El temor a que los robots te quiten el trabajo es uno de los muchos retos a los que se enfrentan los trabajadores del siglo XXI, pero las máquinas aún no están listas para hacerse cargo de todas las industrias.
Bridgewater Associates, el enorme fondo de cobertura fundado por el legendario inversor Ray Dalio, acaba de publicar un informe sobre la relación cambiante entre el trabajo y el capital en Estados Unidos.
Uno de los principales factores que destacaron los autores de Bridgewater fue el continuo aumento de la automatización en distintas industrias. Señalaron que, en los próximos años, esta podría impulsar los beneficios empresariales, ya que robots y programas informáticos más eficientes podrían sustituir el trabajo humano, más lento y propenso a errores.
Bridgewater citó un informe de 2016 de la consultora McKinsey & Company que analizó qué industrias de Estados Unidos eran más susceptibles de automatizarse.
El informe de McKinsey utilizó datos del Departamento de Trabajo para estimar cuánto tiempo dedicaban los trabajadores de distintos sectores industriales a realizar diferentes tipos de tareas y cuáles de ellas podrían automatizarse, en teoría, con la tecnología actual.
McKinsey señaló que tareas como el trabajo físico en un entorno previsible —por ejemplo, en un restaurante de comida rápida o en una cadena de montaje de una fábrica— y el procesamiento básico de datos —como llevar el registro de la contabilidad de nóminas— podrían automatizarse fácilmente con los robots y programas informáticos que tenemos a nuestra disposición hoy.
En cambio, otras tareas, como gestionar a empleados o realizar trabajo físico en un entorno más caótico —por ejemplo, limpiar un aula de jardín de infancia desordenada—, podrían resultar más difíciles de automatizar con la tecnología actual.
Este gráfico muestra la proporción media estimada del tiempo que los trabajadores de cada sector industrial dedican a tareas que, en teoría, podrían automatizarse con la tecnología actual, según el análisis de McKinsey:

Los trabajadores de sectores como el de los servicios de alimentación y la industria manufacturera dedican gran parte de su tiempo a realizar tareas físicas en entornos previsibles, por lo que son susceptibles de automatización.
En cambio, sectores como la educación y la atención sanitaria implican mucho más trabajo interpersonal y la aplicación de conocimientos especializados, competencias de las que carecen los robots y programas informáticos actuales.
McKinsey señaló que su análisis se centraba en las tareas que podrían automatizarse con la tecnología actual, lo cual no significa necesariamente que estos empleos vayan a terminar realizándose mucho más con robots y programas informáticos.
Según el informe, otras cuestiones económicas y sociales —como el coste de la mano de obra en comparación con la nueva inversión en máquinas avanzadas y la disposición del público a que los robots hagan cosas como servirle la comida— probablemente serán factores importantes para determinar si ciertos empleos y tareas llegan a automatizarse.
El informe también señaló que un mayor uso de la tecnología no significa necesariamente que los empleos de estas industrias vayan a desaparecer por completo.
Según McKinsey, pocos empleos están compuestos exclusivamente por tareas susceptibles de automatización. Por ello, si las máquinas empiezan a realizar las tareas que se les dan bien, es posible que las personas que ocupan esos puestos dediquen más tiempo a responsabilidades para las que tienen aptitudes únicas.


