Pronto veremos en nuestras puertas calabazas talladas, velas parpadeantes que proyectan sombras tenebrosas y niños vestidos con sus mejores galas de Halloween.
Y aunque Halloween siempre es una época emocionante para los fabricantes de dulces, los vendedores de disfraces y los niños, a quienes a menudo se les permite darse un pequeño atracón de golosinas, hay otro grupo de personas que también se relame de anticipación: los científicos del comportamiento.
Quienes somos expertos en ciencias del comportamiento solemos buscar formas de estudiar las decisiones humanas en entornos naturales. A menudo, nuestros experimentos en los laboratorios universitarios de psicología se ven limitados cuando los participantes acuden a un entorno estéril y toman decisiones frente a una pantalla de ordenador.
Pero en Halloween, un flujo constante de personas viene voluntariamente a nuestras puertas.
¿Qué nos dicen los niños que van de casa en casa pidiendo dulces sobre la psicología humana?
El primer hallazgo interesante sobre Halloween sugiere que los seres humanos tendemos a querer diversificar y, como resultado, acabamos eligiendo variedad incluso cuando no nos gusta demasiado.
En un estudio de EE. UU. publicado en 1995, dos hogares colaboraron para permitir que los niños que pedían dulces eligieran un par de chocolatinas de entre dos grandes montones de Milky Way y Three Musketeers.
La forma de ofrecer los dulces influyó en la elección
Sin embargo, la forma de plantear la elección fue distinta en los dos grupos. En uno, los niños elegían una cosa en una casa y luego otra en la siguiente. En el segundo grupo, se les pedía que eligieran dos chocolatinas cualesquiera al mismo tiempo.
Los investigadores George Loewenstein y Dan Read descubrieron que, cuando los niños elegían sus dos chocolatinas de una en una, tendían a escoger la misma, presumiblemente la que más les gustaba. Cuando elegían dos a la vez, diversificaban.
Curiosamente, otros investigadores encontraron efectos similares en los hábitos de compra.
Itamar Simonson y Russell S. Winer descubrieron que, cuando las personas planificaban sus almuerzos para la semana siguiente, tendían a comprar una variedad de carnes y yogures. Pero cuando compraban el almuerzo día a día, a menudo acababan comiendo el mismo sándwich de pavo y el mismo yogur de fresa todos los días.
Los inversores también tienden a diversificar ingenuamente al planificar sus carteras. La diversificación ingenua se produce cuando los inversores distribuyen a ciegas sus activos entre todas las opciones disponibles, sin tener en cuenta cuáles son esas opciones.
¿Dulces y política?
La forma en que se comportan los niños en Halloween también puede enseñarnos algunas cosas sobre las afinidades políticas, la alimentación saludable y los incentivos.
Julian Jamison y Dean Karlan estudiaron la elección de dulces en Halloween antes de las elecciones presidenciales de EE. UU. de 2008 y 2012.
En una casa de New Haven, Connecticut, instalaron dos mesas en un porche, al final de una escalera que los niños que pedían dulces subían para recoger sus golosinas. Una mesa estaba cubierta de material de campaña republicano y la otra, de material demócrata.
Se pidió a los niños que eligieran una de las mesas para recoger sus dulces. En algunos casos, se les dijo que en ambas mesas se repartiría una chocolatina, y la mayoría de los niños se dirigió a la mesa de Obama.
En otros casos, se les dijo que en la mesa de Obama se entregaba un dulce y en la republicana, dos. La mayoría siguió eligiendo la mesa de Obama, lo que parece sugerir —por suerte— que hace falta más que una chocolatina adicional para convencer a los partidarios.
Sin embargo, al analizar los datos por edad, los investigadores descubrieron que los niños mayores (de nueve años en adelante) se dejaban influir mucho más por los dulces adicionales que los más pequeños.
Las noticias relativamente malas sobre los niños mayores se compensan con algunas buenas.
En otro experimento, Karlan y sus colegas ofrecieron a los niños elegir entre dulces y fruta. Algunos tomaron la decisión frente a un gran cartel de Michelle Obama que promocionaba su campaña «Let’s Move», cuyo objetivo era animar a los niños a comer alimentos saludables y hacer ejercicio. El cartel hizo que eligieran más fruta, y el efecto fue mayor entre los niños mayores que entre los más pequeños.
Las ciencias del comportamiento nos enseñan que, al tomar decisiones, pequeños elementos del contexto —como si la elección se hace de forma secuencial o simultánea, o si hay un cartel de fondo o una mesa engalanada— influyen en ellas.
Halloween nos ha enseñado algunas cosas sobre la naturaleza humana que van más allá de la elección de dulces. Para quienes nos dedicamos a las ciencias del comportamiento con creatividad y diligencia, el martes por la noche nos brinda otra oportunidad para estudiar la naturaleza humana. Para los demás, es hora de abastecerse de dulces, tallar esas calabazas y practicar el «¡buu!» más terrorífico.


