La revolución de las TI y las dos décadas perdidas del sur de Europa

A help desk staff works on his computer as he supports alarm triggers in private homes or small business at the hub of Verisure, a provider of professionally monitored security solutions, in Angers, France, July 3, 2019.
A help desk staff works on his computer as he supports alarm triggers in private homes or small business at the hub of Verisure, a provider of professionally monitored security solutions, in Angers, France, July 3, 2019.Image: REUTERS/Stephane Mahe
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Desde mediados de la década de 1990, el crecimiento de la productividad en el sur de Europa ha sido mucho menor que en otros países desarrollados. La figura 1 lo muestra al representar la productividad agregada, medida como PIB real por hora trabajada (sin el efecto de la profundización del capital no relacionado con las TI), para seis países de la OCDE.1 Entre 1995 y 2015, la productividad creció un 1,1 % anual en Alemania y un 1,4 % anual en Estados Unidos, pero solo un 0,5 % anual en Portugal y apenas un 0,1 % anual en Italia y España.

Estas tendencias representan un desafío para la supervivencia de la unión monetaria. Una moneda común puede funcionar bien cuando existen diferencias geográficas en los niveles de productividad, pero es mucho más difícil acomodar diferencias persistentes en el crecimiento de la productividad, sobre todo cuando la inflación es baja.

No es, por tanto, sorprendente que, en los últimos años, los investigadores hayan propuesto explicaciones para esta divergencia. Algunos trabajos sostienen que las grandes entradas de capital que recibió el sur de Europa durante la primera década del euro han sido captadas en su mayor parte por empresas de baja productividad, lo que deprime la productividad agregada a través de un efecto de composición (Gopinath et al. 2017, Garcia-Santana et al. 2019). Otros afirman que las prácticas de gestión ineficientes han impedido que las empresas del sur de Europa aprovechen plenamente la revolución de las TI (Bloom et al. 2012, Pellegrino y Zingales 2017).

Hemos investigado la segunda hipótesis (en particular sus mecanismos principales) con mayor detalle (Schivardi y Schmitz 2019), para determinar la importancia cuantitativa de estos mecanismos y sus implicaciones para la política.

Observamos que la divergencia del sur de Europa coincidió con la difusión de las TI a mediados de la década de 1990. Las TI fueron un motor importante del crecimiento de la productividad en las economías líderes (Fernald 2014, Gordon 2016), pero, en el sur de Europa, esta revolución de las TI avanzó relativamente poco. La figura 2 indica que, entre 1995 y 2014, el stock real de capital en TI aumentó 4,6 veces en Estados Unidos y 4 veces en Alemania, pero solo 1,5 veces en Italia, 2,6 veces en Portugal y 3,7 veces en España.

Así pues, la difusión de las TI en el sur de Europa fue limitada, e incluso en los países que registraron un crecimiento más rápido del capital en TI (como España), las TI tuvieron un impacto insignificante en la productividad. ¿Por qué ocurrió esto?

Puede depender de cómo se utilicen

Una amplia literatura empírica documenta que la adopción de las TI exige cambios en la organización de las empresas (Brynjolfsson y Hitt 2000), y que provoca mayores ganancias de productividad en las empresas mejor gestionadas (Garicano y Heaton 2010, Bloom et al. 2012), porque las prácticas de gestión y las TI son complementarias.

Las empresas del sur de Europa presentan sistemáticamente peores resultados en términos de eficiencia en la gestión. La figura 3 lo ilustra mediante datos de la World Management Survey (WMS), desarrollada por Nick Bloom, Raffaella Sadun y John Van Reenen. La WMS es una encuesta innovadora que permite puntuar a las empresas en función de la calidad de sus prácticas de gestión. Se ha aplicado a más de 20 000 empresas en 35 países. La figura muestra los promedios por país (estandarizados) de esta medida para las economías industrializadas, y pone de manifiesto que países del sur de Europa como Italia, España, Portugal y Grecia obtienen puntuaciones mucho más bajas que los países del norte de Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón.

Figura 3 Eficiencia en la gestión en los países de la OCDE

La figura 3 aporta algunas pruebas de que esto importa. El panel A muestra que, antes de la revolución de las TI, no existía correlación alguna entre las puntuaciones de gestión y el crecimiento de la productividad. El panel B muestra que esta situación cambió radicalmente alrededor de 1995, y que surgió una fuerte correlación positiva. Al inicio de la revolución de las TI, las prácticas de gestión ineficientes empezaron a lastrar el crecimiento. Esto respalda la idea de que las prácticas de gestión eficientes y las TI son complementarias.

