La cantidad de tiempo frente a las pantallas que se considera socialmente aceptable y, más importante aún, que no perjudica el desarrollo infantil es un tema de debate constante.
Una nueva investigación de la Universidad de Colorado Boulder concluyó que 5 horas de tiempo frente a las pantallas, ya sea en computadoras, televisión o mensajes de texto, no parecen perjudiciales.
La investigación es el estudio longitudinal más amplio de su tipo realizado hasta la fecha en EE. UU. e incluyó a niños de entre 9 y 10 años de diversos orígenes.
La idea principal
Aunque los niños pasen cinco horas al día frente a una pantalla —ya sea una computadora, la televisión o mensajes de texto—, no parece ser perjudicial. Eso es lo que mis colegas y yo de la Universidad de Colorado Boulder descubrimos tras analizar los datos de casi 12.000 participantes del Estudio sobre el Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente —el estudio longitudinal más amplio de su tipo realizado hasta la fecha en EE. UU.
Los participantes eran niños de entre 9 y 10 años, de diversos orígenes, niveles de ingresos y etnias. Investigamos cómo se relacionaba el tiempo frente a las pantallas con algunos de los aspectos más importantes de sus vidas: el sueño, la salud mental, el comportamiento y las amistades.
Nuestros resultados, publicados recientemente en la revista PLOS One, no encontraron ninguna relación entre el uso de pantallas y la depresión o la ansiedad infantil. Un mayor tiempo frente a las pantallas se relacionó con vínculos más sólidos con sus pares, tanto en los niños como en las niñas: ambos tenían más amigos y amigas. El uso social de las pantallas podría explicar esa relación; los videojuegos, por ejemplo, son una actividad social que parece propiciar más amistades. Lo mismo ocurre con las redes sociales y los mensajes de texto.
Por qué es importante
Los niños de EE. UU. pasan más tiempo frente a las pantallas que nunca. A los padres suele preocuparles que la tecnología afecte negativamente a los jóvenes, en particular a quienes están entrando en la adolescencia, una etapa crucial del desarrollo.
Lo que aún se desconoce
Nuestro estudio también encontró correlaciones negativas: más tiempo frente a las pantallas se asociaba con mayores niveles de problemas de atención, peor sueño, un rendimiento académico más bajo y un aumento de la agresividad y la mala conducta.
Tomadas al pie de la letra, estas correlaciones positivas y negativas, que parecen contradictorias, resultan confusas. ¿Es bueno o malo el tiempo frente a las pantallas?
Quizá ninguna de las dos cosas: al observar la fuerza de las correlaciones, vemos que las asociaciones son muy modestas. Es decir, cualquier relación entre el tiempo frente a las pantallas y los distintos resultados, ya sean buenos o malos, es tan pequeña que probablemente carezca de importancia clínica.
Algunos niños obtuvieron resultados más bajos que otros en estos aspectos, y otros, más altos; el tiempo frente a las pantallas solo explicaba el 2 % de la diferencia en las puntuaciones. Esto sugiere que las diferencias se deben a muchas variables, no solo al tiempo frente a las pantallas. Es una parte muy pequeña de un panorama mucho más amplio.
Además, nuestro estudio es correlacional, no causal. La investigación correlacional muestra que dos variables que parecen estar relacionadas no necesariamente provocan cambios entre sí. La investigación causal implica que una variable sí causó un cambio directo en la otra.
Por ejemplo, observamos que los adolescentes que pasan más tiempo frente a las pantallas pueden mostrar más síntomas de agresividad. Pero no podemos afirmar que el tiempo frente a las pantallas cause esos síntomas; quizá, en cambio, se les dan dispositivos con pantalla a los niños más agresivos para intentar distraerlos y calmar su comportamiento.
En resumen: aunque los padres deben asegurarse de que sus hijos usen las pantallas de manera adecuada, nuestra investigación inicial sugiere que pasar mucho tiempo frente a ellas probablemente no tendrá consecuencias graves.
Qué viene después
En la actualidad, no hay un límite establecido para una cantidad «aceptable» de tiempo frente a las pantallas. Aunque existen directrices para los niños más pequeños, no se ha establecido ninguna norma oficial para los adolescentes.
Además, nuestro estudio no incluyó el uso de pantallas con fines académicos, sino solo recreativos. Por tanto, no fue posible comparar los resultados del uso académico con los del uso recreativo de las pantallas.
El Estudio ABCD hará un seguimiento de estos niños hasta que cumplan 20 años. En futuras investigaciones se podría examinar cómo afecta el tiempo frente a las pantallas a los niños durante toda la adolescencia, etapa en la que podrían manifestarse más síntomas de problemas de salud mental. Por ahora, sin embargo, solo hay una certeza: las pantallas han llegado para quedarse.



