¿La relación de los jóvenes con la tecnología? Es complicada

Women holding their mobile phones are silhouetted as they walk on an overpass at a business district in Tokyo, Japan, November 5, 2015. REUTERS/Yuya Shino - GF20000046605
Several youth suggested that without the phone, they lacked the confidence to solve basic problems.Image: REUTERS/Yuya Shino
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Los jóvenes están ahora plenamente inmersos en la era digital, que gira a su alrededor y dentro de ellos.

Esta es la época del Antropoceno: la era de los seres humanos, en la que una visión tecnológica del mundo y las herramientas humanas ocupan el lugar central en la transformación de la Tierra y de sus habitantes. También es una época en la que 1.800 millones de jóvenes constituyen la generación más numerosa de personas de entre 10 y 24 años de la historia de la humanidad, y el 50 % de la población mundial tiene menos de 30 años.

Llevo casi tres décadas investigando la vida de los jóvenes. Me interesa saber cómo viven hoy en un planeta llevado a la fragilidad por las tendencias de consumo estrechamente relacionadas con el auge de la producción en masa posibilitada por las tecnologías.

Las tecnologías digitales se han incorporado con demasiada frecuencia en las escuelas con políticas de uso y directrices que no han tenido en cuenta los impactos a largo plazo ambientales, sanitarios o éticos: hoy, las preocupaciones por la equidad han dejado de centrarse en que los niños más pobres no tengan dispositivos para abordar qué significa que los desarrolladores adinerados críen a sus hijos sin tecnología.

Investigadores centrados en el Sur Global han señalado cómo el acceso a la tecnología ha estado impulsado por intereses comerciales y los datos sobre los resultados los generan personas que tienen algo que ganar. Quienes se ocupan de los jóvenes deben encontrar nuevas formas de determinar si existen posibles beneficios para ellos cuando viven inmersos en la tecnología digital, sobre todo porque las intervenciones para distribuir más tecnología pueden agravar las desigualdades existentes en lugar de eliminarlas.

Con mi equipo del Young Lives Research Lab, con sede en la Universidad de York, realicé un estudio de cinco años sobre la juventud y la era digital, en el que analicé 185 relatos recopilados de jóvenes (de 16 a 24 años) en Canadá, Australia y Escocia. De estos relatos se desprende con claridad que no consideran que la tecnología sea la panacea del bienestar que alguna vez se dijo que era.

Abandonados a su suerte

Hoy, cuando la vigilancia digital es mayor que nunca, se produce un vaciamiento del aprendizaje, una superficialidad que acompaña a los abusos contra la privacidad y la vigilancia y de una pérdida del valioso contacto humano.

Los jóvenes afirman que las herramientas digitales y las formas de vida están transformándose hasta hacerse irreconocibles. Viven una profunda paradoja tecnológica moderna y quedan abandonados a su suerte (valga el juego de palabras) para resolverla. Les preocupa lo que los medios digitales están haciendo con los niños que observan.

Naomi, una de las participantes jóvenes, destacó una sensación de vulnerabilidad:

La mayoría de sus aplicaciones y de las redes sociales están orientadas a nuestro grupo de edad, porque siento que es cuando más se puede … No sé por qué, parece que quieren hacernos daño. No sé quiénes son ‘ellos’, pero siento que somos el grupo más vulnerable en el que se fijan, y que quieren sacarnos todo lo posible en beneficio propio.

La Tierra se detuvo

Como parte de nuestro estudio sobre la juventud, mi colaborador Ron Srigley diseñó y analizó una investigación en la que los jóvenes vivieron sin sus teléfonos durante una semana. El capítulo de Ron en Youth in the Digital Age: Paradox, Promise, Predicament recoge los resultados de esta investigación empírica.

Los jóvenes describieron una pérdida de contacto humano, encontraron más libertad y concentración, y tuvieron la oportunidad de considerar los problemas éticos y morales de vivir pendientes de los teléfonos móviles, las aplicaciones y los medios. Un comentario fue típico:

A mi mamá le pareció genial que no tuviera el teléfono, porque le prestaba más atención mientras ella hablaba.

Un joven notó que, con solo caminar “junto a desconocidos en el pasillo o cuando los pasaba por la calle”, casi todos sacaban “el teléfono justo antes de que pudiera cruzar la mirada con ellos.”

Varios jóvenes sugirieron que, sin el teléfono, carecían de confianza para resolver problemas básicos o temían por su seguridad:

Aunque parezca mentira, tuve que acercarme a un desconocido y preguntarle la hora. Sinceramente, me costó mucho valor y confianza preguntarle algo a alguien.

Otra cosa que no me gustó de no tener teléfono móvil, y que a veces me daba algo de miedo, fue pensar que alguien podría atacarme o secuestrarme … De verdad no estaría en condiciones de pedir ayuda …

Los jóvenes informaron de una mayor conciencia de un intenso conflicto al echar de menos la conexión instantánea en línea.

Una persona dijo que vivir sin su teléfono era “como si la Tierra se hubiera detenido.”

Mejoras para las personas

Tanto en el “experimento sin teléfono” como en las demás entrevistas en profundidad, los jóvenes expresaron una conexión profundamente arraigada y tomada por sentada con sus teléfonos, al tiempo que sentían desesperación ante una inquietante sensación de que la tecnología se apodera de la vida humana.

Como afirmó Easton:

Creo que los seres humanos se convertirán en la nueva tecnología, y las empresas venderán mejoras para las personas.

O, como relató Piper:

Es bueno que la tecnología avance rápido, porque quizá así ayude a algunos por una buena causa. Pero también está el lado negativo de … ¿cómo se controla?

Vida digital y bienestar

¿Hemos perdido de vista el bienestar emocional, espiritual y físico de los jóvenes?

Los jóvenes de nuestra investigación pidieron a los adultos que prestaran mejor atención a las innumerables formas en que la era digital afecta su bienestar. Mostraron cómo los medios digitales afectan todos los aspectos de su vida en los que se mide el bienestar, como la salud, la educación y las relaciones sociales.

Aún más interesante es que señalaron que se requieren nuevos análisis sobre la profundidad y la paradoja de la vida digital de los jóvenes si queremos comprender plenamente el bienestar juvenil.

Como resultado de lo que escuché de los jóvenes de nuestro estudio, ahora formo parte de una red de investigación global dedicada a la juventud y al Antropoceno. Esta red investiga cómo es ser joven hoy y cómo los jóvenes gestionan su bienestar en este momento frágil.

Los investigadores de esta red se han conectado con la ayuda de los medios digitales, al tiempo que plantean preocupaciones sobre la visión tecnológica y capitalista desde la que nacen estas herramientas.

Es momento de preguntarse si las sociedades apoyarán el bienestar juvenil en la era del Antropoceno y la era digital, y cómo lo harán. Para hacerlo bien, debemos involucrar y escuchar a los jóvenes.

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