¿Bloqueará el RGPD la cadena de bloques?

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Como alguien que ha trabajado durante 20 años en políticas de datos y protección de datos, me dedico a leer políticas de privacidad. Me fijo cuando recibo algún que otro correo electrónico que me informa de que un sitio web está actualizando su política de privacidad o sus condiciones del servicio. Últimamente, ese goteo se ha convertido en un torrente en mi bandeja de entrada. Todos tienen algo en común: la fecha de entrada en vigor, el 25 de mayo de 2018, día en que comienza a aplicarse el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de la Unión Europea.

El RGPD es una normativa unificada sobre privacidad que armoniza en gran medida los diversos y dispares marcos jurídicos que abarcan a más de quinientos millones de interesados europeos, o, como prefiero llamarlos, personas. El RGPD reconoce a las personas derechos expresamente definidos sobre sus datos, de modo que la frase «tú eres dueño de tus datos» tenga sentido.

Estos derechos están consagrados en la legislación europea, pero hacerlos efectivos no ha sido sencillo. La tarea se complica aún más porque la tecnología suele cambiar rápidamente. Es bien sabido que a menudo la tecnología se adelanta a los marcos regulatorios vigentes, y deja a legisladores y reguladores intentando ponerse al día. Pensemos en el ejemplo de la cadena de bloques.

La cadena de bloques existe como concepto desde 2008, pero solo recientemente ha irrumpido en la conciencia pública gracias a las valoraciones de criptomonedas como Bitcoin. Muchos tecnólogos creen que será más transformadora que la propia internet.

Se prevé que el mercado mundial de la tecnología de cadena de bloques alcance los 2.300 millones de dólares estadounidenses para 2021

Sin embargo, aunque muchas personas equiparan la cadena de bloques con Bitcoin y las criptomonedas, no son lo mismo. «La cadena de bloques es un registro de transacciones protegido criptográficamente que se crea sin una autoridad central», explica Sheila Warren, responsable de cadena de bloques del Foro Económico Mundial.

Los datos de la cadena de bloques no se pueden borrar. Entonces, ¿serán ilegales sus aplicaciones?

Como la cadena de bloques se basa en un sistema de registros distribuidos, descentralizado e inmutable, está concebida para ser un registro permanente y a prueba de manipulaciones que queda fuera del control de cualquier autoridad de gobierno. Eso es lo que la convierte en una tecnología tan atractiva y útil. Pero, como los datos almacenados en la cadena de bloques, incluidos los datos personales, no se pueden borrar, no hay forma de ejercer el derecho de supresión que el RGPD concede a las personas. La cadena de bloques no está diseñada para ser compatible con el RGPD. O, mejor dicho, tal como está redactado hoy, el RGPD no es compatible con la cadena de bloques.

Mientras los responsables políticos europeos debatían y ultimaban aspectos del RGPD, la cadena de bloques no estaba en el radar de la mayoría. Este es otro ejemplo de una regulación que aborda un problema mirando por el retrovisor, en lugar de mirar el camino que tiene por delante. Así funciona la mayoría de las regulaciones tradicionales, y esto ilustra la rapidez con que la tecnología cambia de rumbo, pivota y se transforma, a un ritmo muy superior al previsto para las leyes y regulaciones. En este caso, mientras esperamos a que las normas se pongan al día, debemos preguntarnos si las aplicaciones de cadena de bloques ya existentes que almacenan datos personales pasan a ser ilegales en Europa hasta que se resuelva esta cuestión.

Las políticas deben ser tan flexibles como la tecnología

La regulación gubernamental tiene un papel fundamental en la creación de mecanismos de rendición de cuentas, la garantía de un uso responsable de los datos y la provisión de mecanismos de cumplimiento para sancionar a quienes actúan de mala fe. No estoy argumentando en contra de la regulación ni del RGPD. En cambio, defiendo un enfoque colaborativo y por capas para la formulación de políticas. Necesitamos marcos de gobernanza flexibles ante el futuro que nos permitan aprovechar los beneficios de los datos y la tecnología y, al mismo tiempo, minimizar los daños. Decirlo es mucho más fácil que hacerlo.

Si nuestro objetivo colectivo es garantizar un futuro en el que curemos el cáncer durante nuestra vida gracias a una mejor investigación médica, mejoremos la infraestructura y la prestación de servicios en ciudades conectadas, aumentemos el rendimiento de los cultivos para alimentar a más personas, comprendamos y predigamos mejor los fenómenos meteorológicos extremos, creemos identidades digitales duraderas para las personas refugiadas y para quienes carecen de documentos que acrediten su existencia, y proporcionemos ayuda inmediata en caso de desastre durante una crisis, entonces tendremos que utilizar los datos más que nunca para hacer realidad estos beneficios.

Los gobiernos deben colaborar con la sociedad civil, el mundo académico y el sector privado para desarrollar políticas conjuntamente mediante un proceso tan dinámico como la tecnología. Es necesario replantear a quienes formulan las políticas y los procesos regulatorios que utilizan para que sean tan ágiles como la tecnología que pretenden regular, y así contribuir a crear el futuro que todos queremos ver.

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