El Gobierno federal alemán adoptará nuevas directrices para los coches autónomos en el país, que darán prioridad al valor y la igualdad de la vida humana frente a los daños a la propiedad o a los animales.
Estas directrices, presentadas el 23 de agosto por un comité de ética sobre conducción automatizada, subrayan que los coches autónomos deben causar el menor daño posible si se encuentran en una situación en la que atropellar a una persona es inevitable, y que no pueden discriminar por edad, género, raza, discapacidad ni ningún otro factor observable. En otras palabras, todos los coches autónomos deben estar programados para entender que la vida humana tiene el mismo valor.
Esta cuestión de a quién debería matar un vehículo cuando se encuentra en una situación en la que cualquier desenlace acabaría en muerte suele denominarse «dilema del tranvía.» Es un debate ético que lleva más de 60 años: los especialistas en ética se plantean mutuamente preguntas sobre si es excusable matar a dos personas mayores para salvar a un niño, o salvar a una mujer embarazada matando a un hombre y a un niño, y así sucesivamente. Incluso el MIT creó un juego para poner a prueba la propia predisposición ética ante esa situación.
Las normas alemanas dejan de lado la multitud de argumentos que pueden surgir al sopesar la posibilidad de acabar con una vida en vez de otra en función de las circunstancias de nacimiento. Un coche autónomo en Alemania elegiría atropellar a la persona que, según determine, resultaría menos herida, sin importar su edad, raza o género. Sin embargo, aún no está claro cómo determinaría el coche el daño que causaría.
En cualquier caso, el país espera que la tecnología genere un beneficio neto; el comité de ética afirmó que un sistema de vehículos robotizados reduciría en todo el país los accidentes causados por personas y, por tanto, es éticamente necesario.
Aplicar estas normas antes de que los coches totalmente autónomos circulen por las carreteras sitúa a Alemania por delante del resto del mundo, especialmente de EE. UU. Aunque el Congreso de EE. UU. confía en que se puedan acordar directrices bipartidistas en un futuro próximo (sin un calendario definido), estados como California y Nevada ya han empezado a redactar sus propias normas, lo que prepara el terreno para un mosaico regulatorio confuso.


