El ecosistema de las criptomonedas avanza hacia un futuro más limpio y verde.
La mayor parte de la energía utilizada para minar criptomonedas ya proviene de fuentes renovables.
En lugar de perjudicar al planeta, las criptomonedas y la cadena de bloques pueden ser realmente una fuerza en beneficio del medio ambiente.
Al igual que con el acalorado debate sobre el Bitcoin y su huella de carbono, no han faltado los debates sobre las criptomonedas y la energía que consumen.
Pero este vaivén en torno al impacto medioambiental de las criptomonedas pasa por alto un punto evidente. Es importante reconocer que las criptomonedas todavía se encuentran en sus primeras etapas, no muy distintas de la situación de internet en 2002. Todo el sector está atravesando su momento Amazon. La primera década de este experimento con criptomonedas ha crecido muy por encima de las expectativas más optimistas. Al mismo tiempo, ha permitido a quienes formamos parte del sector identificar qué funciona y qué no.
Por ejemplo, los algoritmos de consenso de prueba de trabajo (los problemas matemáticos que deben resolver los mineros de Bitcoin), que impulsan la red de Bitcoin, sí requieren mucha energía. Pero lo que oculta estos argumentos sobre el impacto ambiental del Bitcoin es que el ecosistema cripto en general se encuentra en pleno proceso de cambio hacia un futuro más limpio, más verde y más sostenible que dará lugar a emisiones de carbono significativamente menores.
Así lo demuestra el lanzamiento de Ethereum 2.0 y el paso de un consenso de prueba de trabajo (PoW, por sus siglas en inglés) a un modelo de prueba de participación (PoS). PoW se refiere al sistema descentralizado que impulsa la red de Bitcoin, un modelo que requiere enormes cantidades de energía para validar transacciones y acuñar nuevos tokens. Pero PoS permite a los mineros minar y validar transacciones de bloques en función de la cantidad de monedas que poseen.
Dado que PoS exige requisitos de hardware significativamente menores que PoW, la energía necesaria para facilitar transacciones seguras seguirá disminuyendo en el futuro. Algunos modelos de previsión indican que el modelo PoS de Ethereum 2.0 será un 99% más eficiente energéticamente que los modelos PoW.
Ya estamos viendo los resultados de lo que cabe esperar de PoS, con la red de Ethereum consumiendo casi 100 Twh menos que la red de Bitcoin. Ethereum no es el único que participa en esta revolución del consenso: blockchains de nueva generación en auge, como Cardano, Polkadot, EOS y Cosmos, implementan cada una sus propias versiones de PoS.
Pero incluso si dejamos de lado estos avances y nos centramos exclusivamente en la afirmación de que las criptomonedas son una amenaza para el planeta, es importante distinguir las fuentes de energía que utilizan los mineros de criptomonedas, con datos que indican que la mayor parte de la electricidad utilizada en la minería de criptomonedas procede de fuentes renovables.
Investigación de la Universidad de Cambridge muestra que la proporción renovable de estos grupos de minería energética llega a alcanzar el 78%. Aunque existen excepciones según la región del mundo en la que se centre el análisis, la energía hidroeléctrica, en particular, está surgiendo rápidamente como la fuente de energía de facto para las operaciones de minería de criptomonedas.
Otro factor a tener en cuenta es que los mineros de criptomonedas utilizan cada vez más el excedente de electricidad que, de otro modo, se desperdiciaría. La aparición de granjas de minería de criptomonedas ha absorbido la capacidad adicional y ha evitado el desperdicio de energía renovable no utilizada.
También es importante señalar que el sistema financiero internacional tradicional requiere significativamente más energía que la red de Bitcoin. Todas las partes dispares que componen el conjunto de la red bancaria mundial —centros de datos bancarios, centros de datos de redes de tarjetas, cajeros automáticos y sucursales bancarias— consumen mucha energía. De hecho, el sector financiero tradicional financia algunos de los proyectos más perjudiciales para el medio ambiente del planeta.
Si lo que buscamos es una fuerza ecológicamente destructiva, deberíamos centrarnos en la minería del oro. Al fin y al cabo, se trata de un sector industrial muy dependiente de los combustibles fósiles. Incluso el principal brazo de presión del sector, el World Gold Council, ha reconocido la enorme huella de carbono del metal, y ha señalado en un informe reciente que las emisiones del sector deben reducirse un 80% en los próximos 30 años para cumplir los objetivos del Acuerdo de París sobre el clima.
Así pues, si reconocemos que las finanzas tradicionales y la minería representan una proporción de emisiones de gases de efecto invernadero significativamente mayor que las criptomonedas, la pregunta que deberíamos plantearnos es cómo las criptomonedas y la cadena de bloques pueden liderar el camino y convertirse en una fuerza positiva y transformadora para el sector energético, reduciendo los costes operativos y abriendo una nueva ventana de transparencia.
Los casos de uso no son difíciles de encontrar. Ya se han desplegado proyectos de cadena de bloques en diversos ámbitos, desde la distribución mayorista de electricidad y el comercio de energía entre pares hasta la gestión de datos eléctricos y el comercio de materias primas.
Un ámbito especialmente propicio para la disrupción es la cadena de suministro mundial, en particular la del sector energético. En medio de esta transición entre los combustibles fósiles contaminantes y un futuro limpio y renovable, deberíamos buscar formas de mitigar y agilizar los procesos implicados en la extracción y el transporte de energía. La cadena de bloques nos ofrece una plataforma que proporciona velocidad y eficiencia en tiempo real, sin olvidar la trazabilidad y la transparencia.
Lo estamos viendo en el mundo real. El gran conglomerado siderúrgico indio Tata Steel se está asociando con HSBC para experimentar con contratos inteligentes en la cadena de bloques, exportando materias primas a todo el mundo y reduciendo los plazos de liquidación de contratos de semanas a días. Imagine toda la energía que se ahorra en el proceso.
Mientras tanto, el Carbon Utility Token (CUT) es un ejemplo de una creciente clase de activos ecológicos diseñados en gran medida para ayudar a las empresas a gestionar sus derechos de emisión de carbono. La venta de cada token CUT se destina a inversiones en programas de captura y compensación de carbono, lo que representa un paso tangible hacia la neutralidad de carbono en el ecosistema cripto. A medida que cada vez más empresas empiezan a incorporar el Bitcoin y otras criptomonedas a sus balances, es positivo saber que CUT ofrece una vía para compensar por completo la huella de carbono asociada a cada moneda.
Aunque sin duda existen retos por delante, las criptomonedas y la cadena de bloques tienen el potencial de llevarnos hacia un planeta mucho más verde, y el debate sobre las criptomonedas y la energía nos estimula a acelerar nuestra transición hacia fuentes de energía limpias, a la vez que nos proporciona las herramientas para hacerlo.


