Según muchas predicciones, la cadena de bloques es una tecnología emergente que podría ser tan transformadora como internet. Pero esta innovadora tecnología tiene un vínculo sorprendente con los tesoros de la época medieval.
Cadena de bloques es un registro distribuido que utiliza criptografía —código matemático— para encadenar registros de transacciones de forma transparente y resistente a la manipulación. Se utiliza como alternativa o sustituto de las monedas nacionales, los contratos, la autenticación de dispositivos de internet y otros usos.
Aunque esta forma de llevar registros es una novedad tecnológica de la era digital, a fin de cuentas no es tan nueva. El historiador M. T. Clanchy nos cuenta que ya existía en la época medieval, durante la transición de las formas orales a las escritas de conservar la memoria. En aquel entonces, los objetos simbólicos desempeñaban un papel crucial al aportar pruebas de transacciones, derechos y prerrogativas.
He estado investigando cómo los gobiernos y las empresas de todo el mundo están planificando o ya están probando el uso de la cadena de bloques para llevar registros. El objetivo de mi investigación es determinar qué hacen realmente estas aplicaciones de la tecnología, en lugar de lo que afirma la exageración publicitaria.
He estado en Estonia para estudiar cómo el gobierno utiliza allí la tecnología de registro distribuido para proteger la integridad de los historiales médicos de la ciudadanía. He estado en Suecia para hablar sobre cómo su registro de la propiedad está probando la cadena de bloques para registrar las transferencias de propiedad de tierras. He revisado propuestas de sistemas de cadena de bloques para el registro de títulos de propiedad en Honduras, así como nuevas implementaciones piloto para registrar transacciones de tierras en Brasil. También he hablado con innumerables empresas emergentes que buscan transformar la gestión de registros con tecnología de cadena de bloques.
Tres patrones para los registros en cadena de bloques
A partir de esta investigación, he observado tres patrones de diseño específicos para llevar registros con cadena de bloques que conviene explicar para entender la relación entre esta tecnología y las prácticas medievales. He clasificado estas categorías como sistemas espejo, de registros digitales y tokenizados.
El primero de estos patrones de diseño es lo que llamo un sistema de tipo «espejo». Lo considero el tipo de sistema más parecido a la gestión centralizada de registros actual.
En estos tipos de sistemas —ya sean para historiales médicos, títulos de propiedad, archivos públicos u otros tipos de registros—, los registros digitales no se crean ni se conservan «en la cadena», pese a lo que afirman algunas empresas de cadena de bloques. En su lugar, se introduce en la cadena de bloques una especie de huella digital de los registros en forma de número aleatorio de 256 bits, conocido como «hash».
El propósito de registrar esta huella digital en la cadena de bloques es proteger la integridad de los registros y poder detectar si han sido manipulados. Para demostrar que no se han manipulado, los registros digitales originales deben conservarse en repositorios digitales fiables fuera de la cadena, junto con sus hashes en la cadena de bloques.
Demostrar la integridad de los registros implica comparar el hash del registro que se quiere validar con su huella digital en la cadena de bloques. Si los hashes coinciden, el registro que se tiene no ha sido alterado.
Registros digitales
El segundo enfoque que he observado es el que llamo patrón de diseño de «registros digitales». En este tipo de sistema, los nuevos registros digitales se crean directamente en la propia cadena de bloques, principalmente mediante contratos inteligentes.
Los contratos inteligentes son programas informáticos que indican a la cadena de bloques cuándo ejecutar una transacción, como enviar fondos de un usuario a otro. En estos tipos de sistemas, el texto de los registros deja de estar en lenguaje natural legible para las personas. Se escribe en código informático para que lo lean las máquinas.
El auge de los contratos inteligentes plantea varias preguntas difíciles que aún no tienen respuesta, como qué hacer si se produce un error y un contrato inteligente no funciona según lo previsto.
