La creatividad suele definirse como la capacidad de concebir ideas nuevas y útiles. Al igual que la inteligencia, puede considerarse un rasgo que todas las personas —no solo los «genios» creativos como Picasso y Steve Jobs— poseen en cierta medida.
No se trata solo de la capacidad de dibujar o diseñar un producto. Todos necesitamos pensar de forma creativa en nuestra vida cotidiana, ya sea para decidir cómo preparar la cena con las sobras o para confeccionar un disfraz de Halloween con la ropa que tenemos en el armario. Las tareas creativas van desde lo que los investigadores llaman la creatividad «c» minúscula hasta la creatividad «C» mayúscula:la creatividad «c» minúscula — crear un sitio web, preparar un regalo de cumpleaños o inventar un chiste gracioso — hasta la creatividad«C» mayúscula: escribir un discurso, componer un poema o diseñar un experimento científico.
Los investigadores de psicología y neurociencia han empezado a identificar los procesos de pensamiento y las regiones cerebrales que intervienen en la creatividad. Las pruebas recientes sugieren que la creatividad implicauna interacción compleja entre el pensamiento espontáneo y el controlado — la capacidad tanto de generar ideas espontáneamente como de evaluarlas deliberadamente para determinar si realmente funcionarían.
Pese a estos avances, la respuesta a una pregunta ha seguido siendo especialmente difícil de encontrar: ¿qué hace que algunas personas sean más creativas que otras?
En un nuevo estudio, mis colegas y yo examinamos si la capacidad de pensamiento creativo de una persona puede explicarse, en parte, por la conexión entre tres redes cerebrales.
Cartografiar el cerebro durante el pensamiento creativo
En el estudio, pedimos a 163 participantes que realizaran una prueba clásica de «pensamiento divergente», llamada tarea de usos alternativos, que consiste en pensar en usos nuevos e inusuales para distintos objetos. Mientras completaban la prueba, se sometieron a escáneres de resonancia magnética funcional (fMRI), que miden el flujo sanguíneo en distintas partes del cerebro.
La tarea evalúa la capacidad de las personas paraapartarse de los usos habituales de un objeto. Por ejemplo, en el estudio mostramos a los participantes en una pantalla distintos objetos, como un envoltorio de chicle o un calcetín, y les pedimos que idearan formas creativas de utilizarlos. Algunas ideas eran más creativas que otras. Para el calcetín, un participante propuso usarlo para calentarse los pies —el uso habitual de un calcetín—, mientras que otro sugirió utilizarlo como sistema de filtración de agua.
Es importante señalar que descubrimos que las personas que obtuvieron mejores resultados en esta tarea también tendían a declarar que tenían más aficiones y logros creativos, lo cual escoherente con estudios anterioresque demuestran que la tarea mide la capacidad general de pensamiento creativo.
Después de que los participantes completaran estas tareas de pensamiento creativo en el escáner de fMRI, medimos la conectividad funcional entre todas las regiones cerebrales: hasta qué punto la actividad de una región se correlacionaba con la de otra.
También clasificamos sus ideas según su originalidad: los usos habituales recibieron puntuaciones más bajas (usar un calcetín para calentarse los pies), mientras que los usos poco comunes obtuvieron puntuaciones más altas (usar un calcetín como sistema de filtración de agua).
A continuación, correlacionamos la puntuación de creatividad de cada persona con todas las conexiones cerebrales posibles (aproximadamente 35.000) y eliminamos las conexiones que, según nuestro análisis, no se correlacionaban con las puntuaciones de creatividad. Las conexiones restantes constituyeron una red de «alta creatividad», un conjunto de conexiones muy relevantes para generar ideas originales.
Una vez definida la red, quisimos comprobar si una persona con conexiones más fuertes en esta red de alta creatividad obtendría buenos resultados en las tareas. Para ello, medimos la fuerza de las conexiones de cada persona en esta red y luego utilizamos modelos predictivos para comprobar si podíamos estimar su puntuación de creatividad.
Los modelos revelaron una correlación significativa entre las puntuaciones de creatividad previstas y las observadas. En otras palabras, podíamos estimar cuán creativas serían las ideas de una persona a partir de la fuerza de sus conexiones en esta red.
También comprobamos si podíamos predecir la capacidad de pensamiento creativo en tres nuevas muestras de participantes cuyos datos cerebrales no se habían utilizado para crear el modelo de la red. En todas las muestras, descubrimos que podíamos predecir —aunque de forma modesta— la capacidad creativa de una persona basándonos en la fuerza de sus conexiones en esta misma red.
En general, las personas con conexiones más fuertes concebían mejores ideas.
Qué ocurre en una red de «alta creatividad»
Descubrimos que las regiones cerebrales de la red de «alta creatividad» pertenecían a tres sistemas cerebrales específicos: las redes por defecto, de saliencia y ejecutiva.
La red por defecto es un conjunto de regiones cerebrales que se activan cuando las personas se entregan al pensamiento espontáneo, como divagar, soñar despiertas e imaginar. Esta red puede desempeñar un papel clave en la generación de ideas o la lluvia de ideas: pensar en varias soluciones posibles para un problema.
La red de control ejecutivo es un conjunto de regiones que se activan cuando las personas necesitan concentrarse o controlar sus procesos de pensamiento. Esta red puede desempeñar un papel clave en la evaluación de ideas, es decir, en determinar si las ideas surgidas de una lluvia de ideas realmente funcionarían y modificarlas para que se ajusten al objetivo creativo.
La red de saliencia es un conjunto de regiones que actúa como mecanismo de conmutación entre las redes por defecto y ejecutiva. Esta red puede desempeñar un papel clave al alternar entre la generación y la evaluación de ideas.
Una característica interesante de estas tres redes es que, por lo general, no se activan al mismo tiempo. Por ejemplo, cuando se activa la red ejecutiva, la red por defecto suele desactivarse. Nuestros resultados sugieren que las personas creativas pueden activar simultáneamente con mayor facilidad redes cerebrales que normalmente funcionan por separado.
Nuestros hallazgos indican que el cerebro creativo está «cableado» de otra manera y que las personas creativas pueden activar mejor sistemas cerebrales que normalmente no trabajan juntos. Curiosamente, los resultados coinciden con estudios recientes de fMRI sobre artistas profesionales, entre ellos músicos de jazz que improvisan melodías, poetas que escriben nuevos versos y artistas visuales que esbozan ideas para la portada de un libro.
Se necesitan más investigaciones para determinar si estas redes son maleables o relativamente fijas. Por ejemplo, ¿tomar clases de dibujo aumenta la conectividad dentro de estas redes cerebrales? ¿Es posible potenciar la capacidad general de pensamiento creativo modificando las conexiones de la red?
Por ahora, estas preguntas siguen sin respuesta. Como investigadores, solo tenemos que activar nuestras propias redes creativas para averiguar cómo responderlas.


