Mediante un nuevo sistema digital, los agricultores pueden denunciar infracciones en el uso del agua y hacerse una idea de lo que podría deparar el futuro para los niveles del río.
Quien escuche los fuertes cantos que salen de la granja de Isaac Chereger podría pensar, sin duda, que se trata de una reunión religiosa especialmente entusiasta.
En realidad, se trataba de un grupo de mujeres que convocaba una reunión de una organización benéfica religiosa local que enseña a los habitantes de la aldea a conservar el bosque que rodea sus hogares en esta comunidad del suroeste de Kenia, para ayudar a evitar que el río Mara se seque.
Durante más de una década, las organizaciones ambientales han dado la voz de alarma sobre el río Mara, advirtiendo de que el crecimiento de la población, la tala ilegal y el uso excesivo de sus aguas por parte de comunidades que sufren la sequía han provocado una caída drástica de los niveles de agua del río.
En la reunión celebrada en la granja de Chereger, algunos habitantes de la aldea se ofrecieron voluntarios para plantar árboles jóvenes allí donde sus campos llegan al río, mientras que otros acordaron recibir formación sobre por qué la tala no planificada de árboles a lo largo del río podría agravar los efectos de la sequía.
Chereger declaró a la Fundación Thomson Reuters que se siente orgulloso del trabajo de conservación que realiza su comunidad, pero que desde hace tiempo se pregunta si ha sido suficiente.
Por eso el Centro Internacional Empowering Lives, que organizó la reunión en su granja, se ha unido a otras organizaciones locales en un esfuerzo por dar a su labor tradicional de conservación un impulso tecnológico.
El programa piloto dirigido por el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo, una organización internacional de investigación, forma a los habitantes de las aldeas para que utilicen una herramienta de evaluación y planificación hídrica (WEAP, por sus siglas en inglés) que genera un pronóstico digital sobre el estado de una fuente de agua.
Cuando las comunidades saben qué esperar de los cambios en los niveles de agua del río Mara, pueden adaptarse más rápidamente y encontrar las formas más eficaces de frenar la desecación del río, afirman los investigadores del instituto.
El grupo de la aldea de Ilula afirma que está deseoso de incorporar el sistema a su caja de herramientas de conservación.
"El río Mara nos proporciona pastos y agua para nuestro ganado. Si esta innovación puede ayudar a prevenir el mal uso del río, estamos dispuestos a trabajar con ella", afirmó Chereger.
Cabras vadeando
Actualmente no existen cifras oficiales sobre cuánto han disminuido los niveles de agua en la cuenca del río Mara, hogar de unos dos millones de personas, en las últimas décadas.
Sin embargo, Nkoinko Siposha, de la aldea de Oloroito, en la cuenca alta, recuerda que en los años noventa era imposible que su ganado vadeara cualquier parte del río por su profundidad.
Hoy en día, incluso las cabras cruzan con tranquilidad el río en proceso de desecación para pastar en la otra orilla, según declaró a la Fundación Thomson Reuters este pastor de 65 años.
Con origen en los bosques de Mau, en el suroeste de Kenia, la cuenca del río Mara se extiende a lo largo de 13.750 kilómetros cuadrados (5.300 millas cuadradas), atraviesa la Reserva Nacional de Masái Mara en Kenia y las llanuras del Serengueti en Tanzania, antes de desembocar en el lago Victoria, en Tanzania.
Tom Ogol, antiguo investigador del Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo, declaró a la Fundación Thomson Reuters que existen varias amenazas clave para el río.
Entre ellas figuran la pérdida de bosques a lo largo de sus orillas y las actividades agrícolas insostenibles, como el desvío ilegal de agua del río por parte de agricultores para riego.
Ambas están "agravando lo que el cambio climático ya ha alterado", y las sequías cada vez más prolongadas son ahora un problema, según afirmó Ogol.
En octubre del año pasado, el comisionado del Valle del Rift, George Natembeya, afirmó que el creciente número de granjas de flores que surgen a lo largo del río supone un problema, ya que algunos agricultores utilizan bombas de gasolina para extraer agua del río.
Este tipo de bombas están restringidas en el condado debido a la contaminación que provocan.
Según Natembeya, la demanda de agua en la cuenca del río Mara supera los 20 millones de metros cúbicos al año, y la agricultura de regadío representa alrededor de la mitad de esa cifra.
"Esta demanda es excesiva. El río no puede proporcionarla en su totalidad, porque sus fuentes de agua, que se encuentran en la cuenca, se están secando debido al cambio climático", declaró Natembeya durante una rueda de prensa.
Acto seguido, hizo una predicción sombría.
"El río Mara morirá en tres años", advirtió.
Denuncia de infracciones
La tecnología se ha convertido en una herramienta vital para proteger el río, afirmó Emmanuel Nkurunziza, director general del Centro Regional de Cartografía de Recursos para el Desarrollo, con sede en Nairobi.
Las innovaciones digitales, como WEAP, han facilitado a las comunidades, las organizaciones de desarrollo y los gobiernos la detección de cambios en el nivel y la calidad del agua del Mara, y les han ayudado a revertir esos cambios o a adaptarse a ellos, afirmó.
"La tecnología permite seguir las amenazas al río Mara a lo largo del tiempo. Gracias a ello, es posible determinar si estas amenazas son causadas por actividades humanas o por el cambio climático", declaró Nkurunziza a la Fundación Thomson Reuters.
Ogol describió WEAP como una herramienta de software "fácil de usar" que recopila datos sobre el estado del río proporcionados por las comunidades y por organismos gubernamentales, como el departamento meteorológico.
El sistema tiene en cuenta factores como las precipitaciones y las necesidades hídricas de los cultivos, afirmó.
Los agricultores que participan en el proyecto también pueden utilizar mensajes de texto para denunciar a otros agricultores o empresas que extraen demasiada agua del río o que la captan sin licencia.
Después, el sistema combina esa información con otras presiones sobre el suministro de agua, como los cambios en los patrones meteorológicos y las cifras de población, para predecir cómo afrontará el río la demanda en el futuro.
"Los datos pueden utilizarse para planificar y asignar recursos que ayuden a las comunidades que viven allí a adaptarse y a desarrollar resiliencia" frente al cambio climático, afirmó Ogol.
Dado que el proyecto aún se encuentra en fase piloto, Ogol afirmó que todavía no dispone de cifras sobre cuántos agricultores participan.
Nkurunziza confiaba en que el sistema desempeñaría un papel importante en la lucha contra las amenazas del cambio climático.
Sin embargo, declaró a la Fundación Thomson Reuters que el beneficio que el sistema aportará a los agricultores que viven a lo largo del río Mara depende de las decisiones que tomen los legisladores locales sobre la base de los datos.
"Podemos llegar a identificar lo que está ocurriendo en el río Mara, pero las circunstancias políticas que rodean las causas de los problemas podrían determinar si se actúa o no", afirmó.


