Del vínculo social al bienestar personal: por qué es importante abrazarse

a man embraces his elderly mother at a care home
As restrictions ease in much of the UK, many people are keen to hug again.Image: REUTERS/Hannah McKay
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  • Abrazarse es una acción humana universal que resulta importante para crear y mantener los vínculos sociales.

  • Para muchos, las medidas de distanciamiento social han supuesto la ausencia de abrazos durante los últimos 12 meses.

  • La reciente flexibilización de las restricciones por COVID-19 en el Reino Unido ha permitido que los ciudadanos vuelvan a abrazar legalmente a personas que no forman parte de su hogar o de su burbuja de apoyo.

  • Los abrazos tienen un efecto relajante y calmante, que puede beneficiar nuestra salud, escriben dos académicos.

  • Se ha comprobado que abrazarse mejora el sueño, reduce el estrés y aumenta el bienestar, e incluso podría ayudar a combatir las infecciones.

Para muchas personas, lo que más han echado de menos durante la pandemia es poder abrazar a sus seres queridos. De hecho, no fue hasta que perdimos la capacidad de abrazar a amigos y familiares cuando muchos se dieron cuenta de lo importante que es el tacto para numerosos aspectos de nuestra salud – incluida nuestra salud mental.

Pero ahora que se están desplegando los programas de vacunación y las restricciones empiezan a relajarse en gran parte del Reino Unido, muchas personas tendrán ganas de volver a abrazarse. Y la buena noticia es que los abrazos no solo nos hacen sentir bien, sino que también tienen numerosos beneficios para la salud.

La razón por la que los abrazos nos hacen sentir tan bien tiene que ver con nuestro sentido del tacto. Es un sentido extremadamente importante, que nos permite no solo explorar físicamente el mundo que nos rodea, sino también comunicarnos con los demás creando y manteniendo los vínculos sociales.

El tacto consta de dos sistemas distintos. El primero es el «tacto rápido», un sistema de nervios que nos permite detectar el contacto de forma inmediata (por ejemplo, si una mosca se posa en tu nariz o tocas algo caliente). El segundo sistema es el «tacto lento». Se trata de un conjunto de nervios descubierto recientemente, denominados aferentes c-táctiles, que procesan el significado emocional del tacto.

Estos aferentes c-táctiles han evolucionado esencialmente para convertirse en «nervios de los mimos» y suelen activarse con un tipo de estímulo muy específico: un contacto suave a la temperatura de la piel, como el propio de un abrazo o una caricia. Consideramos que los aferentes c-táctiles son la etapa de entrada neuronal que transmite los aspectos gratificantes y placenteros de las interacciones táctiles sociales, como abrazarse y tocarse.

El tacto es el primer sentido que empieza a funcionar en el útero (alrededor de la semana 14). Desde el momento en que nacemos, la suave caricia de una madre tiene múltiples beneficios para la salud, como reducir la frecuencia cardíaca y favorecer el crecimiento de conexiones entre las células cerebrales.

Cuando alguien nos abraza, la estimulación de los aferentes c-táctiles de nuestra piel envía señales, a través de la médula espinal, a las redes cerebrales de procesamiento emocional. Esto desencadena una cascada de señales neuroquímicas que han demostrado tener beneficios para la salud. Algunos de los neuroquímicos incluyen la hormona oxitocina, que desempeña un papel importante en el vínculo social, ralentiza la frecuencia cardíaca y reduce los niveles de estrés y ansiedad. La liberación de endorfinas en las vías de recompensa del cerebro favorece la sensación inmediata de placer y bienestar que se deriva de un abrazo o una caricia.

Abrazarse tiene un efecto tan relajante y calmante que también beneficia nuestra salud de otras maneras.

Mejora nuestro sueño: Desde los beneficios de dormir junto a los bebés hasta acurrucarse con la pareja, se sabe que el contacto suave regula el sueño, ya que reduce los niveles de la hormona cortisol. El cortisol es un regulador clave del ciclo sueño-vigilia, pero también aumenta cuando estamos estresados. Por eso no sorprende que los niveles elevados de estrés puedan retrasar el sueño y provocar patrones de sueño fragmentados o insomnio.

Reduce la reactividad al estrés: Más allá de la sensación inmediata de calma y placer que proporciona un abrazo, el contacto social también tiene beneficios a largo plazo para nuestra salud, ya que nos hace menos reactivos al estrés y fortalece nuestra resiliencia.

El contacto afectuoso durante los primeros periodos del desarrollo produce mayores niveles de receptores de oxitocina y menores niveles de cortisol en regiones cerebrales fundamentales para regular las emociones. Los bebés que reciben altos niveles de contacto afectuoso crecen siendo menos reactivos a los factores estresantes y presentan niveles más bajos de ansiedad.

Aumenta el bienestar y el placer: A lo largo de la vida, el contacto social nos une y ayuda a mantener nuestras relaciones. Como se ha señalado, esto se debe a que libera endorfinas, lo que hace que percibamos los abrazos y el contacto como gratificantes. El tacto proporciona el «pegamento» que nos mantiene unidos y sustenta nuestro bienestar físico y emocional.

Y cuando el contacto es deseado, los beneficios los comparten ambas personas en el intercambio. De hecho, incluso acariciar a tu mascota puede tener beneficios para la salud y el bienestar, ya que aumentan los niveles de oxitocina tanto en la mascota como en el dueño.

Puede ayudarnos a combatir las infecciones: Mediante la regulación de nuestras hormonas, entre ellas la oxitocina y el cortisol, tocar y abrazar también puede afectar a la respuesta inmunitaria del organismo. Mientras que los niveles elevados de estrés y ansiedad pueden reducir nuestra capacidad para combatir las infecciones, las relaciones cercanas y de apoyo benefician la salud y el bienestar.

Las investigaciones incluso sugieren que acurrucarse en la cama podría protegernos del resfriado común. Al monitorizar la frecuencia con la que se abrazaban más de 400 adultos que después fueron expuestos a un virus del resfriado común, los investigadores comprobaron que los «abrazadores» tenían, sin lugar a dudas, menos probabilidades de resfriarse. Y, aunque se resfriaran, sus síntomas eran menos graves.

Desahogarse con un abrazo

Aunque es importante que sigamos protegiéndonos, es igual de importante que no renunciemos a los abrazos para siempre. Se sabe que el aislamiento social y la soledad aumentan las probabilidades de muerte prematura – y quizá las investigaciones futuras deberían estudiar si es la falta de abrazos o de contacto social lo que puede estar provocando esto. El tacto es un instinto beneficioso en todos los sentidos para nuestra salud mental y física – por lo que deberíamos celebrar su regreso.

Por supuesto, no todo el mundo anhela un abrazo. Por eso, quienes no lo deseen no deben preocuparse por perderse los beneficios de los abrazos, ya que también se ha demostrado que abrazarse a uno mismo ayuda a regular los procesos emocionales y a reducir el estrés.

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