Los robots terrestres han registrado un aumento de uso con el crecimiento de las entregas de última milla durante la COVID-19.
Para aprovechar realmente estas tecnologías, y mantener seguras las vías, los reguladores deberán cerrar las lagunas de gobernanza existentes.
La pandemia de COVID-19 ha impulsado un crecimiento constante de las entregas de última milla. De hecho, en los últimos 12 meses, la entrega se ha convertido en una aplicación tan atractiva de las tecnologías de conducción automatizada, muchas empresas han pasado de desarrollar soluciones para el transporte autónomo de pasajeros a vehículos y robots de reparto.
El rápido cambio hacia nuevas tecnologías revela un nuevo desafío. Las normas de seguridad vial y las leyes de tráfico están orientadas a vehículos conducidos por personas. En consecuencia, es posible que los responsables políticos constaten que los robots terrestres, o Dispositivos Personales de Entrega (PDD, por sus siglas en inglés), se encuentran en una laguna de gobernanza. Muchos de estos PDD están diseñados para circular por espacios utilizados por peatones, o pueden utilizar parcialmente la calzada, por lo que puede no estar claro si deberían estar sujetos a la normativa de vehículos.
Esto genera un problema, ya que muchas empresas se apresuran a desarrollar robots terrestres automatizados o teledirigidos. Sin términos de clasificación claros, los gobiernos pueden no saber con certeza dónde puede operar con seguridad un nuevo dispositivo en el espacio público. Esto podría provocar que pequeños dispositivos de entrega saturen las calles urbanas de circulación rápida, o expongan a los peatones al riesgo de vehículos rápidos y pesados en zonas peatonales.
Para cerrar esta brecha, será importante definir términos claros para estos vehículos, de modo que los responsables políticos puedan diferenciar claramente entre vehículos y no vehículos. Con estas definiciones establecidas, un regulador podrá decidir si una nueva clase de dispositivo de entrega debe cumplir las mismas normas que otros vehículos de carretera, o si puede operar con seguridad en zonas diseñadas para peatones.
Además, una estructura regulatoria clara también puede acelerar el avance tecnológico, ya que se proporciona a los proveedores de tecnología un conjunto claro de casos de uso y entornos de conducción en los que pueden operar.
El desafío
La forma en que se regulan los PDD y los vehículos automatizados viene determinada en última instancia por el lugar donde están destinados a operar. A medida que los responsables políticos empiezan a plantearse cómo deben permitir o gestionar los robots terrestres, los términos claros para clasificar y categorizar los PDD por separado de los vehículos son esenciales para crear un marco normativo coherente. El espacio público es inherentemente compartido, y cualquier uso comercial del mismo debe considerarse cuidadosamente para garantizar que sea un beneficio neto y esté en armonía con la ciudadanía.
Este uso del espacio público supone una disyuntiva, y una que ya genera tensiones con el creciente sector de la entrega de última milla. Un estudio reciente de la Universidad George Mason y Mobility Lab sobre vehículos de reparto en Arlington, Virginia, reveló que el 73 % de los vehículos de reparto se detendría en lugares no autorizados, obstruyendo carriles bici, hidrantes contra incendios y pasos de peatones. Si bien la introducción de PDD podría ayudar a reducir tales infracciones y aliviar la congestión, los responsables políticos también deben considerar el impacto de introducir estos dispositivos en los espacios peatonales.
Orientación necesaria
Para abordar este problema, el Foro Económico Mundial ha desarrollado una taxonomía para segmentar por separado los vehículos y los PDD, y proponer subcategorías de cada uno que se ajusten a las convenciones existentes en las leyes de tráfico viario.
Esta taxonomía, desarrollada con la ayuda de la comunidad de nuestro proyecto Safe Drive Initiative, define dos categorías de primer nivel:
Vehículos de entrega automatizados. Estos vehículos de carretera cuentan con sensores y software que les permiten realizar una tarea de conducción dinámica sin intervención. Estos vehículos circulan por las vías públicas y transportan mercancías, pero no pasajeros.
Dispositivos personales de entrega. Estos robots terrestres han sido diseñados específicamente para la entrega de mercancías. No hacen un uso completo de la vía pública.
Además, en esta taxonomía, proponemos un enfoque para crear subcategorías de PDD según su perfil de riesgo, en función de su velocidad y peso. Al igual que con otros vehículos, el lugar donde se despliegan y la velocidad a la que circulan tendrán un impacto directo en el riesgo que estos vehículos representan para los peatones y otros usuarios de la vía.
Cambios por venir
Esperamos que los PDD aumenten en diversidad y usos a medida que la tecnología mejore y los modelos de negocio se demuestren viables. Por ello, se espera que la taxonomía y sus subcategorías se amplíen y sigan el ritmo de este sector en crecimiento.
A medida que las definiciones se profundicen y amplíen, será más fácil para los responsables políticos y las comunidades establecer mejores prácticas, normas y leyes adicionales que se adapten a sus necesidades.
Por supuesto, el cambio no llegará de la noche a la mañana; la política de transporte, especialmente en su intersección con la planificación urbana, y la reconsideración del impacto de cambiar el uso del espacio público, crea una compleja serie de disyuntivas, al considerar los beneficios de estas nuevas soluciones de entrega junto con los costes para el público con el que comparten espacio.
Aun así, para empezar a equilibrar el riesgo y los beneficios potenciales de estas nuevas tecnologías, los términos y categorías claros para estos robots y vehículos son un primer paso esencial. Con la pandemia de COVID-19 en curso, que sigue consolidando un cambio en la demanda de los consumidores de nuevas soluciones y servicios de entrega, los responsables políticos deben actuar con rapidez para garantizar que las soluciones desarrolladas e implementadas representen un beneficio neto para su ciudadanía.
Para saber más sobre nuestra taxonomía propuesta y aportar sus ideas, descargue aquí nuestro documento de la comunidad y póngase en contacto directamente con nosotros.


