A pesar de los claros beneficios económicos de las nuevas tecnologías digitales, el lento crecimiento del salario mediano ha llevado a muchos a temer que estas tecnologías no estén beneficiando al trabajador promedio.
Dos economistas desarrollan un nuevo modelo de automatización global y cambio tecnológico para estudiar las consecuencias a largo plazo de estas tendencias.
Concluyen que la automatización puede impulsar la producción y el crecimiento, pero que sus beneficios no se distribuyen por igual entre las regiones ni dentro de ellas.
En los países desarrollados, una política fiscal bien diseñada, como la renta básica universal, puede hacer que las nuevas tecnologías beneficien a todos los grupos de edad y niveles de cualificación.
Aunque las nuevas tecnologías digitales reciben cada vez más atención, el lento crecimiento del salario mediano ha llevado a muchos a temer que no estén beneficiando al trabajador promedio. Si bien las nuevas tecnologías digitales y robóticas ofrecen ventajas evidentes, un conjunto emergente de fenómenos macroeconómicos está alimentando nuevas inquietudes sobre la automatización y el cambio tecnológico sesgado en favor de las cualificaciones (SBTC, por sus siglas en inglés). En el mundo desarrollado, una proporción cada vez menor de los ingresos se destina al trabajo, lo que favorece a los propietarios del capital frente a los trabajadores (Karabarbounis y Neiman, 2014). Al mismo tiempo, los ingresos laborales también se han vuelto más desiguales (Milanovic y Roemer, 2016). Ambos fenómenos parecen deberse al cambio tecnológico: la automatización ha permitido a las empresas sustituir a los trabajadores que realizan tareas rutinarias por capital (Autor et al., 2020; Gentile et al., 2020; Dao et al., 2019; Acemoglu y Restrepo, 2020), y las tecnologías digitales han creado mercados en los que «el ganador se lo lleva todo», favoreciendo de manera desproporcionada a los trabajadores y las empresas «superestrella» (Autor et al., 2020; Kaplan y Rauh, 2013; Benzell y Brynjolfsson, 2019).
Aunque las pruebas indican que las inquietudes sobre la tecnología son reales, se conocen menos las consecuencias a largo plazo de estas tendencias. Por ello, en nuestro nuevo artículo de investigación (Benzell et al., 2021), desarrollamos un modelo de equilibrio general computable de última generación y gran escala sobre la automatización global y el cambio tecnológico sesgado en favor de las cualificaciones. El modelo abarca 17 regiones (Estados Unidos, China, Rusia, Europa occidental, África subsahariana, etc.) que incluyen más de 150 países; en cada uno hay tres grupos de cualificación y 101 generaciones superpuestas en cada año. En cada región, las empresas contratan trabajadores, alquilan capital y deciden si utilizan tecnologías nuevas (sesgadas en favor del capital y de las cualificaciones altas) o tecnologías heredadas. Nuestro modelo está estrechamente calibrado con datos del mundo real; el efecto marginal de las nuevas tecnologías se basa en Acemoglu et al. (2020). Consideramos varios escenarios tecnológicos, incluido uno «de referencia», en el que las nuevas tecnologías que modifican la participación de los factores se inventan a un ritmo acorde con los cambios en la participación de los insumos en Estados Unidos después de 1980. Con este modelo, pronosticamos las consecuencias de la futura automatización y del cambio tecnológico sesgado en favor de las cualificaciones para los trabajadores de distintas regiones, grupos de cualificación y edades. También evaluamos posibles respuestas políticas a la automatización.
Es importante empezar por reconocer los beneficios de la automatización. Las nuevas tecnologías pueden impulsar la producción y el crecimiento. Según nuestro modelo, la automatización aumentará el PIB de los países que adopten la tecnología automatizadora, así como el del mundo en su conjunto. Si la automatización continúa al ritmo histórico, el PIB de Estados Unidos aumentará alrededor de un 5% en 2050 (frente a un escenario sin nuevas tecnologías de automatización que modifiquen la participación de los factores). Europa occidental y Japón, con sus salarios altos, una elevada intensidad de uso del capital y poblaciones envejecidas, también se benefician de manera desproporcionada. Aunque modelos estilizados han mostrado que la automatización podría reducir el crecimiento mundial al redistribuir recursos de los jóvenes ahorradores a los mayores gastadores y, con ello, reducir la inversión (Benzell et al., 2015), nuestro modelo indica que esta posibilidad no es especialmente probable.
