en gran medida el referente para la percepción de la mente. Ese estudio propuso un marco con dos componentes: la experiencia (la capacidad de sentir hambre y alegría) y la agencia (la capacidad de planificar o tener autocontrol).
Los investigadores de Stanford calificaron ese estudio de «trabajo pionero», pero afirman que no aborda cómo las personas desglosan la vida mental en sí. Weisman explica que el estudio de Harvard trató las diferencias entre seres —por ejemplo, entre un escarabajo y un perro—, pero no identificó las categorías o partes de la mente.
«Si la pregunta es “¿Cuáles son las partes de la mente?”, creo que nuestros estudios indican que la respuesta se parece más a este modelo de cuerpo, corazón y mente que al marco de agencia y experiencia. Creo que ambos marcos pueden complementarse para ampliar nuestra comprensión del razonamiento social, y sería fascinante explorar esta cuestión en futuras investigaciones», afirma Weisman.
Humanizar a los robots y a los demás
Según los investigadores, los hallazgos podrían contribuir a mejorar las relaciones de las personas con la tecnología y con sus semejantes. Por ejemplo, desde el marco de cuerpo, corazón y mente, considerar que un robot tiene una «mente» —o incluso un «corazón»— puede permitir que las personas lo humanicen y, por tanto, aumentar las probabilidades de que la interacción sea fluida.
Según los investigadores, el marco también podría arrojar luz sobre cómo reducir la deshumanización entre las personas. Por ejemplo, la cosificación podría manifestarse al destacar el cuerpo de una persona por encima de su mente y su corazón, mientras que otras formas de prejuicio y estereotipos podrían consistir en centrarse únicamente en la «mente» de las personas y descuidar su vida emocional, o en fijarse solo en su «corazón» y subestimar sus capacidades intelectuales.
El modelo de cuerpo, mente y corazón puede ofrecer una perspectiva útil para entender cómo y por qué las personas amplían o reducen las capacidades mentales dentro de esos tres grandes grupos.
«Este es un marco nuevo y apasionante, pero apenas estamos empezando», afirma Dweck. «Esperamos que sirva como punto de partida para desarrollar teorías e investigaciones sobre cómo las personas comunes reflexionan acerca de antiguas preguntas sobre la mente».
Los hallazgos se publican en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias.
El trabajo recibió financiación de la Fundación Nacional de Ciencias y de una beca de posgrado William R. and Sara Hart Kimball de Stanford.


