La tecnología debe unir fuerzas para transformar el mundo

Mexican employees of San Francisco-based software company Wizeline at the company's offices in the tech hub of Guadalajara.
Mexican employees of San Francisco-based software company Wizeline in the tech hub of GuadalajaraImage: REUTERS/Daniel Becerril
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A pesar de la proliferación de tecnologías que antes solo se imaginaban en las películas de ciencia ficción, nuestro mundo sigue enfrentándose a problemas de siempre, desde la pobreza y el hambre hasta la contaminación y las enfermedades. De hecho, 1200 millones personas no tienen acceso a la electricidad, y más de 3000 millones de personas viven en la pobreza con menos de 2,50 dólares al día. Además, una de cada nueve personas en la Tierra no tienen alimentos suficientes para llevar una vida saludable.

Con frecuencia hablo de cómo las tecnologías emergentes e interconectadas —el internet de las cosas (IoT), la inteligencia artificial/aprendizaje automático, la cadena de bloques, la computación en niebla y otras— pueden ayudar a las empresas a crear nuevos modelos de negocio, mercados y propuestas de valor. Sin embargo, un reciente viaje a África me recordó que deberíamos utilizar los avances tecnológicos no solo para competir en la nueva economía digital, sino, más importante aún, para mejorar nuestra sociedad. ¿Por qué no hacemos más con estas tecnologías revolucionarias para combatir la pobreza, el hambre, las enfermedades, la contaminación, los residuos, los desastres naturales y otros problemas socioeconómicos arraigados?

No hay ninguna razón para que alguien no tenga agua potable segura. No hay ninguna razón para que una familia no pueda alimentar a sus hijos. Y, sinceramente, no hay ninguna razón por la que no debamos ser capaces de erradicar la pobreza en los próximos 20 años. De hecho, el Banco Mundial estima que el porcentaje de personas que viven en pobreza extrema está disminuyendo – bajando hasta el 8,6 % en 2018, desde el 10 % en 2015. Si bien gran parte de esta disminución se debe al crecimiento económico de Asia y a la ampliación de los programas de bienestar social, las economías débiles, las zonas de guerra y las altas tasas de natalidad han mantenido elevados los niveles de pobreza en el África subsahariana y en el norte de África, así como en Oriente Medio, lo que ralentiza la disminución de la tasa mundial de pobreza. Las estadísticas también muestran que todavía una de cada ocho personas en Europa experimenta alguna forma de pobreza, mientras que 13,4% de los estadounidenses vive por debajo del umbral de la pobreza.

Aunque las cuestiones políticas y económicas siempre están presentes, las nuevas innovaciones tecnológicas pueden ayudarnos a superar estos retos. Afortunadamente, empezamos a ver destellos de esperanza por todas partes. He aquí algunos ejemplos:

• Los habitantes del África subsahariana están empezando a utilizar sistemas innovadores de pago por uso con energía solar para iluminar los hogares de regiones rurales desatendidas donde las redes eléctricas tradicionales no son viables.

• Las zonas urbanas de Corea del Sur y del Reino Unido estudian el uso de sensores de calidad del aire habilitados para IoT para reducir la contaminación.

• Los productores de camarón de Colombia utilizan sensores de IoT para recopilar datos y mejorar el rendimiento.

• En Estados Unidos, la startup de Seattle Samaritan ofrece una aplicación que permite a cualquier persona donar fácilmente a las personas sin hogar mediante la tecnología Bluetooth. Estos enfoques tecnológicos ayudan a las personas y a los países a aprovechar mejor los recursos preciosos y contribuyen a la lucha por acabar con la pobreza y el hambre.

Lo más interesante de estos casos de uso es que se centran en resolver problemas a nivel local, pero pueden tener el mismo éxito cuando se aplican a otras regiones. Para resolver problemas mundiales, primero debemos actuar a nivel local, logrando pequeños pero significativos éxitos, y después escalar esas soluciones a nivel global. Por ejemplo, la Universidad de Oxford puso a prueba por primera vez las Smart Handpumps en Kenia; mediante sensores y transmisores celulares, supervisan a distancia los niveles de las aguas subterráneas y ayudan a garantizar que las personas tengan agua limpia suficiente. Hoy en día, estas bombas de agua habilitadas para IoT son utilizadas por comunidades rurales de África y Asia. ¿Pero cómo pueden otras organizaciones emular proyectos exitosos y escalables que generen valor social y económico?

