Un nuevo estudio de KPMG International sitúa a los Países Bajos como el país más preparado para respaldar los coches sin conductor, seguido de Singapur y Estados Unidos. China ocupa el puesto 16.
El estudio señala cuatro factores que los países más preparados tienen en común:
1. Apoyo y supervisión gubernamentales
2. Excelente infraestructura de autopistas
3. Innovación a gran escala
4. Aceptación general por parte de los consumidores
Hay varias razones por las que los Países Bajos ocupan el primer puesto en «preparación». Su infraestructura viaria no tiene parangón, con redes inalámbricas de primer nivel omnipresentes y la mayor densidad de estaciones de carga para vehículos eléctricos del mundo. En cuanto al apoyo gubernamental, el año pasado el Gobierno neerlandés aprobó una ley que permite realizar pruebas a gran escala de vehículos autónomos sin conductor a bordo.
Los Países Bajos también han asumido el liderazgo de la Declaración de Ámsterdam, promoviendo la colaboración entre los países europeos para respaldar el despliegue de coches sin conductor más allá de las fronteras. La idea principal de su iniciativa es evitar que la burocracia frene el progreso.
En los puestos segundo y tercero, respectivamente, se sitúan Singapur y Estados Unidos. Singapur destaca por su excelente implicación legislativa y por la aceptación de los consumidores, aunque es más débil en innovación en este sector. Estados Unidos, por su parte, lidera el mundo en innovación, pero se queda atrás en la infraestructura necesaria para adoptar los coches sin conductor a escala masiva.
Además, un reciente informe de Esurance, donde trabajo, reveló que solo el 17 por ciento de los 1.000 estadounidenses encuestados se sentía preparado para renunciar a sus coches a favor de los vehículos autónomos. Está claro que aún es necesario un cierto cambio cultural.
La conclusión clave del estudio de KPMG es la necesidad de que los sectores privado y público unan fuerzas. Alinear a todas las partes interesadas ayuda a fomentar la innovación y a garantizar que el despliegue vaya al mismo ritmo que la política pública. La innovación es enormemente importante, pero significa poco sin buenas carreteras y una red móvil de calidad.
Un esfuerzo conjunto entre los responsables públicos y los fabricantes de automóviles puede ayudar a estandarizar las tecnologías de conducción autónoma. Al fin y al cabo, los coches autónomos dependen de la comunicación, y una buena comunicación depende de un lenguaje común. Los vehículos necesitarán intercambiar datos de alta velocidad sobre la velocidad, la frenada y los obstáculos que hay en la carretera más adelante. Gracias a este intercambio de datos, obtendrán una imagen en tiempo real del mundo que les rodea y podrán orientarse en él.
Los coches no solo «hablarán» entre ellos. También deberán comunicarse con los semáforos, las señales de tráfico, las medianas y la propia carretera. Un factor que convierte a los Países Bajos en un fuerte aspirante en la carrera de la conducción autónoma es su plan para actualizar más de mil semáforos, de modo que puedan comunicarse con los vehículos autónomos.
Además, mientras China ocupa el puesto 16 de la lista, el año pasado la Universidad Tsinghua y Changan Auto se asociaron con General Motors para sentar las bases de los sensores de vehículo a todo (V2X). Su objetivo era crear un diseño estándar que permitiera a los distintos fabricantes de automóviles mejorar sus sistemas de comunicación de forma más eficiente.
Todavía está por ver hasta qué punto los coches autónomos cambiarán la sociedad. A principios de siglo, los automóviles impulsaron la necesidad de contar con mejores carreteras, pólizas de seguro, cinturones de seguridad, requisitos de control de emisiones contaminantes y airbags. Pronto se construyeron autopistas, lo que dio lugar a urbanizaciones en las afueras de las ciudades. Esto transformó no solo el transporte, sino también la forma en que los ciudadanos vivían su vida. Es probable que presenciemos una revolución similar con el coche sin conductor.
Pero antes de que eso ocurra, el sector de los seguros de automóviles deberá someterse a una profunda reforma. Los ingresos fiscales procedentes de los combustibles fósiles podrían redirigirse hacia un sistema de tarifas viarias de pago por uso, como hace Singapur. Habrá que priorizar la privacidad de los datos y la ciberseguridad. Los urbanistas podrían replantearse pronto sus mejores prácticas. Los países que hoy trabajan para alcanzar estos objetivos serán los que mejor se adapten al mundo de la conducción autónoma del mañana.


