La música en streaming no es tan ecológica como cree. Aquí le explicamos por qué

A visitor listens to music during the International Record Music Publishing and Video Music Market (MIDEM) in Cannes January 27, 2013. REUTERS/Jean-Paul Pelissier (FRANCE - Tags: ENTERTAINMENT BUSINESS) - GM1E91R1NYM01
There are considerable environmental impacts to streaming music.Image: REUTERS/Jean-Paul Pelissier
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Ha cambiado la forma en que la gente escucha música y ve películas. Una de las consecuencias de ese cambio es que nos preocupa menos poseer algo que antes y nos centramos más en obtener valor de ello. En lugar de construir una colección de música en formato físico, la descargamos o la transmitimos en streaming. En consecuencia, las colecciones de discos de hace una generación, laboriosamente adquiridas y con frecuencia ordenadas alfabéticamente, se han convertido en algo poco común, a pesar del resurgimiento del vinilo.

Image: Statista

Es una historia similar en el caso de las películas. La práctica, antaño habitual, de comprar películas –en cinta VHS y después en DVD y Blu-ray– es hoy un pasatiempo de nicho. Desde servicios de suscripción como Netflix, Amazon o Hulu hasta opciones gratuitas como YouTube, hay muchas formas de ver series y películas sin tener que poseer físicamente una copia. Y gracias a la gran oferta de servicios de streaming, puede ver su película favorita, ponerse al día con una serie imprescindible o escuchar las canciones que “le salvaron la vida” cuando y donde quiera, en su teléfono inteligente, tableta u ordenador portátil.

Una idea errónea muy extendida sobre nuestros cambiantes hábitos de consumo de medios es que el streaming es, por naturaleza, una forma más ecológica de escuchar música. Los plásticos y los materiales de embalaje utilizados en la producción y distribución de algo como un disco de vinilo siempre fueron fáciles de ver. No hacía falta imaginarlos, se podían sostener en la mano. Desde el disco de PVC negro hasta la funda de cartón y papel, pasando por el plástico retráctil que lo envuelve.

Eso simplemente no se aplica a los servicios de streaming. Haga clic, toque o deslice el dedo, después acomódese y escuche –o vea– bajo demanda. Es tan sencillo y cómodo que parece completamente libre de fricciones a lo largo de toda la cadena de entrega.

Un panorama nublado

Si escucha música a través de uno de los numerosos servicios de streaming disponibles, la música que elige no se almacena en su ordenador, teléfono, etc. En cambio, reside en un servidor de algún centro de datos.

Spotify es el mayor servicio de streaming musical, con 207 millones de usuarios activos mensuales según se informa, y en el último trimestre de 2018 esos usuarios escucharon 15 000 millones de horas de material. Recientemente decidió dejar de utilizar sus propios servidores y migrar sus operaciones a Google Cloud, en un movimiento que, según se informa, tuvo un coste de unos 450 millones de dólares. Es mucho contenido digital alojado en muchísimos servidores.

La nube de la que tanto se habla, que suena tan intangible y difusa, es en realidad enormes edificios repletos de servidores, conmutadores, dispositivos de almacenamiento de datos, cableado, sistemas de refrigeración, CCTV, etc. Cada servicio en la nube que usted utiliza recurre a un centro de datos para satisfacer sus necesidades. Esto incluye desde las compras en línea hasta la ejecución de aplicaciones empresariales de alto nivel en modelo de software como servicio. A esa lista también puede añadir prácticamente todas las aplicaciones que utiliza en su teléfono.

Google calcula que una búsqueda web consume la misma energía que una bombilla de 60 vatios equivalente a tenerla encendida durante más de 17 segundos, y produce algo así como 0,2 gramos de CO2. Puede que no parezca mucho. Pero hay 3,8 millones de búsquedas en Google cada minuto. Eso son muchísimas bombillas. En total, se calcula que los centros de datos del mundo son responsables de alrededor del 2 % del consumo mundial de electricidad y producen tanta cantidad de CO2 como la industria aérea.

Incluso sus correos electrónicos tienen una huella de carbono. Un correo electrónico normal produce 4 g de CO2, mientras que para uno con un archivo adjunto grande puede llegar hasta 50 g de CO2 –y con unos 290 000 millones de correos electrónicos enviados cada día, una vez más, vemos una huella muy grande.

Reproducir de nuevo

Cuando se trata de la cuestión de si es mejor para el medio ambiente poseer o transmitir en streaming, hay muchos factores que considerar. Está claro que, por sí solo, dejar de poseer un artículo físico no basta para que el streaming salga ganando. Hay que tener en cuenta el consumo total de energía y recursos relacionado con la música que escucha. Esto incluye preguntas sobre la eficiencia energética del dispositivo en el que escucha. Si utiliza un equipo de alta fidelidad con tocadiscos y amplificador separados, su consumo eléctrico no será el mismo que el de alguien que usa un altavoz wi-fi, por ejemplo. Del mismo modo, algunos dispositivos básicamente equivalentes serán más eficientes energéticamente que otros.

Pero las consideraciones van un paso más allá.

Dejando de lado cuánta energía pueda consumir su equipo de alta fidelidad, la huella de carbono de su LP de vinilo favorito es la misma tanto si lo reproduce 10 veces como 1000. Incluso se podría argumentar que cuanto más lo reproduce, más diluye esa huella de carbono en función del disfrute que obtiene. No se puede decir lo mismo del streaming: reproducir algo 1000 veces genera una demanda energética y unas emisiones considerablemente mayores que si lo reproduce 10 veces.

Llega un punto en el que, si está dispuesto a profundizar en los detalles del consumo energético y del coste, poseer y reproducir un disco o un CD es mejor para el medio ambiente que el streaming. Pero todo ese papel y plástico inclina la balanza en sentido contrario si solo escucha algo un par de veces.

Otra opción a considerar, especialmente si el consumo digital es su forma preferida de escuchar, es evitar el streaming optando por las descargas. Si su música se almacena en su teléfono, tableta, portátil, etc., se evitan efectivamente los inconvenientes de la reproducción repetida.

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