La computación cuántica puede procesar datos e información de una manera muy superior a la de un ordenador clásico.
La gobernanza proactiva es clave para maximizar los beneficios de la tecnología, mitigar los riesgos potenciales y facilitar la transición a una era poscuántica.
Debería considerarse un enfoque conductual de la gobernanza, junto con los enfoques técnicos y procedimentales.
Es difícil subestimar el poder de los ordenadores cuánticos. Comparado con un ordenador clásico, un ordenador cuántico es como un avión respecto a un coche. Funcionan de manera fundamentalmente distinta y, por rápido que sea un coche, no puede volar sobre un río. Los ordenadores cuánticos utilizan principios físicos diferentes, o la mecánica cuántica, para comunicar y procesar información de una forma que ningún ordenador clásico podrá nunca lograr mediante la física clásica.
Un ordenador clásico solo puede contener un bit de información a la vez (0 o 1), mientras que los cúbits de los ordenadores cuánticos pueden encontrarse en un estado de superposición y tener aspectos de 0 y 1 simultáneamente. Sin embargo, el resultado de una operación también estará en un estado de superposición, y manipular estados de superposición para extraer la respuesta deseada es el campo de los algoritmos cuánticos. El enfoque de este artículo es cómo gobernar esta tecnología para garantizar un futuro seguro.
Un momento significativo para la computación cuántica
Vivimos ahora un ‘momento de los hermanos Wright’ en la historia de la computación cuántica. Pero cuando llegue una versión comercial, supondrá un nuevo salto en la tecnología de la información, similar al que la computación clásica supuso en el siglo XX y, al igual que ocurre con cualquier tecnología de propósito general –como internet, la electricidad y, ya puestos, el fuego–, junto con grandes beneficios llegan grandes riesgos.
Entre los beneficios figuran que los ordenadores cuánticos podrían utilizarse para simular procesos físicos cuánticos y acelerar el diseño de fármacos y materiales; para acelerar el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y para ofrecer nuevos niveles de seguridad y de comunicación de la información. Pero también podrían utilizarse para romper los cifrados de clave pública, para amplificar los riesgos actuales de la IA a un ritmo más rápido o para un uso indebido en biotecnología, con el fin de diseñar armas biológicas u otros riesgos.
Así pues, es difícil imaginar el éxito de estas tecnologías sin normativas sólidas y políticas de gobernanza. ¿Puede imaginar un mundo sin normas sobre la electricidad, protocolos de internet ni normas de seguridad contra incendios? Sin embargo, aunque los riesgos de los ordenadores cuánticos se conocen bien, todavía se ha hecho poco para mitigarlos debido al horizonte poco claro en cuanto a su futuro.
Gobernanza de la computación cuántica
Una gobernanza adecuada es clave para minimizar los riesgos y maximizar los beneficios de la computación cuántica. Sin embargo, es fácil perderse en todo el detalle sobre los beneficios y riesgos potenciales y, como extensión de la computación clásica, inevitablemente heredará ambos.
Por ello, al formular políticas de computación cuántica, es más eficaz examinar primero las políticas vigentes para determinar cuáles deben ser:
Adoptadas para abordar riesgos similares.
Ampliadas para mitigar riesgos intensificados.
Modificadas para abordar riesgos nuevos o imprevistos.
Una de las áreas prometedoras de la computación cuántica es la optimización, que acelerará el desarrollo de la IA y, en consecuencia, sus riesgos, como el sesgo de datos. Por ello, es fundamental distinguir entre lo que la computación cuántica añadirá y lo que multiplicará.
Tres tipos de enfoque de la gobernanza
Tomando como ejemplo la ciberseguridad, sin pérdida de generalidad, los enfoques de gobernanza pueden agruparse en tres categorías:
Técnico: Refuerzo de software o hardware, como cifrados más robustos o autenticación de dos factores.
Procedimental: Políticas y normativas aplicadas, como contraseñas más seguras o cumplimiento normativo.
Conductual: Aprovechamiento del comportamiento psicológico y social para influir en las decisiones, como cambiar las opciones predeterminadas, la concienciación o la presión social.
Las tres son igualmente importantes, pero la última suele pasarse por alto. Los enfoques procedimentales se basan en la teoría económica clásica, que asume que los seres humanos son racionales, egoístas y maximizadores de beneficios. Por otro lado, las técnicas conductuales se basan en la economía conductual moderna, que entiende que los seres humanos no son perfectamente racionales y están influidos por sus emociones y sesgos cognitivos.
