Una nueva investigación revela que los niños rinden mejor en tareas aburridas cuando van disfrazados de Batman

An anti-government demonstrator dressed as comic book superhero Batman poses in front of Municipal Teatre at a protest during the Brazil's Independence Day in Rio de Janeiro, September 7, 2013. The protest was a call to the government to provide better security, education, health and public services. REUTERS/Pilar Olivares (BRAZIL - Tags: CIVIL UNREST POLITICS)
Nowadays it's easy for children to be distracted, but this research shows how dress up keeps their focus.Image: REUTERS/Pilar Olivares
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La perseverancia, o la capacidad de persistir en algo, es fundamental para tener éxito en la vida, desde los estudios y el deporte hasta la música y ponerse por fin a preparar la presentación para la reunión de mañana.

Pero la vida está cada vez más llena de distracciones, especialmente para los niños, atraídos por la tecnología y por la posibilidad de acceder bajo demanda a casi cualquier forma de entretenimiento.

Entonces, ¿qué hace que un niño tenga determinación? Seis investigadores, basándose en estudios anteriores, diseñaron un experimento para averiguar qué hace que los niños se mantengan concentrados en una tarea cuando se enfrentan a la tentación muy real de un iPad.

Rachel E. White, del Hamilton College, y Emily Prager y Catherine Schaefer, de la Universidad de Minnesota, pusieron a prueba a niños de cuatro y seis añoscon una tarea informática aburrida y les pidieron que la realizaran durante 10 minutos. También les ofrecieron una alternativa: si se aburrían, podían jugar a un juego en el iPad que estaba cerca, en la sala donde se realizaba el experimento.

¿Podrían los niños resistir realmente la tentación?

Hubo un giro. Los 180 niños fueron asignados a una de tres condiciones: un grupo de control, al que se pidió que reflexionara sobre sus pensamientos y sentimientos mientras realizaba la tarea y que se preguntara: «¿Estoy trabajando duro?». Al segundo grupo se le pidió que pensara en sí mismo en tercera persona, por ejemplo (si la niña se llamaba Hannah): «¿Está Hannah trabajando duro?».

En la tercera condición, se pidió a los niños que pensaran en otra persona que fuera muy buena trabajando duro. Podían elegir entre algunos personajes muy conocidos: Batman, Bob el Constructor, Rapunzel y Dora la Exploradora. Los niños podían disfrazarse del personaje elegido y luego se les preguntaba: «¿Está Batman trabajando duro?».

Durante 10 minutos, los niños podían alternar entre el «trabajo» y el iPad. Cada minuto, por un altavoz, se les recordaba cuál era su «condición» («¿Está Dora trabajando duro?»). A todos se les dijo: «Esta es una actividad muy importante y sería de gran ayuda que trabajaras duro en ella todo el tiempo que puedas». La perseverancia se midió según el tiempo dedicado a la tarea de «trabajo».

Como no sorprenderá a nadie que tenga hijos y iPads, los niños dedicaron el 37% del tiempo a la tarea de «trabajo» y el 63% al iPad.

Pero los niños que fingían ser superhéroes «trabajaron» más que quienes pensaban en sí mismos en tercera persona, y ambos grupos obtuvieron mejores resultados que los niños que simplemente pensaban en sí mismos como «yo».

En otras palabras, cuanto más podía el niño distanciarse de la tentación, mejor era su concentración. «Los niños a quienes se pidió que reflexionaran sobre la tarea como si fueran otra persona tenían menos probabilidades de ceder a la gratificación inmediata y más de trabajar para alcanzar un objetivo relativamente a largo plazo», escribieron los autores en el estudio titulado «El efecto Batman: cómo mejorar la perseverancia en los niños pequeños», publicado en Child Development.

Este hallazgo no es nuevo. En la década de 1960, Walter Mischel realizó su famoso experimento del malvavisco en la escuela infantil Bing de Stanford. En él, colocó ingeniosamente a niños de aproximadamente 3,5 a 5 años en una habitación con una golosina (entre ellas, malvaviscos) y les dijo que podían comérsela o esperar y recibir dos. A los niños capaces de aplazar la gratificación, o que mostraban un alto nivel de autocontrol, les fue mucho mejor en la vida: tuvieron mejores resultados académicos, ganaron más dinero y resultaron ser más sanos y felices. En comparación con quienes no pudieron resistirse, tuvieron menos probabilidades de padecer obesidad, consumir drogas o acabar en la cárcel.

Mischel y Patterson concluyeron que la clave de una función ejecutiva superior, o del autocontrol, era la capacidad de replantear el objeto de la tentación y convertirlo en algo más abstracto. Según este perfil de The New Yorker , un niño le dijo a Mishel que imaginó que el malvavisco era una imagen y no una golosina: «No puedes comerte una imagen». El secreto para replantear las cosas consiste en aprender a «enfriar» mentalmente los aspectos «calientes» del entorno que nos tientan. Maria Konnikova, lo explica así en The New Yorker:

Se puede enfriar un objeto colocándolo a una distancia imaginaria (una fotografía no es una golosina) o reformulándolo (imaginando los malvaviscos como nubes y no como dulces). También puede servir concentrarse en una experiencia completamente distinta, así como cualquier técnica que consiga desviar la atención.

Maria Konnikova

Con capa y máscara, los niños del estudio reciente demostraron mayor capacidad para lo que los psicólogos llaman «distanciamiento de uno mismo». Una razón por la que los niños que participaban en juegos de imaginación se concentraron mejor podría ser que fingir ser otra persona les permitió distanciarse más de la tentación. Otra posible explicación es que los niños disfrazados se identificaron con los poderosos rasgos del superhéroe y quisieron imitarlos. Fuera cual fuera la causa, los superhéroes mostraron más determinación.

El estudio también mostró algo que los padres saben, pero a menudo olvidan: los niños cambian mucho en poco tiempo. Los niños de seis años dedicaron aproximadamente la mitad de su tiempo a la tarea, frente a una cuarta parte en el caso de los niños de cuatro años. Esto no sorprende si tenemos en cuenta cómo se desarrollan los niños desde la etapa preescolar hasta la edad escolar. Como la mayoría de las habilidades, la función ejecutiva se desarrolla a medida que los niños crecen, aunque a veces no lo bastante rápido para los padres. Pasar más tiempo como superhéroes podría ayudar.

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