Este año se cumplen 20 años desde que el ordenador de IBM Deep Blue venció al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov en un encuentro de seis partidas. Fue sin duda un hito: durante años, el ajedrez había sido el patrón con el que se medía el progreso en el campo de la inteligencia artificial (IA).

Se ha vaticinado un futuro robótico en el que las máquinas se mueven como los seres humanos. En realidad, en las dos décadas transcurridas desde Deep Blue, la inteligencia de las máquinas ha avanzado más y más rápido que su movilidad. Es probable que los Juegos Olímpicos de robots aún estén muy lejos.
Alphabet, la empresa matriz de Google, es una de las organizaciones que invierten mucho tiempo y dinero en desarrollar la inteligencia física de los robots. Su filial de IA, DeepMind, ha conseguido producir una máquina con inteligencia artificial capaz de caminar, correr y saltar en entornos simulados. Y, lo que es crucial, puede aprender a hacerlo por sí sola, sin instrucciones previas.

Caminar, correr, saltar
En una serie de tres artículos, los investigadores de DeepMind han demostrado cómo los robots simulados pueden usar la IA para adaptarse y responder a diversos obstáculos en un entorno virtual.
En el primer artículo, los científicos muestran cómo lograron que diversos tipos de robots simulados aprendieran a saltar, girar y agacharse sin instrucciones específicas para hacerlo. A las simulaciones solo se les dieron objetivos generales, como avanzar sin caerse.
El segundo artículo muestra cómo el aprendizaje del movimiento puede aplicarse a robots más parecidos a los humanos, utilizando datos de captura de movimiento del comportamiento humano para aprender de antemano ciertas habilidades, como caminar, levantarse del suelo, correr y girar. Después, estas habilidades pueden aplicarse para superar otros obstáculos virtuales, de modo que la IA humanoide puede aprender a subir escaleras o recorrer pasillos con paredes.
El último artículo muestra cómo los científicos han desarrollado un modelo que aprende las relaciones entre determinados comportamientos y a imitar las acciones que se le muestran. Esto significa que, por ejemplo, puede cambiar entre distintos estilos de caminar y adaptar sus movimientos, aunque nunca le hayan enseñado cómo hacerlo.


