El biólogo estadounidense E. O. Wilson observó que, en el mundo moderno, nos estamos «ahogando en información mientras nos morimos de hambre de sabiduría».
Como tecnólogo, esta frase me resulta incómoda. Creo en el poder de la tecnología para mejorar vidas, acercar a las personas, eliminar barreras, dar voz a todo el mundo y crear posibilidades.
La tecnología, especialmente las comunicaciones siempre activas que empresas como la mía han contribuido activamente a desarrollar durante el último siglo, a menudo hace que la información nos encuentre a nosotros, en lugar de que nosotros la busquemos.
Y no siempre estamos preparados para manejarla: filtrarla, comprenderla y utilizarla de una manera útil, sin que nos abrume. A veces parece que los seres humanos necesitan desarrollar un nuevo sexto sentido digital que se sume a los que ya tenemos.
Sin duda, hay motivos para preocuparse por el impacto de nuestra sociedad impulsada por la información en la manera en que interactuamos y nos relacionamos como seres humanos, como demuestra la creciente conciencia sobre las «noticias falsas» y el uso de las redes sociales para manipular elecciones.
Esto plantea grandes preguntas sobre a quién debemos escuchar. ¿Cómo distinguimos las verdades objetivas de las opiniones subjetivas? ¿Nuestra obsesión con los datos fáciles de digerir ha reducido nuestra capacidad para analizar y evaluar críticamente la información que recibimos?
Todas estas son preguntas legítimas y sensatas que debemos plantearnos.
Una investigación de este año reveló que el 95% de los adolescentes de Estados Unidos ya tiene acceso a un teléfono inteligente, y casi la mitad afirma estar conectada casi todo el tiempo. Es preocupante que el 25% crea que el impacto de estas tecnologías es mayormente negativo, lo que refleja muchas de las inquietudes que tenemos los adultos sobre el mundo que hemos contribuido a crear.

Pero esta es la cuestión: no es posible desinventar los teléfonos móviles, internet ni las fibras ópticas. Y, en realidad, ¿querríamos hacerlo? Porque por cada nuevo problema que plantea nuestro mundo conectado, hay 10 razones por las que la tecnología mejora y enriquece nuestras vidas, especialmente las comunicaciones y las tecnologías de la información.
Estamos más conectados entre nosotros que nunca, y la tecnología nos ha dado más poder como individuos que en cualquier otro momento de la historia documentada. Millones de personas pueden leer la perspectiva de una sola persona, que puede conquistar corazones y cambiar opiniones en todo el mundo. En la última década, las redes sociales han desempeñado un papel activo, incluso decisivo, en los levantamientos populares contra regímenes autoritarios o abusivos; han contribuido a dar reconocimiento, visibilidad y crecimiento a millones de pequeñas empresas, ayudando a sacar a personas de la pobreza; y han brindado a las minorías oprimidas o ignoradas la oportunidad de hacerse oír por políticos y periodistas de todo el mundo.
Hoy, para muchos de nosotros, esa tecnología es algo habitual. Nos ayuda a estar presentes en lo que importa: nuestros amigos, nuestra familia, nuestras pasiones. Une a las personas de maneras que eran inconcebibles hace unas pocas generaciones. La tecnología ha encogido el mundo, y creo que, aunque no debemos cerrar los ojos ante los desafíos que esto conlleva, estos quedan ampliamente superados por las oportunidades de la Cuarta Revolución Industrial.
Basta con mirar el campo de la medicina. Gracias a las modernas redes de alta velocidad, los médicos ya pueden atender a pacientes en sus propios hogares y recibir datos de monitores cardíacos, tensiómetros y sensores de oxígeno conectados; hay tecnologías emergentes capaces de medir el ritmo cardíaco con solo observar a una persona a través de una cámara web.
BT llevó a cabo recientemente un ensayo con King’s College London y Ericsson para estudiar cómo los médicos que utilizan guantes «hápticos» pueden controlar un brazo robótico a través de una red 5G de alta velocidad y realizar diagnósticos, e incluso quizá operaciones, a distancia. Puede que aún falte para que esta tecnología sea lo bastante fiable como para utilizarla fuera del laboratorio, pero la ciencia de hoy puede convertirse en la realidad de mañana.
Incluso en el hogar, las tecnologías desempeñan un papel cada vez más importante para facilitarnos la vida. Puede parecer un ejemplo trivial, pero hace unas semanas, durante una reunión, un colega recibió una videollamada, no de una persona, sino del timbre de su puerta. Pudo hablar cara a cara con un repartidor, desbloquear a distancia la puerta principal mediante una cerradura con wifi y pedirle que dejara el paquete dentro. Ahora imagina cuánto podrían importarte estas tecnologías si tuvieras familiares mayores o vulnerables que vivieran lejos y necesitaran que les llevaran suministros esenciales.
Se ha escrito mucho sobre el llamado internet de las cosas, la inteligencia artificial y las comunicaciones entre máquinas: dispositivos que se comunican entre sí y colaboran para mejorar nuestras vidas. Sería el primero en admitir que todavía nos queda mucho por hacer para maximizar el impacto de estas aplicaciones. Pero creo que tienen el potencial de transformar nuestras vidas. Para mí, se trata menos de frigoríficos conectados y tostadoras con control remoto, y más de sensores de calidad del aire, sensores de tráfico, mantenimiento remoto automatizado y plazas de aparcamiento equipadas con sensores. Porque, cuando el mundo está conectado, puede ofrecernos la información necesaria para tomar decisiones fundamentadas.
Estoy totalmente de acuerdo con otra observación de Wilson: «En adelante, el mundo estará dirigido por sintetizadores: personas capaces de reunir la información adecuada en el momento oportuno, pensar críticamente sobre ella y tomar decisiones importantes con sensatez».
Sí, la tecnología puede crear una neblina de ruido e información. Pero también tiene el potencial de ayudarnos a atravesarla y comprenderla, y de empoderarnos de maneras que nunca imaginamos posibles. Quizá hagan falta un par de generaciones para desarrollar nuestro nuevo sexto sentido digital, pero el poder positivo de esta información nos ayudará a dar poder a quienes carecen de él, informar a quienes no están informados y convertirnos en una fuerza para la paz y la prosperidad.


