Alrededor de 2600 millones de personas aún carecen de acceso a internet, aproximadamente un tercio de la población de la Tierra.
Cada una de esas personas se enfrenta a un obstáculo para acceder a las oportunidades que ofrece la conectividad.
Para cerrar la brecha digital se requieren conectividad y formación en competencias digitales, y tenemos más posibilidades de salvar la brecha con éxito si adoptamos un enfoque compartido para ofrecer acceso a la formación en competencias.
Como líder en tecnología, reconozco su poder para conectar a las personas, unas con otras y con oportunidades. Y, a menudo, ahí es donde se centra mi atención. Pero la tecnología avanza más rápido que las personas, y esta aceleración afecta a todos los aspectos de nuestras vidas.
Cada vez más, llevamos a cabo nuestra vida personal, académica, cívica y profesional de forma digital, a través de herramientas e interfaces que siguen evolucionando. Para quienes ya están conectados, este cambio trae consigo avances apasionantes, como los progresos en realidad virtual, el metaverso y la generación de contenidos con IA. Pero, para quienes no están conectados, el cambio trae consigo transformaciones cada vez más abrumadoras y aislantes. Si volvemos a centrar nuestra atención en las necesidades de las personas, queda claro que el ritmo del cambio está dejando atrás a algunos, que suelen ser los grupos más vulnerables.
El acceso y las competencias digitales son y seguirán siendo fundamentales para participar en nuestras sociedades, en los servicios y en una economía mundial cada vez más digital. Ya no son solo una opción para algunos, sino una necesidad para todos.
Aunque se han logrado avances notables para salvar la brecha entre quienes pueden conectarse y adquirir las competencias necesarias para participar, y quienes no pueden hacerlo, nuestros esfuerzos colectivos siguen sin llegar por completo a algunos grupos. Para construir sociedades y economías verdaderamente inclusivas, debemos comprometernos a definir el éxito de otra manera, llegando a todos, antes de que la brecha se convierta en una crisis.
Un tercio del mundo
Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), 2600 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población de la Tierra, aún carecen de acceso a internet.
Cada una de esas personas se enfrenta a un obstáculo para acceder a las oportunidades que ofrece la conectividad. Además, los datos reflejan que la conectividad está estrechamente vinculada al desarrollo de un país. Según la UIT, el 93 % de las personas en países de ingreso alto utiliza internet, frente a solo el 27 % en países de ingreso bajo. En todo el mundo, hay más hombres que mujeres conectados.
Ampliar el acceso tendría un impacto transformador en las personas y en nuestras economías. Según una investigación de PwC, la inclusión global en internet podría situar por encima de los niveles de pobreza absoluta al 7 % de la población mundial y añadir 6,7 billones de dólares a la producción económica mundial. Si no logramos conectar a todos, corremos el riesgo de agravar la desigualdad de ingresos y de seguir concentrando las oportunidades en muy pocas manos.
Como líder mundial en tecnología que impulsa internet, Cisco tiene un papel en la conexión de quienes no están conectados. Mediante nuestro programa Country Digital Acceleration (CDA), coinvertimos y cocreamos con líderes gubernamentales y del sector privado para ampliar el acceso y aprovechar el poder de la conectividad en las comunidades globales. Estamos aprendiendo qué funciona y qué puede escalarse, pero sabemos que no existe una solución única para garantizar la conectividad mundial. Todos los sectores deben unirse para hacer más en este momento.
El acceso por sí solo no basta
La conectividad es fundamental, pero no es lo único necesario para cerrar la brecha digital. La formación en competencias digitales es la clave que desbloquea el potencial que ofrece la conectividad. Para que todos puedan participar en nuestras sociedades, crear oportunidades para que todos adquieran y reciclen competencias debe ser una prioridad para todos los sectores y líderes.
En un evento reciente celebrado en una escuela de la Ciudad de México, un caballero de edad avanzada del público compartió su dificultad para acceder a los servicios financieros ante la rápida transición a interfaces basadas en tecnología. La conversación puso de relieve la necesidad crítica de que personas de todas las edades aprendan competencias digitales para acceder a los servicios y, sencillamente, para funcionar en esta era.
