¿Cuál es el efecto de los robots en los países en desarrollo?

Zipline engineer carries a drone at the operation base in Muhanga, south of Rwanda's capital Kigali where Zipline, a California-based robotics company delivered their first blood to patients using a drone October 12, 2016. Picture taken October 12, 2016. REUTERS/James Akena
The rise of automation is not equal.Image: REUTERS/James Akena
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Los asombrosos avances tecnológicos en robótica e inteligencia artificial se informan prácticamente a diario: desde los versátiles robots móviles en la agricultura y la fabricación de vaqueros a vehículos autónomos y edificios impresos en 3D.

De hecho, la Federación Internacional de Robótica calcula que el próximo año el stock de robots industriales crecerá en más de 250.000 unidades anuales, concentradas en la producción de automóviles, electrónica y nueva maquinaria.

En algunos ámbitos, las economías emergentes están en realidad por delante de los países más ricos. Tomemos, por ejemplo, la línea de metro sin conductor de Pekín o finanzas basadas en el teléfono móvil en Kenia. Los robots incluso podrían reemplazar parcialmente a investigadores y académicos. Así que esto es realmente, realmente serio ahora…

El Informe sobre el Desarrollo Mundial de este año se centra en la naturaleza cambiante del trabajo (aunque sus mensajes resultan extrañamente anticuados). Y no es el único. Diversos organismos internacionales han señalado recientemente cuestiones de este tipo relativas al futuro del empleo en el contexto de la automatización, entre ellos el BAD, la OIT, el FMI, UNCTAD, PNUD, ONUDI, y el Banco Mundial de nuevo, y de nuevo. Lo mismo ocurre con los expertos del sector privado del McKinsey Global Institute, el Foro Económico Mundial, y Pricewaterhouse. De hecho, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha llegado incluso a lanzar una Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo.

¿Por qué importa?

¿Qué significa la automatización para los países en desarrollo? ¿Han desaparecido para siempre las vías de desarrollo del Este Asiático basadas en un crecimiento impulsado por la industria manufacturera que genera empleo? ¿Tendrán que encontrar nuevo empleo 1.800 millones de trabajadores, es decir, dos tercios de los trabajadores de los países en desarrollo (como afirma el Banco Mundial afirma que así será)? ¿Es necesaria una renta básica universal global, según la propuesta del ministro de Finanzas de Indonesia presentada en las reuniones del FMI y el Banco Mundial? ¿Necesita cada país en desarrollo crear un ministerio de automatización como ha hecho Tailandia?

En un nuevo documento analizamos más de cerca lo que denominamos el auge del ejército de reserva de robots (y aquí está el pódcast de la LSE) y lo que significa para el futuro del desarrollo económico y el empleo, en particular en los países en desarrollo. Todo ello forma parte de un nuevo proyecto sobre transformación estructural y crecimiento inclusivo que estudia lo que hemos llamado el «dilema del desarrollador».

«¿Cuál es el dilema del desarrollador?», nos oímos preguntar (podemos soñar). Es el siguiente: la transformación estructural, también llamada desarrollo económico genuino (no simplemente un crecimiento impulsado por las materias primas), a menudo conduce a una mayor desigualdad, salvo que las políticas públicas intervengan. Al mismo tiempo, es más probable que el crecimiento inclusivo se produzca con una desigualdad estable o incluso decreciente.

En los años venideros, grandes cuestiones como la automatización, pero también la desindustrialización son megatendencias importantes. Y es importante no olvidar la experiencia histórica del desarrollo económico, que apunta hacia el argumento a favor de la «trickle along» o economía del goteo.

En este contexto, la automatización tiene claramente importancia para el futuro del desarrollo económico, el futuro del trabajo y apunta hacia la necesidad de desarrollar nuevas estrategias para el desarrollo económico en los países en desarrollo.

