Mucho se ha escrito ya sobre la llegada de la Cuarta Revolución Industrial (4IR) y la oportunidad que ofrece la convergencia de sus nuevas tecnologías para generar valor en los sistemas de producción y las economías de todo el mundo. En cierto sentido, se podría nivelar el terreno de juego. La producción localizada es cada vez más viable para muchos pequeños productores, lo que encamina a las comunidades en desarrollo hacia la autosuficiencia, mientras que la caída de los costos podría permitir que fábricas de todos los tamaños aumenten sus niveles de productividad.
Sin embargo, en el otro lado de la ecuación, los titulares de prensa han estado dominados por predicciones de que los trabajadores humanos serán sustituidos por robots, lo que provocaría una pérdida generalizada de empleos y agravaría los desafíos sociales. Además, se ha puesto en duda la capacidad de las regiones menos industrializadas, o de aquellas con economías e infraestructuras fragmentadas, para responder a estas disrupciones y competir eficazmente en el futuro.
Para Oriente Medio y Norte de África, es una cuestión crucial. Está claro que la región reúne países en situaciones muy distintas: desde aquellos con conflictos activos, una cohesión social debilitada e ingresos decrecientes procedentes de sus reservas de recursos naturales, hasta economías prósperas, inclusivas y relativamente avanzadas.
Sin embargo, la coincidencia entre algunas de las megatendencias características de la región y el fenómeno de la 4IR la sitúa en una posición que, en realidad, le permite asumir un papel destacado en la adopción y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías. Estos son algunos ejemplos:
Una población joven, conocedora de la tecnología y en rápido crecimiento, y el papel de la realidad aumentada/realidad virtual (RA/RV) y los dispositivos vestibles. Más del 40 % de las personasde Oriente Medio y Norte de África tienen menos de 25 años, y el crecimiento demográfico solo es superado por el del África subsahariana. Se prevé que este crecimiento continúe y que la población total alcance los 700 millones en 2050. Aunque esto indica claramente la necesidad urgente de crear empleos y desarrollar nuevas capacidades, cabe afirmar que una nueva generación de trabajadores millennials, que ha crecido con la tecnología al alcance de la mano, tiene más probabilidades de adaptarse a las necesidades de la nueva era de la producción. Por ejemplo, las empresas podrían usar la realidad aumentada para ofrecer «hiperformación» a sus empleados, lo que aumentaría su participación, reduciría drásticamente los tiempos de formación y daría lugar a una fuerza laboral más capacitada.
Urbanización, desarrollo de nuevas infraestructuras e internet de las cosas (IoT). Alrededor de 263 millones de personas —es decir, el 62 % de la población de la región— viven en ciudades, y se prevé que la población urbana se duplique para 2040. Esto implica más construcciones y más oportunidades para incorporar dispositivos IoT a las edificaciones actuales y futuras, a la gestión del tráfico y de la energía, y a otros sistemas inteligentes que ayuden a la región a dar un salto adelante. Ciudades de todo el mundo han empezado a aprovechar el poder de la conectividad digital. Barcelona usa farolas inteligentes que detectan a los peatones para ajustar la iluminación, medir la calidad del aire y compartir información con los organismos municipales y el público. Singapur utiliza flotas de autobuses inteligentes que detectan problemas y reducen considerablemente las aglomeraciones y los tiempos de espera. Dubái ha instalado nuevos semáforos que detectan el movimiento de los peatones y ajustan automáticamente la duración de las señales para animar a más personas a caminar y ayudar a reducir los accidentes.
Diversificación económica, productividad y el papel de los robots. La volatilidad de los precios del petróleo ha puesto bajo presión a los países exportadores de petróleo de Oriente Medio, lo que ha dado lugar a un renovado énfasis en la diversificación económica. Todos los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han diseñado planes a largo plazo para aumentar su diversificación, atraer inversiones, ampliar el sector de las pymes y los empleos del sector privado, e incrementar el PIB y las exportaciones. La convergencia de nuevas tecnologías ofrece una alternativa a las vías tradicionales de desarrollo y permite a los países incorporarse con relativa facilidad a nuevos sectores industriales.
Entre los ejemplos figuran las «fábricas rápidas», que usan robots e impresión 3D para producir rápidamente bienes personalizados y pueden ayudar a acelerar la localización de la producción. Esta automatización puede multiplicar la productividad y permitir que los países de la región accedan a nuevos mercados en los que antes no podían competir, como la fabricación de piezas aeroespaciales. Además, el uso de la automatización y la autonomía para el transporte de carga y pasajeros podría aumentar la ventaja competitiva de la región.
Por supuesto, la región tendrá que superar sin duda ciertos desafíos para construir un nuevo futuro; abordarlos será fundamental para aliviar las causas profundas de los conflictos de seguridad regionales. Tres desafíos son centrales para liberar el crecimiento transformador de la Cuarta Revolución Industrial:
Desarrollar las capacidades adecuadas. Algunas regiones están rezagadas en el camino hacia la industrialización, y se reconoce que estudiantes y profesionales deben contar con una mejor preparación en las competencias pertinentes: no solo en materias STEM, sino también en las habilidades intrínsecamente humanas, que serán más demandadas que nunca a medida que la automatización transforme el papel de las personas en el lugar de trabajo.
Gobernanza, regulación y políticas propicias. Esto exige que los gobiernos adopten marcos más progresistas e inclusivos que fomenten la demanda, estimulen la inversión, impulsen el desarrollo empresarial, reduzcan la corrupción y corrijan los desequilibrios derivados de la exclusión histórica en algunas de sus sociedades.
Integración panregional. Por último, en un mundo donde las regiones empiezan a mirar hacia dentro, Oriente Medio y Norte de África pueden beneficiarse de la mejora de sus intercambios económicos regionales. La integración económica de la región se encuentra entre las más bajas del mundo. Una mayor circulación intrarregional de bienes, capital y mano de obra permitiría impulsar el crecimiento económico y afrontar mejor las disrupciones de la 4IR.
No me cabe duda de que Oriente Medio y Norte de África están ante el umbral de una enorme oportunidad, con la llegada de la revolución digital. Creo que la región tiene la capacidad de aprovecharla y continuar su camino hacia un futuro más integrado y altamente productivo.