La coeconomía

Cuando se trata de escalar una solución a nivel global, ninguna empresa, organización sin ánimo de lucro, ONG o emprendedor puede actuar por su cuenta. Aquí es donde entra en juego la «coeconomía». Como ya he escrito anteriormente, la coeconomía es un nuevo enfoque empresarial que implica ecosistemas de socios, con especialistas horizontales, verticales y hiperlocales o regionales. Estos incluyen startups, grandes empresas, clientes, el ámbito académico, investigadores, organismos de normalización, agencias gubernamentales y otros actores que trabajan estrechamente para codesarrollar y ofrecer soluciones disruptivas.

En el ejemplo antes mencionado de Smart Handpumps, la Universidad de Oxford colabora con numerosos socios, entre ellos UNICEF y agencias gubernamentales nacionales y locales, para llevar su solución a distintos continentes. Otro ejemplo de coeconomía en plena expansión es una solución de gestión de desastres basada en IoT en Glasgow, Escocia. Un dinámico ecosistema de socios formado por especialistas tecnológicos horizontales, gobiernos locales y expertos verticales (incluidos los de la industria aeroespacial y de defensa) desarrolló conjuntamente una solución llamada CONSERVE. La solución recopila y visualiza datos de los equipos de emergencia y de las redes de voluntarios para coordinar la actuación durante desastres, como inundaciones y terremotos, con el fin de salvar vidas. Aunque no podemos prevenir los desastres naturales, sí podemos mitigar su impacto para hacer del mundo un lugar más seguro.

Polos tecnológicos

A medida que las coeconomías se unen para concebir y desplegar tecnología que mejore nuestro mundo, veremos surgir nuevos polos tecnológicos. Se trata de ciudades o regiones con ecosistemas tecnológicos dinámicos, o incluso espacios físicos concretos (a menudo denominados centros de innovación), que cada vez demuestran ser más eficaces como impulsores del crecimiento económico. Un estudio de 320 áreas metropolitanas de todo el mundo, realizado por el profesor de la Universidad de California en Berkeley Enrico Moretti, demostró que «el éxito engendra éxito»: por cada empleo tecnológico se crean, de media, cinco empleos en una ciudad. Sin embargo, estos polos tecnológicos no están reservados a zonas acomodadas ni a las principales ciudades internacionales del mundo.

Tomemos Guadalajara, por ejemplo. La ciudad se ha ido transformando discretamente en un foco de investigación y desarrollo durante las últimas décadas. Hoy está llena de startups pequeñas y medianas que emulan lo que hicieron en su día los innovadores de Silicon Valley para crear un ecosistema de empresas de éxito e inversores de capital riesgo. Actualmente, Guadalajara tiene el tercer mayor PIB de México. De forma similar, África ha establecido más de 400 polos tecnológicos en todo el continente en los últimos años, según un estudio de la GSMA de 2018. El estudio reveló que las startups tecnológicas africanas aumentaron su financiación un 53 % en 2017. Esta es una señal positiva para el bien económico y social de las naciones africanas, si la teoría de Moretti sobre el éxito es correcta.

Cuando las redes de socios se expanden y establecen más polos tecnológicos interconectados en todo el mundo, también se crea un efecto multiplicador en red. Esto permite que las ideas o soluciones de origen local se escalen a nivel global, ampliando los impactos positivos a medida que crece la red. Por ejemplo, una plataforma habilitada para IoT ya probada, CityVerve, surgió de un consorcio diverso de más de 20 organizaciones para mejorar la habitabilidad en Mánchester, Inglaterra. Hoy, la solución sirve de modelo para que otros polos tecnológicos creen ciudades más seguras y limpias en todo el mundo.