Dicho esto, el interés por el impacto del cambio tecnológico no es, por supuesto, en absoluto nuevo. Existe el detallado estudio empírico de Leontief y Duchin de los años ochenta y, remontándonos aún más atrás, la obra de W. Arthur Lewis, Marx, Ricardo, y Schumpeter.

Entonces, ¿qué encontramos?

Siguiendo con el tema de Los Simpson y los robots, tenemos tres titulares (¿por qué siempre son tres?):

1. ¡D’oh! La automatización no es solo un problema de los países ricos

La mayor parte de las reflexiones sobre las implicaciones económicas se ha centrado hasta ahora en las economías industrializadas avanzadas, donde el coste de la mano de obra es elevado y la manufactura presenta un alto grado de mecanización y productividad. Sin embargo, el mundo en desarrollo se ve afectado tanto por las tendencias de automatización de los países de ingresos altos como por la propia puesta al día en términos de automatización.

Es probable que la automatización afecte a los países en desarrollo de forma diferente a los países de ingresos altos. Los tipos de empleo habituales en los países en desarrollo, como el trabajo agrícola rutinario, son bastante más susceptibles a la automatización que los empleos de servicios —que requieren trabajo creativo o interacción cara a cara— que dominan las economías de ingresos altos.

2. ¡Uf! La automatización no solo trata de tecnología

El debate actual se centra demasiado en las capacidades tecnológicas y muy poco en los factores económicos, políticos, jurídicos y sociales que darán forma profunda a la manera en que la automatización afecta al empleo. Cuestiones como la rentabilidad, la regulación laboral, la sindicalización y las expectativas sociales de las empresas serán al menos tan importantes como las limitaciones técnicas a la hora de determinar qué empleos se automatizan, especialmente en los países en desarrollo.

3. ¡Ay, caramba! Prestar más atención al estancamiento salarial que al desempleo

En contraste con una narrativa extendida sobre el «desempleo tecnológico» (©John Maynard Keynes), un impacto más probable, al menos a corto y medio plazo, es el lento crecimiento de los salarios reales en empleos de cualificación baja y media, ya que los trabajadores se enfrentan a la competencia de la automatización. Esto obstaculizará por sí mismo la reducción de la pobreza y probablemente presionará al alza sobre la desigualdad nacional, debilitando el poder del crecimiento para reducir la pobreza y poniendo potencialmente los contratos sociales bajo presión.

A medida que los empleos agrícolas e industriales se automatizan, los trabajadores seguirán afluyendo al sector servicios, lo que presionará a la baja los salarios y conducirá a un abultamiento del empleo en el sector servicios y al estancamiento salarial, pero no a un desempleo masivo, al menos a corto y medio plazo.

Cómo deben responder los países en desarrollo en términos de políticas públicas es una cuestión crucial.

En suma, los países en desarrollo afrontan desafíos reales en materia de políticas desencadenados por la automatización.

Dado el ritmo del cambio tecnológico, es poco probable que las estrategias de mejora de competencias sean una panacea. Las redes de protección y los subsidios salariales pueden ser deseables, pero sigue en pie la cuestión de cómo financiarlos (sin encarecer el trabajo y, por tanto, agravar una tendencia hacia la sustitución). Invertir en sectores intensivos en mano de obra, como la construcción de infraestructuras, el turismo, los servicios sociales, la educación o la sanidad, puede ser una forma de que los países en desarrollo gestionen los efectos disruptivos de la automatización, aunque estas medidas implicarían grandes inversiones públicas y no constituyen por sí mismas una estrategia a largo plazo para el desarrollo económico. A más largo plazo, el argumento moral a favor de una RBUG (renta básica universal global; recuerden que oyeron aquí primero la sigla) podría volverse abrumador.

Así que esos son los titulares. Para los más entusiastas, publicaremos un blog más detallado sobre los factores impulsores de la automatización; nuestra teoría sobre el efecto de la automatización en los países en desarrollo; las previsiones de automatizabilidad y desplazamiento del empleo; y los distintos enfoques de respuesta de las políticas públicas.

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