Qué significan los robots para el empleo

A worker (L) stands inside a 777 fuselage as a machine works on the outside at the Fuselage Automated Upright Build (FAUB) and mid bodies area at Boeing's production facility in Everett, Washington, U.S. June 1, 2017. Picture taken June 1, 2017. REUTERS/Jason Redmond - RTX39LDG
Technical innovation has always had an impact of fear on people.Image: REUTERS/Jason Redmond
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Invasión. Toma de control. Estas son algunas de las palabras que se han repetido en los titulares sobre robótica e inteligencia artificial en los últimos años. La cobertura ha sido casi implacablemente negativa y se ha centrado en la amenaza para el empleo y en desplazar el componente humano. Aunque ese potencial existe, creemos que, si la robótica y la IA llegan a convertirse en una amenaza, será una amenaza que la propia sociedad habrá elegido.

El impacto en el mercado de la robótica y los sistemas autónomos se estima entre US$9.8 y US$19.3 billones al año para 2025, pero un informe reciente del Sutton Trust subrayó la preocupación de que esto pudiera dar lugar a una sociedad dividida en dos niveles:

Un grupo de élite con altas competencias que domine los estratos superiores de la sociedad y otro grupo con menos competencias y bajos ingresos, con pocas perspectivas de mejorar sus habilidades y, por tanto, de ascender socialmente, lo que daría lugar a una escalera social rota.

La innovación técnica siempre ha repercutido en el statu quo y ha suscitado temores sobre lo que podría traer el cambio. Actualmente, preocupa que quienes poseen los medios de producción se enriquezcan, mientras que otros vean cómo los robots les quitan el empleo y el sustento.

Image: Citi

Vivir en una era conectada

La revolución de la robótica y los sistemas autónomos ya ha comenzado. Vivimos en una era conectada, en la que la tecnología asequible interactúa con nosotros y con otros elementos naturales y físicos de nuestro entorno, y convierte los datos en información para una audiencia global.

La IA puede acercar a distancia el conocimiento experto a cualquier persona, en cualquier lugar del mundo, y ayudarla en sus actividades como un mentor virtual, adaptando la información a un formato útil con el que pueda interactuar. Al proporcionar este conocimiento a las personas, ofrece oportunidades sin precedentes: desde que los innovadores que trabajan en cobertizos de jardín accedan a procesos de fabricación que antes estaban fuera de su alcance, hasta la posibilidad de generar riqueza en los países que más la necesitan.

Por ejemplo, la IA ayuda a comunidades de países en desarrollo a implantar sistemas locales de energía renovable mediante automatización y supervisión inteligentes, casi como un «médico» en línea que se asegura de que el sistema esté «sano» y funcione correctamente. Esto significa que las comunidades no solo acceden a energía asequible y sostenible, sino que también pueden comerciar con cualquier excedente de energía con otros consumidores o empresas de servicios públicos.

Pero, para obtener estos beneficios, la sociedad debe estar preparada para aprovecharlos. Los gobiernos, las empresas y el mundo académico tienen la responsabilidad de preparar a la fuerza laboral actual y futura para los inminentes y drásticos cambios que se avecinan, y la sociedad en su conjunto debe apoyar esta nueva revolución industrial.

En contra del escenario apocalíptico que muchos imaginan, creemos que el futuro gira en torno a las personas: al fin y al cabo, el valor de las tecnologías reside en el conocimiento que los seres humanos incorporamos en ellas y en cómo interactuamos con ellas, no en las máquinas en sí. Para que funcione ese escenario centrado en las personas, necesitamos una fuerza laboral ágil, preparada para el futuro y dispuesta a adoptar un mundo basado en los datos en colaboración con la robótica y los sistemas autónomos.

Un ejemplo actual es la planta de fabricación «lights out» de Siemens en Amberg, Alemania, que está automatizada hasta el punto de que algunas líneas pueden funcionar sin supervisión durante varias semanas. Se considera un paso hacia una fábrica totalmente autoorganizada que permitiría fabricar productos altamente personalizables. Sin embargo, esta fábrica automatizada cuenta con 1,150 empleados que la mantienen en funcionamiento, aunque con funciones distintas, centradas en la programación, la supervisión y el mantenimiento de las máquinas.

La nueva revolución industrial

Desde la primera revolución industrial, por lo general las personas han tenido que seguir a la tecnología y trasladarse a las grandes ciudades o emigrar de países en desarrollo a países desarrollados para acceder mejor a las oportunidades que ofrece la tecnología.

En Heriot-Watt estamos aprovechando tanto las oportunidades tecnológicas más recientes como los desafíos que conllevan. Nuestro trabajo implica colaborar con los gobiernos y la industria en torno a una filosofía que pone a las personas primero mediante nuestro concepto del Centro de Innovación Integrada (CEI), que se acerca a todas nuestras comunidades para facilitar el acceso a los últimos avances en análisis de datos, robótica y sistemas autónomos.

Estudios del Sutton Trust indican que, durante la última década en el Reino Unido, ha aumentado la brecha entre ricos y pobres, y que la desigualdad se encuentra ahora en un máximo histórico. El CEI busca abordar este desequilibrio social igualando las oportunidades, con la educación como elemento clave, y contribuir a crear una nueva revolución industrial «integrada» que apoye el crecimiento empresarial y económico, transfiriendo conocimientos y recursos a las comunidades con mayor riesgo de pobreza.

La creación de riqueza y la innovación deben centrarse en las personas para lograr un futuro próspero e inclusivo en toda la sociedad. También está claro que la velocidad de esta revolución industrial exige un cambio transformador de estrategia por parte de los gobiernos, la industria y el mundo académico.

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