Si es posible detectar cuándo miente un cerebro, ¿deberíamos admitir esas pruebas en los tribunales?

An attendee takes part in a neuro-feedback session during the opening day of the second annual Bulletproof Biohacking Conference at the Pasadena Convention Center in California September 26, 2014. The conference features groundbreaking work in the optimization of human, mental and physical performance. REUTERS/Mario Anzuoni (UNITED STATES - Tags: SOCIETY SCIENCE TECHNOLOGY) - RTR47VXN
New "mind reading" technologies could potentially be used as evidence in court.Image: REUTERS/Mario Anzuoni
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Un hombre está acusado de robar un diamante azul muy característico. El hombre afirma que nunca había visto el diamante. Se llama a un experto para que testifique si las respuestas cerebrales que presenta este hombre indican que ya había visto el diamante. La pregunta es: ¿debería utilizarse esta información en los tribunales?

Image: The Conversation

Los tribunales son reacios a admitir pruebas cuando existe un debate considerable sobre la interpretación de los hallazgos científicos. Pero un estudio reciente de investigadores de Estados Unidos ha señalado que la precisión de esta tecnología de «lectura de la mente» está mejorando.

Existen diversos métodos para detectar declaraciones falsas o conocimientos ocultos, y varían mucho. Por ejemplo, la tradicional «detección de mentiras» se basa en medir reacciones fisiológicas, como la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la dilatación de las pupilas y la respuesta de sudoración de la piel, ante preguntas directas como «¿mató usted a su esposa?». Como alternativa, un método de resonancia magnética funcional (RMf) utiliza escáneres cerebrales para identificar una huella cerebral de la mentira.

Sin embargo, la tecnología analizada por los investigadores estadounidenses, conocida como «huella dactilar cerebral», «pruebas de conocimiento culpable» o «pruebas de información oculta», difiere de la detección de mentiras estándar porque afirma revelar la huella del conocimiento almacenado en el cerebro. Por ejemplo, en el caso del hipotético diamante azul, el conocimiento sobre qué tipo de diamante fue robado, dónde se robó y qué tipo de herramientas se utilizaron para cometer el robo.

Esta técnica recoge señales eléctricas dentro del cerebro a través del cuero cabelludo mediante electroencefalografía (EEG); estas señales indican respuestas cerebrales. Conocidas como la señal P300, esas respuestas a preguntas o estímulos visuales se evalúan para detectar indicios de que la persona reconoce ciertos datos. El proceso incluye algunas preguntas de contenido neutro que se utilizan como controles, mientras que otras indagan sobre el conocimiento de hechos relacionados con el delito.

La respuesta P300 suele producirse entre 300 y 800 milisegundos después del estímulo, y se afirma que las personas examinadas reaccionan al estímulo antes de poder ocultar su respuesta. Si las preguntas permiten delimitar lo suficiente el conocimiento que solo podría tener quien cometió el delito, se dice que la prueba es «precisa» para revelar ese conocimiento oculto. Quienes defienden el uso de esta tecnología sostienen que ofrece pruebas mucho más sólidas de las que se pueden obtener mediante la evaluación humana.

Suponiendo que esta tecnología pudiera demostrar que alguien posee conocimientos ocultos sobre hechos relevantes para un delito, ¿deberíamos preocuparnos por su uso?

Posibilidad de prejuicio

Los tribunales ingleses aún no han aceptado pruebas de este tipo, y quizá nunca lo hagan. Sin embargo, se han admitido pruebas similares en otras jurisdicciones, incluida la India.

En el caso indio de Aditi Sharma el tribunal escuchó pruebas según las cuales las respuestas cerebrales de Sharma la implicaban en el asesinato de su ex prometido. Después de que los investigadores leyeran declaraciones relacionadas y no relacionadas con el delito, afirmaron que sus respuestas indicaban un conocimiento fruto de la experiencia sobre la planificación de envenenarlo con arsénico y sobre la compra de arsénico para cometer el asesinato. El caso generó mucho debate y, aunque inicialmente fue declarada culpable, esa condena se anuló posteriormente.

Sin embargo, el Tribunal Supremo de la India no ha descartado la posibilidad de utilizar este tipo de pruebas si la persona examinada da su consentimiento libremente. No debemos olvidar que las personas pueden ocultar deliberadamente conocimientos sobre hechos relevantes para un delito por todo tipo de razones, como proteger a otras personas u ocultar relaciones ilícitas. Esas razones para ocultar información pueden no tener nada que ver con el delito. Una persona puede tener conocimientos relevantes para un delito y ser completamente inocente. La prueba busca determinar el conocimiento, no la culpabilidad.

El contexto es clave

Los investigadores estadounidenses analizaron si las pruebas basadas en el cerebro podían influir indebidamente en los jurados y perjudicar la imparcialidad de los juicios. Concluyeron que quizá se exageraban las preocupaciones de que las pruebas neurocientíficas pudieran influir negativamente en los juicios. En su experimento, los jurados simulados se vieron influidos por la existencia de pruebas basadas en el cerebro, tanto si indicaban conocimiento culpable como si indicaban que este no existía. Sin embargo, en la opinión de los jurados hipotéticos, el peso de otras pruebas, como el móvil o la oportunidad, fue mayor.

Esto no sorprende, ya que nuestra investigación basada en casosdemuestra la importancia del contexto en el que se presentan pruebas neurocientíficas ante un tribunal. Podrían ayudar a respaldar un caso, pero el éxito depende de la solidez del conjunto de las pruebas. En ningún caso el uso de pruebas neurocientíficas por sí solo determinó el resultado, aunque en varios fue muy significativo.

Las tecnologías de detección de recuerdos están mejorando, pero aunque sean «precisas» (sea cual sea la definición que demos a ese término), eso no significa automáticamente que vayan a permitirse o deban permitirse en los tribunales. La sociedad, los legisladores y los tribunales tendrán que decidir si nuestros recuerdos deben seguir siendo privados o si las necesidades de la justicia prevalecen sobre las consideraciones de privacidad. Nuestros pensamientos más íntimos siempre se han considerado privados; ¿estamos dispuestos a entregárselos a los organismos encargados de hacer cumplir la ley?

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