¿Cómo cambian los niveles de optimismo a lo largo de nuestra vida? Investigadores de la Universidad de California en Davis encontraron la respuesta.
Analizaron una muestra relativamente amplia de 1.169 estadounidenses de origen mexicano de entre 26 y 71 años, a quienes se encuestó durante un período de siete años. En cuatro ocasiones distintas, los participantes completaron el Test de Orientación Vital, utilizado para medir el optimismo.
El test consta de seis preguntas:
1. En tiempos de incertidumbre, normalmente espero que todo salga bien.
2. Si algo puede salir mal, me saldrá mal.
3. Siempre soy optimista respecto a mi futuro.
4. Casi nunca espero que las cosas salgan como quiero.
5. Rara vez cuento con que me ocurran cosas buenas.
6. En general, espero que me ocurran más cosas buenas que malas.
Los participantes también respondieron 54 preguntas sobre diversas experiencias positivas y negativas que habían vivido recientemente. Entre ellas: «En los últimos tres meses, te despidieron», así como «En el último año, te aceptaron en un programa educativo importante para ti» y «En el último año, entablaste nuevas amistades importantes para ti».
Los científicos descubrieron que el optimismo tiende a ser menor entre las personas de veintitantos años; luego aumenta a lo largo de los 30 y los 40, hasta alcanzar su máximo en los 50 (con 55 años como la edad del máximo optimismo). Después, empieza a disminuir gradualmente.
Los autores denominaron este patrón «una forma de U invertida, con un pico en la etapa final de la mediana edad». Estudios anteriores mostraron que otros rasgos positivos de la personalidad, como la autoestima y la satisfacción con la vida, siguen una tendencia similar.
Curiosamente, los investigadores también descubrieron que ser optimista no está necesariamente relacionado con el tipo de acontecimientos que ocurren en la vida. Los participantes que habían tenido experiencias positivas sí mostraron trayectorias de optimismo más elevadas. Sin embargo, quienes habían tenido experiencias negativas no eran necesariamente menos optimistas.


