Los robots ayudan a cuidar a las personas mayores de Japón

Ayako Shizo (C), aged 85, taps a therapeutic robot named Paro as she sits with other residents at the Suisyoen retirement home about 30 km (19 miles) south of the tsunami-crippled nuclear plant in Iwaki, Fukushima prefecture, July 28, 2011. For some elderly survivors of Japan's March earthquake and tsunami, comfort comes in the form of a small white robotic seal named Paro. The residents of the nursing home came back from a nearly two-month-long evacuation since the nuclear crisis in Fukushima. Picture taken July 28, 2011. To match Reuters Life! ROBOT-SEAL/ REUTERS/Kim Kyung-Hoon (JAPAN - Tags: SOCIETY SCI TECH IMAGES OF THE DAY)
Japanese people see robots caring for humans as a positive as robots are depicted as friendly and helpful in the media.Image: REUTERS/Kim Kyung-Hoon
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Paro, la foca peluda, emite suaves sonidos mientras una mujer mayor la acaricia. Pepper, un humanoide, saluda con la mano mientras dirige a un grupo de personas mayores en una sesión de ejercicios. Tree, que se mantiene erguido, guía a un hombre con discapacidad que da pasos vacilantes y le dice con voz femenina y amable: «derecha, izquierda, ¡muy bien!»

Los robots campan a sus anchas en la residencia de ancianos Shin-tomi de Tokio, que utiliza 20 modelos distintos para cuidar a sus residentes. El Gobierno japonés espera que sirva de modelo para aprovechar la experiencia del país en robótica y ayudar a hacer frente al aumento de la población de edad avanzada y a la reducción de la fuerza laboral.

Permitir que los robots ayuden a cuidar a las personas mayores —un trabajo que suele considerarse propio del trato humano— puede resultar chocante en Occidente. Sin embargo, muchos japoneses los ven con buenos ojos, en gran medida porque los medios populares los presentan como amables y serviciales.

«Estos robots son maravillosos», dijo Kazuko Yamada, de 84 años, después de la sesión de ejercicios con Pepper, de SoftBank Robotics Corp., que puede mantener diálogos programados. «Hoy en día hay más gente que vive sola, y un robot puede hacerles compañía y conversar con ellas. Hará que la vida sea más divertida».

Hay muchos obstáculos que podrían frenar la rápida proliferación de los robots para el cuidado de personas mayores: los elevados costos, los problemas de seguridad y las dudas sobre su utilidad y facilidad de uso.

El Gobierno japonés ha financiado el desarrollo de robots para el cuidado de personas mayores con el fin de ayudar a cubrir la escasez prevista de 380.000 trabajadores especializados para 2025.

Pese a las medidas adoptadas por Japón para permitir la llegada de trabajadores extranjeros al sector del cuidado de personas mayores, persisten obstáculos para trabajar en él, entre ellos los exámenes en japonés. A finales de 2017, solo 18 extranjeros tenían visados de cuidados de enfermería, una nueva categoría creada en 2016.

Pero las autoridades y las empresas del país también aspiran a un premio mayor: una industria de exportación potencialmente lucrativa que suministre robots a lugares como Alemania, China e Italia, que afrontan desafíos demográficos similares ahora o en un futuro próximo.

«Es una oportunidad para nosotros», dijo Atsushi Yasuda, director de la oficina de política robótica del Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI, por sus siglas en inglés). «Otros países seguirán la misma tendencia».

Durante el último año, más de 100 grupos extranjeros han visitado Shin-tomi desde países como China, Corea del Sur y los Países Bajos.

Algunos productos empiezan a exportarse: Panasonic Corp ha comenzado a enviar a Taiwán su cama robótica, que se transforma en silla de ruedas. Paro se utiliza como «animal de terapia» en unas 400 residencias para personas mayores de Dinamarca.

Todavía es un mercado diminuto

El mercado mundial de robots para cuidados de enfermería y asistencia a personas con discapacidad, integrado en su mayoría por fabricantes japoneses, sigue siendo diminuto: apenas 19,2 millones de dólares en 2016, según la Federación Internacional de Robótica.

Sin embargo, el METI estima que solo la industria nacional crecerá hasta alcanzar los 400.000 millones de yenes (3.800 millones de dólares) en 2035, cuando un tercio de la población de Japón tendrá 65 años o más.

«Podría ser un mercado enorme», dijo George Leeson, director del Oxford Institute of Population Ageing. «Todo el mundo está tomando conciencia del envejecimiento de su población. Está claro que la robótica forma parte del conjunto de soluciones para atender esas necesidades».