Educación

Con coeconomías prósperas y polos tecnológicos dinámicos, será más fácil aprovechar una de las formas más sencillas, pero también más eficaces, de mejorar nuestro mundo: la educación. Además, ya disponemos de la herramienta que respalda esta idea. Durante mis viajes por el mundo, observé que prácticamente todo el mundo tenía un teléfono móvil, desde agricultores hasta monjes budistas. Para 2019, se prevé que el número de teléfonos móviles en uso supere la cifra de 5000 millones, mientras que más de 4000 millones de personas en la actualidad están conectadas a internet.

Los líderes de las coeconomías y de los polos tecnológicos deben buscar formas de utilizar las tecnologías móviles para generar un impacto tangible en sus comunidades. Por ejemplo, IntraHealth International trabaja junto con UNICEF, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), el ministerio de salud y saneamiento y otros, para desplegar una plataforma móvil, mHero, que proporciona a los profesionales sanitarios de todo el país información crítica en tiempo real mediante mensajes de texto. La solución se utiliza actualmente en Sierra Leona, Malí, Liberia y Guinea, donde ayuda a formar a los usuarios y a combatir la mortal enfermedad del ébola.

Además, la omnipresencia de los teléfonos móviles está haciendo posibles nuevos modelos de negocio. Aprovechando la revolución móvil, Twiga Foods ha desarrollado una solución que está transformando la cadena de suministro en Kenia y más allá. Aunque se cultivan localmente, los plátanos cuestan más en Kenia que en Europa o Norteamérica. Como descubrió Twiga Foods, esto se debía a que nueve etapas e intermediarios separaban a los productores de plátano de los puestos minoristas donde los ciudadanos compraban sus productos. Durante este prolongado tiempo de transporte y almacenamiento, una gran parte de los plátanos se estropeaba. Para abordar este proceso ineficiente y derrochador, Twiga Foods comenzó a ofrecer microcréditos a los propietarios de los puestos y creó una red de vehículos que transportaba los plátanos directamente desde los productores. Como resultado, los consumidores pagaron precios considerablemente más bajos y los productores recibieron más dinero por sus mercancías.

Una conciencia social en el consejo de administración

Durante los últimos 40 años aproximadamente, las empresas se han centrado de forma obsesiva en maximizar los beneficios. Hoy empezamos a darnos cuenta de que también debemos centrarnos en impulsar nuestra sociedad. En lugar de perseguir el PIB, los ingresos y la eficiencia como únicas medidas de éxito y progreso, debemos invertir en nuestra sociedad para prepararla para la próxima ola de innovación y crecimiento. Como señala Kate Raworth en su libro Doughnut Economics, ha llegado el momento del siguiente paradigma: un nuevo marco que haga prosperar nuestro mundo y tenga en cuenta nuestros objetivos a largo plazo, económicos, sociales y medioambientales, con un enfoque equilibrado.

Hoy contamos con los avances tecnológicos necesarios para resolver los problemas sociales más urgentes del mundo; solo necesitamos la voluntad colectiva de ampliarlos de forma exponencial. Toda empresa tecnológica debe tener un plan para hacer su parte y comprender con claridad cómo sus propios conocimientos y soluciones pueden contribuir al bien común. Por ejemplo, Microsoft anunció recientemente su programa AI for Humanitarian Action, que utilizará la inteligencia artificial para abordar la recuperación ante desastres, la protección de los refugiados y otras cuestiones globales de derechos humanos.

Al explorar cómo las tecnologías —ya sean el IoT, los paneles solares o una simple aplicación móvil— pueden contribuir a generar impactos positivos, los directivos de alto nivel deben incluir los objetivos sociales de la empresa como uno de sus indicadores clave de rendimiento (KPI). También deben aplicar las mejores prácticas del mundo empresarial, incluidos los modelos de coeconomía exitosos, e implementarlas en un contexto social. Si más líderes empresariales y tecnológicos dan estos pasos, estaremos más cerca de hacer nuestro planeta más seguro, saludable, feliz y sostenible para todos.

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