Los robots industriales existen desde la década de 1960, cuando el primer brazo robótico Unimate se instaló en una planta de General Motors en Estados Unidos. Casi seis décadas después, ¿por qué no tenemos robots capaces en nuestros hogares, más allá de unos pocos sencillos aparatos domésticos?
Una de las razones es que las reglas y convenciones que rigen nuestra vida cotidiana no son tan perfectas como las que rigen el proceso de, por ejemplo, ensamblar un automóvil.
Nuestras reglas cotidianas no contemplan todos los escenarios posibles. Por eso están llenas de incoherencias que volverían inútil a cualquier robot que las siguiera al pie de la letra.
Para que los robots desempeñen un papel más activo en nuestras vidas, por ejemplo como cuidadores personales o como fiables cocineros y chefs domésticos, tendrán que dejar de seguir los sencillos procedimientos operativos basados en reglas que utilizan los robots actuales.
Improvisemos
Una posible solución es construir robots de manera que puedan improvisar cuando se enfrenten a una situación complicada.
Lo harían combinando sus experiencias previas de entrenamiento con cierto contexto de la situación actual. Lo más probable es que este enfoque los lleve a tomar decisiones muy complejas.
Pero no hay garantía de que el robot elija una acción acorde con las normas sociales. A los seres humanos, esas acciones podrían parecernos tramposas y, a veces, groseras o incluso injustas.
Entonces, ¿cómo vamos a enseñar a un robot a comportarse de manera cortés, ética y honorable? ¿Es siquiera razonable esperarlo?
¿Pueden improvisar los robots?
Piensa en tu lavadora. Una mañana se te hace tarde y, con las prisas, metes la ropa en la máquina y eliges el programa de lavado equivocado. Una máquina que se limita a seguir las reglas programadas funcionará sin más y podría estropear tu ropa favorita. Qué fastidio.
Para evitar esta situación, una lavadora impulsada por inteligencia artificial (IA) tendría que pasar por un complejo proceso de toma de decisiones para improvisar. La máquina podría usar sus cámaras para detectar las marcas de la ropa que metes y luego buscarlas en internet para averiguar cuál es el mejor programa de lavado.
Pero tenías prisa y mezclaste varios tipos de tejido. Eso significa que un programa de lavado será adecuado para algunas prendas, pero arruinará por completo otras. Una IA sencilla podría decidir detener la máquina y enviarte un mensaje para preguntarte qué hacer.
Ah, pero como tenías prisa, te dejaste el teléfono. Y la IA sabe que necesitas lavar esa ropa hoy, así que debe improvisar de nuevo.
Hora de decidir
El siguiente nivel de decisión consiste en que la IA determine cuál de tus prendas tiene mayor valor sentimental para ti y la salve. Es un proceso mucho más complejo.
Ahora la IA tiene que revisar años de tu historial registrado para detectar momentos importantes de tu vida y comprobar si llevabas alguna de las prendas que metiste despreocupadamente en la máquina. Pero ¿qué es un momento importante y cómo puede detectarlo una IA?
La lavadora con IA ya ha decidido qué programa de lavado ejecutar. Es para tu camiseta blanca de algodón, muy sucia, del primer año de universidad. Usa agua caliente y un aclarado largo.
Esta decisión improvisada quizá haya estropeado algunas de las otras prendas, pero hizo que tu camiseta favorita estuviera lista para ponértela esa noche en una reunión con viejos amigos (la IA había consultado tu agenda).
¿Qué probabilidades hay de que ocurra todo esto?
Investigadores de robótica e IA de todo el mundo ya están mostrando robots capaces de aprender e improvisar.
El intérprete robótico de marimba Shimon toca en una banda de jazz desde 2015 ante salas repletas. Escucha la música de los integrantes humanos de la banda mientras improvisan y se suma a ellos.
Los robots que improvisan música son una cosa, pero la idea de robots tramposos o engañosos da mucho más miedo.
En 2010, investigadores del Instituto Tecnológico de Georgia demostraron cómo un robot podía engañar a otro aprovechando sus vulnerabilidades. En los experimentos, los robots jugaban al escondite. Uno fingía estar en un lugar mientras se ocultaba en secreto en otro.
Los beneficios de permitir que los robots y la IA hagan trampas se estudian en el marco de la investigación sobre la interacción entre humanos y robots (HRI). Algunos de los resultados publicados hasta ahora indican que un robot tramposo tiene más atributos similares a los humanos, lo que da lugar a una interacción más natural entre el robot y las personas con quienes interactúa.
El debate filosófico
Este tema de la moralidad de las máquinas es profundo y complejo, y no tiene respuestas sencillas, pero constituye el germen de un debate que surge de la filosofía de la moral.
Este debate comenzó con la literatura de ciencia ficción de mediados del siglo XX, en particular con las Tres leyes de la robótica de Isaac Asimov, presentadas en su relato corto de 1942, «Runaround». A medida que los robots y la IA se vuelven más capaces, este debate ocupa un lugar cada vez más central en nuestras vidas.
Los pensadores filosóficos ya se han planteado preguntas sobre el desafío de las máquinas morales y las máquinas y el razonamiento moral y han transmitido a la comunidad de HRI el siguiente mensaje:
[…] tengamos cuidado con lo que deseamos… podría hacerse realidad. Por lo tanto, debemos ser muy cuidadosos con las capacidades que programamos en las computadoras y las responsabilidades que les asignamos. Al fin y al cabo, si las máquinas están llegando, somos los seres humanos quienes las estamos construyendo.
Hoy seguimos haciéndonos preguntas sobre la moralidad de las máquinas y sobre si podemos enseñar a la IA y a los robots a comprender qué está bien y qué está mal.
Todavía nos queda mucho camino por recorrer antes de poder construir robots sofisticados con brújula moral.
El debate en curso sobre este tema no solo nos ayudará a construir mejores robots, sino que también nos hará reflexionar sobre nuestras propias prácticas éticas, con la esperanza de avanzar hacia una humanidad mejor.