Para impulsar la industria, el Gobierno sigue una estrategia de dos frentes. El METI promueve el desarrollo y ha concedido subvenciones por valor de 4.700 millones de yenes (45 millones de dólares) desde 2015.

El Ministerio de Trabajo encabeza la expansión de los robots y gastó 5.200 millones de yenes (50 millones de dólares) para introducirlos en 5.000 centros de todo el país durante el año que terminó el pasado marzo. El Gobierno no dispone de datos sobre cuántos centros de atención utilizan robots.

Los funcionarios del Gobierno recalcan que los robots no sustituirán a los cuidadores humanos.

«Pueden ayudar con la fuerza, la movilidad y la supervisión. No pueden sustituir a las personas, pero sí ahorrar tiempo y trabajo», dijo Yasuda, del METI. «Si los trabajadores disponen de más tiempo, pueden realizar otras tareas».

¿Eso es un robot?

La mayoría de estos dispositivos no se parecen en nada a la imagen popular de un robot. Según la definición del Gobierno, cada uno tiene tres componentes: sensores, un procesador y un motor o aparato.

Panasonic utilizó ayudas gubernamentales para desarrollar Resyone, una cama que se divide en dos y cuya mitad se transforma en silla de ruedas.

El modelo lumbar HAL de Cyberdyne Inc —abreviatura de Hybrid Assistive Limb— es un soporte motorizado para la espalda que ayuda a los cuidadores a levantar a las personas.

Quienes necesitan rehabilitación para caminar pueden sujetarse a Tree, fabricado por la empresa no cotizada Reif Co. El dispositivo se desplaza por el suelo, indica dónde dar el siguiente paso y ofrece apoyo para mantener el equilibrio.

Pepper, de SoftBank, se utiliza en unas 500 residencias japonesas para personas mayores, donde sirve para juegos, rutinas de ejercicio y conversaciones básicas.

Los residentes siguen los movimientos del robot humanoide «Pepper» durante una rutina de ejercicios vespertina en la residencia de ancianos Shin-tomi, en Tokio, Japón, el 2 de febrero de 2018. REUTERS/Kim Kyung-Hoon

Sin embargo, a algunos trabajadores les resulta difícil configurar Pepper, dijo Shohei Fujiwara, gerente de SoftBank Robotics, una unidad del conglomerado de internet SoftBank Group Corp. Les gustaría que Pepper respondiera a órdenes de voz y se desplazara de forma autónoma, funciones que SoftBank espera incorporar este año, señaló.

Una solución costosa

Paro, adorable, peludo y receptivo, responde al tacto, a la voz y a la luz moviendo la cabeza, parpadeando y reproduciendo grabaciones de los sonidos de las focas barbudas del Canadá.

«La primera vez que lo acaricié, se movió de una forma tan tierna. De verdad parecía estar vivo», se rio Saki Sakamoto, de 79 años, residente de Shin-tomi. «En cuanto lo toqué, no pude soltarlo».

Paro tardó más de 10 años en desarrollarse y recibió unos 20 millones de dólares en apoyo gubernamental, dijo su inventor, Takanori Shibata, científico jefe de investigación del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada. Hay unos 5.000 en uso en todo el mundo, incluidos 3.000 en Japón.

Pero Paro, como la mayoría de los robots, es caro: cuesta 400.000 yenes (3.800 dólares) en Japón y unos 5.000 euros en Europa. La cama Resyone de Panasonic cuesta 900.000 yenes (8.600 dólares), y alquilar el exoesqueleto lumbar HAL de Cyberdyne cuesta 100.000 yenes (950 dólares) al mes.

La mayoría de los centros que los utilizan, incluido Shin-tomi, han dependido de subvenciones de los gobiernos locales y central para ayudar a cubrir los costos. Las personas también pueden recurrir al seguro de cuidados de enfermería para cubrir productos aprobados, pero son muy pocas.

Hasta ahora, los robots no han reducido los costos de personal ni las horas de trabajo de Shin-tomi.

«Todavía no hemos llegado a ese punto», dijo Kimiya Ishikawa, presidente y director ejecutivo de Silverwing Social Welfare Corp, que gestiona Shin-tomi. «Los incorporamos sobre todo para mejorar el entorno de trabajo, evitar lesiones de espalda al personal y aumentar la seguridad».

Lo que sí han conseguido, dijo, es elevar la moral tanto del personal como de los residentes.

«Eso ha dado tranquilidad al personal y los residentes se sienten apoyados», afirmó.

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