Tenemos que repensar la neurociencia. Y usted puede ayudarnos

To arrive at a set of ethical guidelines, first we need to know what the public wants. That's where you come in.Image: Zoltan Tasi/Unsplash
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¿Cómo será la neurotecnología dentro de una o dos décadas?

¿Se tratará de una nueva generación de escáneres cerebrales portátiles que puedan reducir considerablemente el precio de la investigación, como el que se está desarrollando por investigadores de la Universidad de Nottingham y del University College London, en el Reino Unido?

¿O se tratará de interfaces neuronales sofisticadas, como las que el ejército estadounidense está desarrollando, para cambiar la forma en que nuestras mentes interactúan con el mundo que nos rodea?

¿O, quizá, se tratará de enfoques económicos y ricos en datos para detectar patrones en el uso del smartphone y detectar trastornos de salud mental y cerebrales en sus primeras etapas -- como lo que ya están haciendo MindStrong Health, NeuraMetrix y otras?

La ciencia emergente puede detectar trastornos cerebrales en fase temprana mediante el uso del smartphone.

Desvelar los secretos del cerebro se ha convertido en una cuestión acuciante para científicos, gobiernos y empresas de todo el mundo. Actualmente hay siete grandes proyectos sobre el cerebro que intentan alcanzar el santo grial de la neurociencia: ¿cómo se traduce exactamente la actividad cerebral en comportamiento, pensamientos, sentimientos y bienestar humanos?

Las Iniciativas Internacionales sobre el CerebroImage: De los delegados de GNS y Rommelfanger et al., 2018, Neuron

Imagine las múltiples formas en que, si conociéramos la respuesta, podríamos cambiar para mejor la forma en que aprendemos, trabajamos y vivimos. Imagine las formas en que podríamos ayudar a dotar mejor a todos nuestros cerebros y mentes para prosperar en la Cuarta Revolución Industrial.

Afortunadamente, la Iniciativa Internacional sobre el Cerebro está ayudando a coordinar todos los proyectos nacionales existentes sobre el cerebro, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Cumbre Mundial de Neuroética están explorando activamente las implicaciones éticas de la investigación del cerebro, y el Foro Económico Mundial está reuniendo, con la participación de varios sectores, al Consejo Global de Futuro sobre Neurotecnologías para ayudar a impulsar un marco ético para el desarrollo tecnológico y su adopción generalizada.

Por qué necesitamos la opinión de todos

Ya está claro que la investigación del cerebro tiene el potencial de transformar radicalmente la forma en que la humanidad se define a sí misma, para bien y para mal. Por ejemplo, necesitamos reconsiderar supuestos y valores arraigados desde hace tiempo, como el libre albedrío y el papel de la razón en el comportamiento humano. Y cada semana se ven múltiples noticias, probablemente contradictorias, sobre el impacto de la neurociencia en la inversión, la medicina, el derecho, la industria y la superación personal.

Pero necesitamos pedirle su opinión, ya que las implicaciones de estos nuevos esfuerzos mundiales son profundas. Necesitamos asegurar que reflejen las necesidades y prioridades de 7.600 millones de cerebros y mentes en cada ciudad, pueblo y aldea del planeta.

Los increíbles avances científicos abren posibilidades increíbles para aliviar una amplia gama de cargas sanitarias, desde los trastornos del desarrollo hasta la salud mental, pasando por la superación del deterioro cognitivo asociado a la edad y la demencia. La intervención temprana, la gestión de riesgos y la modificación de la enfermedad son el futuro de la atención sanitaria: detectar la enfermedad latente e intervenir en su desarrollo antes de que llegue a manifestarse es el futuro que estamos creando.

Al mismo tiempo, las múltiples cuestiones éticas que conllevan los tratamientos «preclínicos» nos presentan oportunidades y desafíos imprevistos en los que necesitamos su opinión. Predecir que alguien tendrá determinada afección o enfermedad cerebral influirá no solo en lo que es probable que esa persona deba soportar, sino que también es una predicción de en quién podría convertirse esa persona. «Quiénes somos» es mucho más frágil de lo que jamás habíamos previsto, y puede trastocarse con solo una lesión, como el célebre caso de Phineas Gage, o una intervención cerebral como la autoalienación tras algunas formas de estimulación cerebral.

Los valores culturales impulsan la innovación, para bien y para mal

También está cada vez más claro que, además de la cooperación internacional, la «gran neurociencia» requiere una mejor comprensión de los valores y prioridades globales a la hora de debatir qué políticas son necesarias y qué fines deben cumplir las tecnologías neurocientíficas.

