Es un hecho difícil de aceptar, pero tus amigos y compañeros de trabajo te mienten con regularidad. El verdadero desafío está en cómo respondes cuando descubres a alguien en el acto.
Aunque la mayoría de las personas miente mucho —según los estudios, aproximadamente dos o tres veces durante una conversación de diez minutos—, no las descubres tan a menudo como podrías pensar. Investigadores de la Universidad de California analizaron los resultados de 253 estudios y descubrieron que solo detectamos cerca de la mitad de las mentiras que nos dicen (el 53 %, para ser exactos). En otras palabras, tenemos aproximadamente las mismas probabilidades de identificar una mentira que de ganar al lanzar una moneda.
Lo alarmante es que a quienes reciben formación para detectar engaños —jueces, agentes de aduanas, agentes del orden e incluso agentes de la CIA— no les va mucho mejor. Solo detectan una mentira aproximadamente el 60 % de las veces.
Cuando descubres que alguien te está mintiendo, suele tratarse de una mentira tremenda. Son mentiras tan insultantes para quien las recibe que cuesta pensar con claridad. En esos momentos, quieres mantener una conversación constructiva sin dejar que el mentiroso se salga con la suya, algo difícil de lograr.
¿Y qué pasa cuando tienes la persistente sensación de que te están mintiendo, pero no estás seguro y no quieres parecer paranoico o acusador? Aunque el exceso de escepticismo nunca es saludable, un poco puede ser muy beneficioso, sobre todo porque se nos da tan mal reconocer las mentiras.
La pregunta siempre acaba siendo: ¿qué haces ante una mentira? Si crees que alguien te está mintiendo, ¿se lo haces saber? ¿Se lo cuentas a otra persona? ¿O simplemente haces la vista gorda para evitar problemas?
En realidad, hay varias cosas que puedes hacer, y la opción correcta, o la combinación adecuada, depende de la situación.
Primero, asegúrate de entender las reglas. Antes de decidir qué medidas tomar, consulta el manual del empleado y ten en cuenta los antecedentes recientes de situaciones similares. Si vas a confrontar a alguien, necesitas saber en qué te estás metiendo tú y en qué metes al mentiroso. Averigua la gravedad de las consecuencias de mentir y asegúrate de seguir el protocolo adecuado para abordar el asunto; de lo contrario, todo podría volverse en tu contra.
Opción n.º 1: No hacer nada. A nadie le gusta que le mientan, y la reacción natural es confrontar al mentiroso, pero no siempre es lo más sensato, sobre todo en el trabajo. Antes de hacer nada, pregúntate: «¿Qué está en juego además de mi ego?». Sopesa cuidadosamente los pros y los contras antes de actuar. Piensa quién, si es que alguien, debería saber de la mentira y qué consecuencias tiene para la empresa. A veces, la animadversión que evitas al guardar silencio vale más que la satisfacción de denunciarlo. Otras veces, la mentira es tan grave que la gente debe saberlo.
Opción n.º 2: Desviar la atención con humor. Algunas mentiras son demasiado grandes como para ignorarlas por completo, pero demasiado pequeñas como para hacer un escándalo. En esos casos, siempre puedes tomártelo a broma. Los comentarios desenfadados que reconocen la mentira suelen funcionar. Ya sea «Oye, creo que acabo de ver cómo te crecía un poco la nariz» o «Debería revisar la graduación de mis gafas. Cuando miré la tarjeta de puntuación, decía que hiciste 112 golpes», esta estrategia le da al mentiroso la oportunidad de admitir su error sin temor a represalias. La clave para que funcione es dar a entender que la otra persona estaba bromeando o exagerando intencionadamente y que nunca esperó que la creyeran.
Opción n.º 3: Hacerte el despistado. Otra forma de permitir que alguien salve las apariencias —especialmente adecuada en situaciones de grupo— es hacerte el despistado. Finge que de repente has sufrido un lapsus de memoria o que estás confundido con los hechos. Haz muchas preguntas de seguimiento. Cuantos más detalles pidas, más probable será que salga a la luz la verdad. Al prolongar la conversación, le das al mentiroso la oportunidad de admitir que «se expresó mal» y corregirse sin que lo tachen de mentiroso.
Opción n.º 4: Confrontarlo. Cuando no hacer nada no sea una buena opción, siempre puedes confrontar al mentiroso. Solo tienes que pensar bien cuál es la mejor manera de hacerlo; arremeter contra esa persona impulsivamente nunca es sensato. Puedes optar por hablar con el mentiroso en privado o con otras personas afectadas por la mentira. En cualquier caso, es importante que tengas pruebas que respalden tu afirmación, o podrían acusarte a ti de mentir. Asegúrate de ser sincero y directo con la persona que mintió. No acudas a otras personas para hablar de la mentira si sabes que es mejor resolverla en privado entre tú y el mentiroso.
Muchas veces, denunciar una mentira es lo correcto, tanto desde el punto de vista ético como práctico. A veces, no denunciar una mentira puede costarte el empleo. Sin embargo, hay algunas cosas que debes considerar antes de dar ese paso. Primero, cuestiona tus motivos. ¿Piensas contarle a alguien lo de la mentira porque te preocupa que pueda perjudicar a otro empleado o a la empresa, o simplemente estás enfadado? Si es lo segundo, corres el riesgo de parecer mezquino; si es lo primero, cíñete a los hechos. No plantees hipótesis sobre por qué esa persona podría estar mintiendo, porque eso no sería más que una suposición tuya. Limítate a lo que dijo la persona, a cuál es la verdad y a las pruebas que hayas reunido.
No es opcional: Protégete. Tanto si decides señalar una mentira como si la dejas pasar, cuando sabes que estás tratando con un mentiroso es fundamental que tomes medidas para protegerte. Una forma de hacerlo es pedir a un testigo que dé fe de lo que dijo el mentiroso. Si no es posible, comunícate con esa persona por correo electrónico o mensaje de texto, ya que ambos medios dejan constancia escrita. Sin embargo, si se trata de un mentiroso especialmente astuto, no aceptará dejar nada por escrito. En ese caso, documenta la conversación tú mismo: quién, qué, cuándo, dónde, etc., y remata enviando a tu compañero mentiroso un correo electrónico que resuma la conversación. No es tan bueno como tener pruebas con las palabras de la otra persona, pero al menos podrás argumentar que tu compañero tuvo la oportunidad de corregirte.
En resumen
Algunas personas mienten de vez en cuando para quedar bien o protegerse. Otras son profesionales. Llevan haciéndolo durante toda su carrera, se les da bien y han aprendido a evitar que las descubran. Por eso no hay una única solución que funcione en todas las situaciones. Lo mejor es considerar cuidadosamente tus opciones y sopesar los pros y los contras de cada curso de acción.


