Para quienes no sienten sueño hasta las 2 de la madrugada, el estrépito del despertador puede resultar muy opresivo.
El alivio podría estar cerca gracias al descubrimiento, esta primavera, de una mutación genética que provoca el comportamiento de búho nocturno.
Tanto si eres un búho nocturno como si eres una alondra mañanera que se levanta sin esfuerzo cada día con el sol, tus hábitos de sueño están regulados por los ritmos circadianos. Estos relojes internos controlan casi todos los aspectos de nuestra salud, desde el apetito y el sueño hasta la división celular, la producción de hormonas y la función cardiovascular.
Como muchos de quienes estudian las complejidades de la biología circadiana, tengo la esperanza de que algún día podamos diseñar fármacos que sincronicen nuestros relojes celulares. Los jefes que fruncen el ceño ante las llegadas tardías pronto podrían ser cosa del pasado.

Nuestros relojes internos
Casi todas las células del cuerpo contienen un reloj molecular. Cada 24 horas, más o menos, unas proteínas específicas del reloj interactúan entre sí en una danza lenta. A lo largo del día, esta danza lenta da lugar a la expresión oportuna de los genes. Esto controla cuándo tienen lugar determinados procesos en el cuerpo, como la liberación de hormonas como la melatonina, que favorece el sueño.
¿Por qué los infartos y los accidentes cerebrovasculares son entre dos y tres veces más frecuentes a primera hora de la mañana? Se debe a nuestros relojes internos, que coordinan un aumento de la presión arterial por la mañana para ayudarte a despertarte. ¿Por qué deberían los adolescentes atender las súplicas de sus padres para que se acuesten? Porque la hormona del crecimiento humano se secreta una sola vez al día, en relación con el sueño nocturno.
Casi todas las funciones biológicas están estrechamente vinculadas a nuestros relojes internos. Nuestro cuerpo está tan finamente sintonizado con estos ciclos que las alteraciones causadas por la luz artificial aumentan el riesgo de obesidad, enfermedades inflamatorias crónicas y cáncer.
El horario de las comidas también puede afectar a la salud: cuándo comes puede ser más importante que qué comes. Hace varios años, un estudio analizó el comportamiento alimentario de los ratones, que son animales nocturnos. Cuando los ratones seguían una dieta rica en grasas durante su fase activa nocturna, se mantenían relativamente delgados. Los que mordisqueaban la misma dieta durante el día y la noche se volvían extremadamente obesos. Los estudios en curso pronto podrían mostrar cómo se aplica esto a los hábitos alimentarios humanos.
Además, algunos de los 1.000 fármacos aprobados por la FDA actúan sobre genes controlados por nuestros relojes internos. Eso significa que la hora del día en que se administran los fármacos podría ser importante. Por ejemplo, algunas estatinas para combatir el colesterol son más eficaces si se toman por la noche, cuando pueden actuar mejor sobre su objetivo: la enzima HMG-CoA reductasa.
Guía básica para cuidar el reloj biológico
Nuestros relojes internos están codificados individualmente. La mayoría de las personas se sitúa en el rango medio de un ciclo de 24 horas, pero hay muchas excepciones —entre ellas, los búhos nocturnos— cuyos relojes están desincronizados.
Se calcula que una de cada 75 personas tiene la «mutación del búho nocturno» en la proteína reloj CRY1, que retrasa la sensación de sueño hasta altas horas de la madrugada. Esto no solo dificulta que los búhos nocturnos se despierten por la mañana, sino que sus relojes internos, con ciclos de más de un día, los mantienen en un desfase horario permanente.
Para los búhos nocturnos, el ciclo del sueño escapa en gran medida a su control. Pero los demás podemos tomar medidas para descansar mejor y mejorar nuestra salud.
El cerebro sincroniza los relojes de cada célula. La luz que entra en el ojo ayuda a que el «reloj maestro» del cerebro se mantenga en armonía con el ciclo de día y noche. Por eso, cuando viajas a otra zona horaria, tu reloj interno deja de coincidir con el ciclo solar. Se tarda alrededor de una semana en sincronizarse con la nueva hora local.
La luz artificial intensa por la noche le indica al reloj maestro que todavía es de día, lo que hace que los relojes celulares se apresuren para seguir el ritmo. Por eso, exponerte a demasiada luz intensa por la noche puede provocarte desfase horario sin que vayas a ningún sitio. Un estudio reciente descubrió que simplemente leer en dispositivos electrónicos por la noche durante unas horas puede empeorar el sueño y reducir el estado de alerta al día siguiente.
Puedes reducir las alteraciones causadas por la luz artificial si practicas una buena «higiene lumínica». Exponte a mucha luz intensa durante el día y limita la exposición a la luz artificial después del anochecer. Estas medidas ayudarán a que tu reloj circadiano interno se mantenga sincronizado con el ciclo de luz y oscuridad, lo que favorece buenos hábitos de sueño y la salud general.
¿Qué te mueve?
A medida que aprendamos más sobre el funcionamiento de los ritmos circadianos, podremos diseñar mejor tratamientos terapéuticos que aprovechen los ritmos naturales de la vida.
En mi laboratorio estudiamos los complejos mecanismos moleculares que rigen los ritmos circadianos. Al observar cómo interactúa CRY1 con otras proteínas reloj, esperamos entender cómo las mutaciones hereditarias pueden causar estragos en los ritmos circadianos. La mutación del búho nocturno en CRY1 parece hacer que se aferre con más fuerza a sus proteínas asociadas, como una mala pareja de baile que no sabe cuándo dejar paso. Cuando CRY1 no libera a su pareja en el momento adecuado, retrasa el horario de todo lo que controla el reloj.
Si entendiéramos mejor estos mecanismos, sentaríamos las bases para crear nuevos fármacos que podrían aliviar a una parte importante de la población. Quizá podríamos acortar los relojes internos de los búhos nocturnos hasta devolverlos a unas 24 horas, ayudándolos a dormirse a una hora «normal».
Dada la complejidad del cronometraje biológico, es probable que haya muchos más genes que influyen en el horario circadiano. Imagina adaptar el horario de las dosis al ciclo circadiano de cada paciente para maximizar el efecto de un medicamento y reducir al mínimo la exposición a sus efectos secundarios. Piensa en pacientes que consultan el reloj antes de tomarse una pastilla para tratar la hipertensión o reducir el colesterol. Lo ideal sería que algún día nuestros dispositivos tipo Fitbit monitorizaran los ritmos circadianos y nos proporcionaran mediciones precisas y en tiempo real de nuestras funciones biológicas.
Puede parecer descabellado, pero no está tan lejos. Los científicos ya están buscando biomarcadores que puedan medirse en la sangre para determinar el horario del reloj interno.