Dado que los valores culturales determinan qué tipo de ciencia se financia, se realiza y se difunde, ¿cómo podemos avanzar si solo prestamos atención a las necesidades de las personas enfermas en países ricos, que son los sujetos de la mayor parte de la investigación clínica?

El kanji japonés «kokoro», que significa mente, espíritu o corazón.

En muchas culturas, la mente, el cerebro y el cuerpo forman una entidad integrada, como ejemplifican los conceptos chino y japonés de o xin o kokoro (心), que significa mente-corazón-espíritu. Esto puede parecer un capricho filosófico, pero influye en las definiciones legales para determinar el momento de la muerte de una persona, define cómo se entiende la inviolabilidad de la vida, condiciona si es aceptable o no generar o intervenir en la creación de formas de vida (como en el caso de la edición genética de embriones o la clonación), y da forma al tipo de estigma asociado a las enfermedades cerebrales.

La ciencia del cerebro, como cualquier ciencia, no está libre de valores. Al buscar resultados, las hipótesis suelen trazarse según identidades construidas a nivel nacional y pueden exacerbar o reforzar sin querer los sesgos por raza, etnia y género e incluso establecer marcos sobre lo que se considera «normal» o «natural». Por ejemplo, la innovación en neurotecnología que puede mejorar la memoria en cerebros enfermos también puede dar lugar a tecnologías de neuromejora que prometen convertirnos en superhumanos.

Innovadores y responsables políticos de todo el mundo están preocupados por gestionar una población envejecida en aumento y recurren al desarrollo de curas, neuromejoradores y robots de asistencia social. Pero la neurociencia plantea problemas de equidad específicos. Si pudiéramos alterar las capacidades humanas fundamentales, ¿veríamos surgir una «brecha cerebral» grande y creciente?

Debemos pensar en la aceptabilidad ética, en el temor a la presión de los pares y a la coacción implícita para utilizarlas, y en el acceso desigual a dichas tecnologías.

Donde el desarrollo responsable se encuentra con la adopción prudente

Entonces, ¿cómo encontramos el equilibrio? ¿Dónde y cómo se encuentran el desarrollo responsable y la adopción prudente?

Involucrar a responsables políticos, especialistas en ética, científicos, tecnólogos y lectores como usted en un debate transparente es fundamental si queremos resolver con éxito este dilema. Ya no se puede considerar al público como un recipiente vacío que deben llenar de conocimiento los «expertos»… pues los expertos tienen mucho que aprender sobre sus opiniones, deseos y prioridades para el descubrimiento científico y la innovación tecnológica.

Mientras los expertos en neurociencia, neuroética y salud mental siguen dando forma al futuro de la neurotecnología, le pedimos su ayuda para debatir preguntas como estas:

- ¿Qué significa para las personas y sus cuidadores recibir un diagnóstico preclínico o una evaluación de alto riesgo de desarrollar una enfermedad cerebral? ¿Crea un diagnóstico de este tipo más estigma o más oportunidades para la salud?

- ¿Cuál es el umbral crítico para considerar algo una enfermedad? ¿Desplazaremos con el tiempo la línea en que realmente designamos una enfermedad (a efectos de intervención o de justificación del reembolso) o estamos entrando en una era de la atención sanitaria como mejora?

- ¿Cómo debemos evaluar la relación riesgo-beneficio en ausencia de enfermedad? ¿Cómo decidimos el riesgo adecuado ante el «tratamiento» de una enfermedad que todavía no existe, pero que se predice y no está garantizado que llegue a producirse algún día?

- ¿Cuenta un diagnóstico preclínico como «preexistencia» a efectos de seguros de vida o de salud? ¿Cómo debe protegerse esa información, dadas las cambiantes consideraciones y normas sobre privacidad de datos en todo el mundo?

- ¿Cómo evitamos una «brecha cerebral» potencialmente creciente entre quienes tienen acceso a los conocimientos y herramientas emergentes y quienes no?

- ¿Cuáles son los riesgos de no emprender iniciativas de alto riesgo en los ámbitos de la salud cerebral y la salud mental cuando tantas personas carecen de atención, son diagnosticadas erróneamente y reciben un trato inadecuado?

No externalice el futuro de la neurotecnología en manos de expertos en el cerebro: con leer esto ya sabemos que usted también tiene un cerebro humano fantástico. Participe en los comentarios de las redes sociales o de la forma que considere oportuna, y ayúdenos a aprovechar las oportunidades y mitigar los riesgos.

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