Tenemos más posibilidades de salvar la brecha con éxito si adoptamos un enfoque compartido para ofrecer acceso a la formación en competencias. Todas las organizaciones que ofrecen productos y servicios digitales, en todos los sectores, cuentan con un público comprometido. Las personas que compran y utilizan nuestros productos y servicios necesitan tener las competencias para usarlos. Llegaremos a más personas de todos los grupos si todos nos comprometemos a proporcionar estas competencias a nuestros grupos de interés, en función de nuestras áreas de enfoque.
Las competencias digitales también son vitales para una economía cada vez más global. Las estimaciones de la investigación del Foro Económico Mundial indican que la mitad de la fuerza laboral mundial podría necesitar recualificación en los próximos dos años, y que 1100 millones de empleos se transformarán por la tecnología en la próxima década. La demanda de trabajadores en redes, ciberseguridad y desarrollo de software sigue creciendo en todas las regiones, pero muchas organizaciones y economías tienen dificultades para satisfacerla. Según Deloitte, el 90 % de los líderes tecnológicos tiene dificultades para contratar y retener talento, especialmente para puestos de alta cualificación. En el caso concreto de la ciberseguridad, la brecha entre la fuerza laboral que tenemos y la que necesitamos es de aproximadamente 3 millones de trabajadores, según el Foro Económico Mundial.
Cerrar la brecha de competencias beneficiará a empresas y sociedades de todo el mundo y abrirá puertas de oportunidad a muchas personas afectadas de forma desproporcionada por la desigualdad económica, como las mujeres, las minorías étnicas, las personas mayores y las personas con discapacidad. El posible beneficio económico de estos esfuerzos también es enorme, según el Foro Económico Mundial, acelerar el progreso en educación y en la mejora de competencias podría añadir 8,3 billones de dólares al PIB mundial para 2030.
Cisco Networking Academy (NetAcad) es uno de los programas más antiguos de formación en competencias de TI orientadas al empleo en todo el mundo. Desde su creación, hemos formado a más de 20,5 millones de estudiantes en 190 países. El pasado otoño anunciamos un nuevo objetivo: ofrecer competencias digitales y de ciberseguridad a 25 millones más de estudiantes en todo el mundo durante los próximos 10 años. Estos esfuerzos son significativos, pero todos los sectores pueden y deben hacer más.
Centrarse en las personas es el camino a seguir
Ninguna entidad por sí sola puede cerrar la brecha digital. Y, con la aparición de la IA, la tecnología vuelve a acelerarse. Esto podría ahondar y acelerar la brecha digital si no reconocemos la urgencia de este momento. El sector privado, los gobiernos, las instituciones educativas, las organizaciones sin ánimo de lucro y las comunidades tienen todos un papel que desempeñar. A medida que aumenta el ritmo del cambio tecnológico, debemos aumentar la velocidad de nuestra colaboración para estar a la altura, o dejaremos atrás aún más a quienes no tienen conectividad ni competencias.
En mi función, tengo la oportunidad de reunirme con líderes gubernamentales de todo el mundo y conocer sus desafíos. Cada vez más, estos incluyen a líderes de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) centrados en ampliar la conectividad y la formación en competencias para sus ciudadanos. En Cisco, estamos explorando nuevas formas de ampliar el acceso en línea y el alcance de nuestro currículo de competencias digitales a través de CDA y NetAcad, con la ayuda de socios.
Al comenzar la cuarta revolución industrial, estamos más interconectados e interdependientes que nunca, y nuestras necesidades están claras. El acceso y las competencias digitales, para todos, son fundamentales para participar en nuestras sociedades y economías. Debemos seguir dispuestos a escuchar, a considerar nuevas formas de llegar a las personas y a seguir centrados en quienes estamos dejando atrás. Si lo hacemos, podemos cerrar la brecha y abrir oportunidades para todos.


