Hoy, casi la mitad de la población mundial está conectada a Internet, cincuenta años después de su invención y treinta desde la creación de la World Wide Web. Tanto si lo consideramos un caso de éxito como si lo vemos como un progreso terriblemente lento, las preguntas son: ¿hacia dónde vamos ahora? ¿Qué futuro digital necesitamos?
Innumerables voluntarios, activistas, emprendedores, empresas y gobiernos crearon Internet y el mundo digital que hace posible. Una ola de nuevas tecnologías, sensores integrados en productos físicos, aprendizaje automático y redes de nueva generación nos permiten recopilar, intercambiar, procesar y utilizar información en tiempo real y a escala mundial. La tecnología tiene el potencial de transformar cómo cuidamos nuestra salud, cómo viajamos, cómo producimos y consumimos bienes y cómo afrontamos los desafíos medioambientales y de desarrollo.
Una de las grandes ironías del inmenso potencial de la tecnología digital es que ya no nos enfrentamos únicamente a una cuestión tecnológica: se prevé que el 60% del PIB mundial se digitalice para 2022 y cada vez hay menos distinción entre la economía digital y la economía «real», entre la sociedad digital y la sociedad «real». Como resultado, debemos abordar cuestiones más amplias que se abren paso en la agenda mundial.
Inclusión y confianza
En primer lugar, cada vez se reconoce más que las brechas digitales basadas en factores como la geografía, la economía, el género, la discapacidad y la edad están creciendo. Las brechas digitales existen tanto entre países como dentro de ellos. Aunque ya está conectada la mitad del planeta, el crecimiento del número de nuevos usuarios de internet se está ralentizando y, con los modelos actuales, las personas más vulnerables podrían ser las más difíciles de alcanzar. La exclusión o la inclusión se refuerzan por sí mismas, mientras observamos repetidamente un aumento de la desigualdad económica y de la concentración del mercado en las economías conectadas.
En segundo lugar, entre quienes sí participan hoy, la confianza está disminuyendo. En una encuesta reciente, menos de la mitad de las personas encuestadas en diez grandes economías consideró que la tecnología mejoraría sus vidas. Las preocupaciones sobre la privacidad, la seguridad, las perspectivas personales y la creencia de que las empresas y los gobiernos actúan en su mejor interés están cada vez más extendidas.
Si no abordamos estas cuestiones fundamentales de inclusión y confianza, corremos el riesgo de que la tecnología se convierta en una fuerza que aumente la división y la discordia, en lugar de impulsar el progreso humano.
El ritmo, la escala y el carácter distribuido e interconectado del cambio hacen que sea complejo. Al mismo tiempo, las personas tienen más voz, más oportunidades de actuar colectivamente y mayores expectativas de participar en muchos de estos debates y procesos; todo ello pone en jaque a las instituciones tradicionales.
Objetivos comunes para nuestro futuro digital
En los últimos 18 meses, tuvimos la oportunidad de presidir un proceso que reunió a profesionales, expertos y líderes de una amplia variedad de ámbitos digitales para identificar el futuro digital que necesitamos. Identificamos seis prioridades que requieren nuestra atención y acción:
1. No dejar a nadie atrás: garantizar un acceso a internet de alta calidad para todos
2. Ofrecer opciones y empoderar a los usuarios mediante identidades digitales: garantizar que todos puedan participar en la sociedad digital mediante una identidad y mecanismos de acceso que empoderen al usuario
3. Poner las empresas al servicio de las personas: ayudar a las empresas a desenvolverse en la disrupción digital y a adoptar modelos y prácticas empresariales responsables
4. Mantener a todos a salvo y seguros: definir normas y prácticas que hagan posible un ecosistema digital seguro y resiliente
5. Crear nuevas reglas para un nuevo juego: desarrollar nuevos mecanismos de gobernanza flexibles, orientados a resultados y participativos que complementen las políticas y regulaciones tradicionales
6. Superar la barrera de los datos: desarrollar innovaciones que nos permitan beneficiarnos de los datos y, al mismo tiempo, proteger los intereses y la privacidad de todas las partes interesadas
En el año que viene, decenas de organizaciones e instituciones mundiales, entre ellas el G20, la Asamblea General de la ONU, el Foro para la Gobernanza de Internet, la Conferencia de Internet de Wuzhen, la Comisión Global sobre la Estabilidad del Ciberespacio, el Panel de Alto Nivel de la ONU sobre Cooperación Digital y el Foro Económico Mundial, reunirán a distintas comunidades en torno a estos temas. Estos esfuerzos se reflejan y enriquecen mediante iniciativas regionales, nacionales y locales.
Nos encontramos en un momento decisivo para la creación de nuestro mundo digital. Instamos a líderes, profesionales y expertos de todos los sectores y países a contribuir a estos procesos y apoyarlos. También alentamos a reconocer las enormes ganancias potenciales que pueden obtenerse mediante una colaboración y cooperación más profundas, basadas en objetivos comunes.
Los objetivos comunes, sean los anteriores u otros, nos permiten evitar debates fragmentados y aislados; en su lugar, crear una serie de pasos intermedios para que distintas partes interesadas puedan realizar contribuciones complementarias hacia un futuro digital inclusivo, confiable y sostenible.