Figura 1 Variación porcentual del PIB con la automatización de referencia respecto al escenario «sin automatización»
Los países no se benefician por igual. Las tecnologías de automatización perjudican a las regiones que deciden no adoptarlas. En consonancia con las predicciones estilizadas de Zeira (1998), los países más desarrollados adoptan las nuevas tecnologías y son los que más se benefician de ellas. Esto se debe a que estas regiones tienen los salarios más altos para los trabajadores poco cualificados, la mayor proporción de trabajadores altamente cualificados y suelen aplicar impuestos corporativos más bajos. En los países donde la mano de obra poco cualificada es barata y el capital es relativamente caro, automatizar tiene poco sentido. Estos países en desarrollo quedan en peor situación, ya que el escaso capital se desvía hacia países ricos que automatizan. México es el país más perjudicado. En nuestro escenario de automatización de referencia, y en comparación con la ausencia de automatización, el PIB de México será un 3.6% menor en 2050. Esto se debe a que su stock de capital será un 9.2% menor en 2050, pues la inversión se desviará a Estados Unidos y otras regiones desarrolladas.
Figura 2 Elección de la función de producción por región
Por tanto, pronosticamos que las nuevas tecnologías que modifican la participación de los factores agravarán la desigualdad entre regiones. Sin embargo, quizá su efecto más importante sea el aumento de la desigualdad dentro de las regiones. Constatamos que estas tecnologías empeoran la situación de los trabajadores poco cualificados (el tercio inferior de ingresos, que representa entre el 60% y el 80% de la población, según la región) en la mayoría de los países, mientras benefician enormemente a los altamente cualificados (el tercio superior de ingresos, que representa entre el 2% y el 15% de la población). Aunque se prevé que la automatización aumente el PIB mundial, en 2050 el adulto promedio que vive en el mundo estará aproximadamente un 1% peor. Solo en Japón —con su alta proporción de trabajadores altamente cualificados, su población muy envejecida y un sistema fiscal altamente redistributivo— todos los grupos de cualificación nacidos después de 2027 estarán mejor en el escenario de referencia que en el escenario sin automatización. Sin embargo, como muestra la Figura 3, a muy largo plazo el crecimiento económico derivado de la automatización compensa parcialmente la desigualdad que esta genera.
Figura 3Porcentaje de la población adulta cuya situación mejora en términos de bienestar a lo largo de la vida, respecto a la ausencia de automatización
¿Cómo pueden los países afrontar estos desafíos? Evaluamos dos políticas: una para los países desarrollados que adoptan las tecnologías y otra para las regiones menos desarrolladas que no las adoptan. Tomando Estados Unidos como ejemplo, mostramos cómo una renta básica universal (RBU), financiada mediante una combinación de deuda e impuestos progresivos sobre la renta, puede hacer que la automatización beneficie a todos los grupos de cualificación y edades. El costo fiscal máximo de financiar la renta básica universal alcanza el 5.1% del PIB. El programa pagaría, en dólares de 2017, $250 al mes en 2025 y $650 al mes en 2050. Esta política reduce el PIB de Estados Unidos un 2.5% frente a la automatización de referencia sin una RBU, pero lo mantiene por encima del nivel que se alcanzaría si se prohibieran por completo las nuevas tecnologías de automatización en todo el mundo. En términos de bienestar, los trabajadores jóvenes poco cualificados mejoran su situación aproximadamente un 10%, por lo que les resulta indiferente la automatización con RBU o sin automatización. Los trabajadores con cualificación media y alta se ven perjudicados por los mayores impuestos del programa, pero aun así están mucho mejor con la automatización y la RBU.
Figura 4 Bienestar relativo durante el resto de la vida, por grupo de cualificación y cohorte de nacimiento
Para los países que no adoptan la automatización de forma endógena, consideramos una política de industrialización forzosa; es decir, un mandato gubernamental que obliga a las empresas a utilizar la tecnología de vanguardia. En India —donde la rentabilidad de la tecnología automatizadora está en el límite—, pero en ninguna otra región que no automatiza, esta política aumenta el PIB hasta un 1.5%. Este aumento se debe a la relocalización de capital y al incremento de la oferta laboral por parte de trabajadores poco y medianamente cualificados que han caído en la miseria. Sin embargo, la automatización sigue siendo ineficiente en India y, si se retira la política, las empresas vuelven de inmediato a la tecnología heredada. Imponer la automatización reduce significativamente el bienestar del trabajador indio promedio, que trabaja más horas por salarios más bajos. Aun así, la política podría resultar atractiva para los trabajadores altamente cualificados, que ejercen una influencia política desproporcionada, y para un sector de seguridad nacional interesado en aumentar el poder económico.
Hasta donde sabemos, nuestro modelo es el primer modelo global de automatización a gran escala, multirregional y de generaciones superpuestas (OLG, por sus siglas en inglés). Con este modelo, recogemos y cuantificamos las principales implicaciones macroeconómicas de los modelos fundamentales del cambio tecnológico. Concluimos que la automatización tiene un efecto moderado en la producción regional y un efecto pequeño en las tasas de interés, pero un impacto importante en la desigualdad entre regiones y dentro de ellas. Evaluamos posibles respuestas políticas a las tecnologías automatizadoras y mostramos que una renta básica universal (RBU) bien diseñada puede mejorar el bienestar gracias a la automatización para todos los trabajadores de Estados Unidos, independientemente de su cualificación o edad.






