No hace falta vivir en Copenhague, Tokio, Singapur ni en ninguna otra ciudad inteligente que esté adoptando el Internet de las cosas (IoT) para haber oído la expresión de moda «transformación digital». Se presentan oportunidades apasionantes, y los entusiastas digitales, los organismos públicos, las empresas y las start-ups se apresuran a transformarse y a ocupar su lugar en la carrera tecnológica. Las herramientas de automatización, la inteligencia artificial, el IoT, las soluciones inteligentes, la robótica y la bioingeniería prometen un mañana mejor y un presente más fluido y eficiente.
Sin embargo, junto con esta ola de tecnofilia, estas ambiciosas visiones e iniciativas tecnológicas vienen acompañadas de amenazas alarmantes. Los sistemas digitales diseñados para controlar y coordinar nuestros suministros de energía, el tráfico y nuestros datos personales y de salud serán los puntos más vulnerables de nuestro futuro, expuestos al uso indebido y al pirateo. Se cierne la sensación de que el ritmo acelerado de adopción de la tecnología no va acompañado adecuadamente de las medidas de seguridad necesarias ni de la normalización de los procesos a mayor escala.
Por un lado, el recién aprobado Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) nos mostró que los grandes sistemas afrontan enormes dificultades para transformar sus procesos empresariales si quieren ofrecer a los usuarios la máxima seguridad en el espacio digital. Por otro lado, el escándalo de Cambridge Analytica nos recordó que el insaciable afán de lucro lleva a empresas sin escrúpulos a infringir la ley y abusar de los datos personales de los usuarios.
Se pueden crear, y se crearán, programas informáticos potentes para dirigirse a los usuarios basándose en la información disponible en diversas plataformas digitales. Este escándalo también nos mostró que los sistemas de justicia actuales, incluso en países muy desarrollados, no pueden hacer frente a estos retos debido a su escasa comprensión de las tecnologías en cuestión y de su funcionamiento.

Tal como pronosticaban las novelas distópicas del pasado, vivimos la realidad de los hechos alternativos, el reconocimiento facial, la manipulación de vídeos y la invasión de la privacidad. La otra cara del progreso tecnológico son los miedos y las fobias que genera, pese a estar diseñado para servir a fines superiores. El problema no es cómo ni por qué se crearon las herramientas y plataformas digitales: el problema es en qué se han convertido.
Además, estas dos facetas contrapuestas del progreso tecnológico revelan una enorme brecha entre quienes dominan el entorno digital y quienes carecen de alfabetización digital y desconocen las amenazas ocultas en el mundo digital. Hacer recaer en las personas la responsabilidad de comportarse de forma responsable en el ámbito digital y de protegerse no solo sería injusto, sino también insostenible. Queremos vivir en un mundo donde las personas tengan más control sobre lo que sucede a su alrededor en el espacio digital, pero los recursos necesarios para alcanzar este objetivo deben proceder de todas las partes interesadas.
Domar a las bestias tecnológicas
La iniciativa del RGPD fue una idea magnífica para proteger a los usuarios, pero su aplicación puso de manifiesto, en la práctica, los complejos problemas que afrontan las empresas y las instituciones. Estos problemas subrayan la necesidad de un debate más abierto para definir más normas y revertir el proceso en su conjunto. No hay que abordar los problemas de seguridad cuando surgen: hay que anticiparlos y prevenirlos con suficiente antelación.
Los líderes de alto nivel reconocen estos problemas. Elon Musk señala constantemente las posibles amenazas de la inteligencia artificial y compara su poder con el de un arma nuclear. El creador de la World Wide Web, Tim Berners-Lee, expresa abiertamente su decepción con los gigantes tecnológicos actuales.
«Me decepciona el estado actual de la web», dijo. «Hemos perdido la sensación de poder individual y, hasta cierto punto, creo que también se ha resquebrajado el optimismo».
Berners-Lee intenta ahora ofrecer una alternativa a la forma actual de las plataformas de redes sociales, para dar a los usuarios más acceso y control sobre cómo se manipulan sus datos.
Tanto si adoptamos una postura optimista como pesimista ante estos problemas, todos tenemos la responsabilidad de abordarlos antes de que sea demasiado tarde. Domar a las bestias tecnológicas requerirá un esfuerzo colectivo. Necesitamos diálogo, educación, regulación y normalización en torno a las tecnologías implantadas. «Nosotros» incluye a las personas, las pequeñas y medianas empresas, las corporaciones y, lo más importante, los gobiernos: todas las partes interesadas deben sumarse a este esfuerzo.
Hay que invertir el proceso, y todas las capas de seguridad necesarias deben formar parte de los cimientos mismos de las herramientas y plataformas digitales antes de su lanzamiento. Para dar a cada persona poder sobre sus propios datos, debemos implementar soluciones de control de acceso, herramientas de descentralización, sistemas de cadena de bloques y capas de seguridad basadas en IA, tanto desde el punto de vista de la privacidad como de la seguridad.
Los principales actores deben predicar con el ejemplo. Los gobiernos y las corporaciones tienen una enorme responsabilidad de centrarse firmemente en la seguridad y la protección de datos para evitar consecuencias que afecten tanto a las personas como a la sociedad en general. Su disposición a aprender e implementar las herramientas y regulaciones necesarias será de crucial importancia en el futuro.
Todas las partes interesadas deben hacer lo mismo. Deben abrir el debate y presionar a los organismos públicos. No debemos dejar que nos superen las tecnologías tan inteligentes que adoptamos con tanto entusiasmo.
AppsCo Inc es miembro de la Comunidad Tech for Integrity del Foro Económico Mundial.
Este artículo forma parte de una serie de dos entregas con motivo del Día Internacional contra la Corrupción, comisariada por la Iniciativa de Asociación contra la Corrupción (PACI) del Foro Económico Mundial.