En el incidente de 2016 de la Organización Autónoma Descentralizada (DAO), por ejemplo, el atacante aprovechó un código inteligente mal escrito para sustraer 3,6 millones de Ether —una alternativa a la popular criptomoneda Bitcoin—, equivalentes aproximadamente a 68 millones de dólares en el momento del ataque.
Igualmente importante es que los principios, estándares y prácticas actuales para gestionar y preservar registros digitales no están diseñados para contratos inteligentes ni para otros registros autónomos distribuidos creados en la cadena. Mantener intacta la infraestructura probatoria de la sociedad plantea desafíos similares a los de los primeros tiempos del correo electrónico y otros registros electrónicos. Harán falta nuevos enfoques, que aún están por desarrollar.
El tercer patrón de diseño para la gestión de registros con cadena de bloques es el tipo de solución «tokenizada». Podría decirse que es el que más se aleja de nuestra forma actual de llevar registros, y muchos sostendrían que es el más innovador. En este tipo de sistema, no solo se registran datos en la cadena, sino que también se representan y registran en ella activos valiosos.
Estos activos pueden simbolizar cualquier cosa de valor: monedas como Bitcoin, una criptomoneda cuyo uso principal se basa en la cadena de bloques; tierras, vinos finos, alimentos, diamantes, obras de arte… lo que se quiera.
En esta tercera forma tokenizada encontramos precursores de la cadena de bloques que tienen siglos de antigüedad.
Objetos medievales que se asemejan a los tokens digitales
¿Son realmente registros estos activos? Para responder, podemos recurrir al teórico archivístico inglés sir Hilary Jenkinson, quien observó en su Manual de administración de archivos de 1937: «hay un caso en que [se menciona] un viejo par de charreteras militares; y entre los documentos adjuntos a cartas, que en cada caso forman parte integrante del documento, el autor recuerda retratos, cabello humano, cuerda de látigo (parte de un gato de nueve colas), una moneda de un penique con sentimientos desleales inscritos y un paquete de un polvo extraño destinado a curar el cáncer».
A juicio de Jenkinson, estos «objetos» formaban parte del archivo, o del conjunto colectivo de registros, porque aportaban pruebas de transacciones comerciales.
Hoy tendemos a considerar estos llamados objetos más como piezas de museo que como registros, porque antes de la era digital sus características físicas poco prácticas impedían gestionarlos junto con otros registros. Así como las monedas y el papel moneda representaban antiguamente registros de las reservas de oro de un tesoro nacional, los objetos de Jenkinson eran, en sí mismos, tokens que representaban otras cosas.
Hoy, lo que antes tenía forma material puede desmaterializarse prácticamente por completo. El papel moneda puede convertirse en criptomoneda. Las tierras, los vinos finos, las obras de arte, los diamantes, los alimentos y otros objetos materiales —aunque sigan existiendo físicamente— pueden convertirse en representaciones virtuales llamadas «tokens». De este modo, en un sistema tokenizado de gestión de registros basado en cadena de bloques, literalmente cualquier cosa puede convertirse potencialmente en un registro.
Esta idea no es nueva.
En la época de la conquista normanda, muchas concesiones se otorgaban de palabra (nude verbo), sin escritura ni carta, y solo mediante una espada, un casco, un cuerno o una copa. Un ejemplo es el cuchillo roto de Stephen de Bulmer, conservado en los archivos de la catedral de Durham. Lleva una etiqueta de pergamino que registra los detalles de una donación de tierras realizada a mediados del siglo XII, que el propio cuchillo simboliza.
Al igual que los cuchillos, cuernos, copas, anillos y otros objetos que se utilizaban habitualmente para transmitir tierras durante la época medieval, los sistemas tokenizados actuales de gestión de registros basados en cadena de bloques usan criptomonedas valiosas, como Bitcoin, como representaciones simbólicas de activos como las tierras.
Esto plantea la pregunta de si la tecnología de cadena de bloques devolverá los repositorios de archivos actuales a sus raíces medievales, cuando eran los tesoros de los reyes. ¿Volveremos al futuro?