Existen muchas formas de mitigar los riesgos cuánticos mediante tácticas conductuales, pero aquí destacaremos dos ejemplos.
‘No me des tiempo, dame una fecha límite’
Un ordenador cuántico tolerante a fallos podrá romper la mayoría de los cifrados de clave pública que protegen nuestras comunicaciones modernas. Aunque la amenaza aún esté lejana en el futuro, la preparación debe empezar ahora, porque un adversario puede almacenar hoy datos cifrados y descifrarlos retroactivamente cuando la tecnología esté lo bastante madura.
Esta amenaza es un excelente ejemplo de cómo pueden emplearse todas las tácticas anteriores. Un enfoque técnico del problema, por ejemplo, consiste en desarrollar nuevos esquemas de cifrado resistentes a la computación cuántica, lo que ya es un campo activo de investigación en criptografía. Otro enfoque técnico es utilizar protocolos de distribución de claves cuánticas (QKD) –combatir los ordenadores cuánticos con canales de comunicación cuántica para intercambiar claves.
En el frente procedimental, la convocatoria de criptografía poscuántica del NIST y el proyecto OpenQKD de la UE son excelentes ejemplos de cómo establecer normas y acuerdos que allanan el camino hacia un futuro seguro frente a la computación cuántica.
No obstante, hay que incentivar a las personas para que recorran este camino, y ahí es donde creemos que los enfoques conductuales pueden ayudar. Simplemente aumentar la concienciación no será suficiente; las campañas contra el tabaquismo son un buen ejemplo.
En cambio, crear un sentido de urgencia podría ser un enfoque conductual más eficaz, como fijar un plazo artificial para la transición a la criptografía poscuántica. Los plazos, incluso si son autoimpuestos, han demostrado ser eficaces para mejorar el rendimiento.
Por ejemplo, una vez anunciadas las normas del NIST, se podría establecer en un plazo de cinco años que cualquier dato cifrado con criptografía preposcuántica dejaría de estar protegido legalmente. De este modo, los consumidores presionarán a los proveedores para que ofrezcan soluciones seguras frente a la computación cuántica y, como resultado, estos acelerarán sus esfuerzos de transición.
Los seres humanos tienden a sobrestimar su rendimiento
Es bien sabido en el ámbito de la sociología que los seres humanos tienden a sobrestimar, y a veces a subestimar, su rendimiento en comparación con sus iguales. Un famoso estudio sueco publicado en 1981 reveló que el 88 % de los conductores estadounidenses creen tener una habilidad al volante superior a la media.
Este es un ejemplo del efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo por el que las personas con conocimientos limitados tienden a sobrestimar sus capacidades. Aunque el término clave aquí es «conocimientos limitados», también se ha demostrado que las personas tienden a reconocer sus debilidades y a mejorar con la retroalimentación sobre su rendimiento, especialmente cuando se comparan con otros.
Un experimento demostró que las personas trabajaban más cuando se les informaba de que conocerían su clasificación, en comparación con otro grupo que no recibía ninguna retroalimentación. Podemos imaginar que estas tácticas funcionan a escala macro. En consecuencia, un índice mundial de preparación para la computación cuántica puede considerarse una forma de retroalimentación que ayudaría a los países a evaluar su rendimiento y seguir su evolución.
Además, estas clasificaciones relativas generarían la presión social necesaria para incentivar a los gobiernos a fin de mejorar su preparación para la computación cuántica. Aunque estos índices deben diseñarse con cuidado para no desalentar a los países situados en la parte inferior de la lista. Por ejemplo, subdividiendo las listas por regiones y diversificando las métricas, como incluyendo una dimensión para la detección cuántica, los gobiernos se verían impulsados a prestarle más atención, aunque de otro modo ocupen los primeros puestos de la clasificación general.
Un nuevo problema que requiere una nueva solución
La computación cuántica es un problema nuevo que exige nuestras soluciones más avanzadas. Es crucial no dejar que las viejas amenazas nos hagan perder de vista las nuevas. En este sentido, los enfoques conductuales son muy eficaces y poco costosos.
Dicho esto, no se trata de un argumento para utilizar enfoques conductuales en lugar de enfoques técnicos o procedimentales al considerar la gobernanza de la computación cuántica, sino para incluirlos en el conjunto de posibles soluciones y tenerlos en cuenta al diseñar nuevas políticas relacionadas con la computación cuántica.