La gestión durante la revolución de las TI

Analizamos estos acontecimientos mediante un modelo sencillo, con dos supuestos fundamentales: la gestión eficiente y las TI son complementarias, y los países del sur de Europa tienen peores prácticas de gestión. Nuestro modelo predice que la gestión ineficiente ya había reducido los niveles de renta y productividad del sur de Europa (pero no las tasas de crecimiento) antes de la revolución de las TI. La gestión ineficiente implicó que las mejores empresas del sur siguieran siendo más pequeñas que sus homólogas del norte. Esto permitió que las empresas menos productivas permanecieran en el mercado, deprimió la demanda de mano de obra altamente cualificada, redujo la prima salarial de la cualificación y llevó a algunos trabajadores altamente cualificados a emigrar. Así, muchas de las características destacadas a largo plazo de las economías del sur de Europa pueden explicarse por un único factor: la gestión ineficiente.

La llegada de la revolución de las TI amplificó esta brecha norte-sur a través de tres canales:

Productividad. Dado que la gestión eficiente y las TI son complementarias, las empresas del sur que adoptaron las TI experimentaron menores ganancias de productividad que las del norte. Esto redujo, evidentemente, el impacto agregado de las TI en el sur. Y, en primer lugar, menos empresas del sur adoptaron las TI, precisamente porque no se beneficiaban mucho de ellas.Empleo. Las TI aumentan la proporción del empleo de las empresas que dependen de una gestión formal. Las empresas del sur eran tan eficientes como las del norte en tecnologías básicas, pero menos eficientes en gestión. Así, la desventaja del sur se hizo más evidente a través de un efecto de composición. Salarios. La revolución de las TI incrementó los salarios de los trabajadores altamente cualificados del norte más que los del sur. Esto animó a los trabajadores muy cualificados a trasladarse al norte, y así el sur perdió exactamente a los trabajadores que necesitaría para adoptar las TI.

Calibramos nuestro modelo para determinar la importancia cuantitativa de estos canales, suponiendo que la eficiencia en la gestión de un país estaba dada por su puntuación en la WMS. También parametrizamos las funciones de producción de modo que sus coeficientes correspondieran a nuestras estimaciones (calculadas con una amplia base de datos a nivel de empresa) del impacto de la gestión y las TI en la productividad a nivel de empresa.

En nuestra calibración de referencia, entre 1995 y 2008, la revolución de las TI aumentó la productividad un 11,1 % en Alemania, un 5,9 % en Italia, un 2,5 % en España y un 3,4 % en Portugal.2 Al comparar estas cifras con la divergencia real de productividad observada en los datos, comprobamos que explicamos el 35 % de la divergencia de Italia respecto de Alemania, el 47 % de la de España y el 81 % de la de Portugal. La divergencia se debe principalmente a menores ganancias de productividad a nivel de empresa derivadas de la adopción de las TI, agravadas por menores tasas de adopción. El impacto de la emigración de trabajadores altamente cualificados sobre la productividad agregada es pequeño.

También hemos analizado las intervenciones de política del sur de Europa. Subvencionar la adopción de las TI reduce aún más la productividad del sur. Del mismo modo, subvencionar la educación tiene efectos negativos, ya que en la práctica se convierte en una transferencia al norte a través de la migración de trabajadores altamente cualificados. Estos resultados sorprendentes se deben a que, en nuestro modelo, la baja adopción de las TI y el bajo nivel educativo son un síntoma, y no la causa, del bajo crecimiento de la productividad en el sur de Europa.

En efecto, dada la eficiencia en la gestión, los trabajadores y las empresas del sur se comportan de forma óptima. No hay margen adicional de mejora.

Por supuesto, estos resultados deben tomarse con cautela. Nuestro modelo prescinde de los fallos de mercado que podrían provocar una adopción subóptima de las TI o decisiones educativas subóptimas. No obstante, sugiere que las políticas deberían centrarse en la causa subyacente de la divergencia del sur de Europa, a saber, la gestión ineficiente.

¿Cómo mejorar las prácticas de gestión? La investigación sobre el tema todavía está en sus inicios, pero ya pueden extraerse algunas lecciones. La estructura de propiedad de las empresas es importante. La propiedad y la gestión familiares, muy comunes en el sur de Europa, tienden a asociarse con una gestión de menor calidad en comparación con las empresas de capital disperso, las controladas por capital privado o las que tienen propietarios extranjeros. Un análisis contrafactual muestra que aumentar la presencia de multinacionales extranjeras podría mejorar sustancialmente la calidad de la gestión en el sur de Europa de forma directa, porque las filiales de multinacionales extranjeras están bien gestionadas, y de forma indirecta, ya que existen pruebas de que las buenas prácticas de una empresa tienden a difundirse localmente a medida que los directivos cambian de empleo.

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